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Zelaya agradece condena de Unasur a golpistas
  22.07.2009 Actualizado a las 07:42:44
 

     SANTIAGO, 21 jul (Xinhua) -- El depuesto presidente de Honduras,  Manuel Zelaya, agradeció hoy la condena de Chile y la Unión de  Naciones Suramericanas (Unasur) a los golpistas que lo derrocaron el  28 de junio. 

     En declaraciones a una radio chilena, Zelaya dijo que agradecía  el llamado de Bachelet como presidenta de la Unión de Naciones  Suramericanas (Unasur) para que sea restituido como presidente de  Honduras. 

     "Chile ha sido uno de los países con su presidenta y todas las  demás organizaciones más definido en la condena a este golpe, no  reconocer sus autoridades y pedir inmediata restitución del sistema  democrático hondureño", expresó Zelaya. 

     Reiteró que insistirá en su interés de vivir y ejercer el mando  en Honduras porque no hacerlo "es como renunciar al derecho a la  vida y a la justicia, eso es irrenunciable" y apuntó que los  golpistas "están llenos de soberbia, de deseos del poder, de  avaricia". 

     El lunes, Bachelet subrayó: "Quisiera reiterar nuestro urgente  llamado al restablecimiento del orden legal y democrático en  Honduras". 

     Bachelet dijo que había conversado con el presidente  costarricense Oscar Arias, quien actúa como mediador entre las  partes en conflcito en Honduras, y con el secretario general de  Organización de los Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza. 

     Las conversaciones entre las delegaciones que representaban a  Zelaya y al gobierno de facto fracasaron el domingo por la postura  intransigente de los golpistas de no aceptar la reinstalación del  depuesto mandatario. 

     Bachelet recordó que se han cumplido tres semanas del golpe de  estado en Honduras y deseó que el nuevo plazo de 72 horas de Arias  permita que las negociaciones concluyan en una solución consensuada  y pacífica a la crisis en ese país. 

     También destacó "la buena disposición" de Zelaya, "quien ha dado  las garantías necesarias para lograr una solución que evite la  violencia y la confrontación". 

     La jefa de estado y presidenta temporal de la Unión de naciones  Sudamericanas (Unasur) lamentó que "el gobierno de facto no haya  mostrado la misma disposición y voluntad de cooperar. 

     Bachelet precisó que "el pueblo de Honduras no puede seguir  viviendo una situación de esta naturaleza, con incertidumbre, con  ilegalidad, pagando también el precio del aislamiento internacional".   

     En otras declaraciones, Zelaya ha dicho que en su país "la guerra  civil ya comenzó", y que está decidido a regresar mañana miércoles a  Honduras, vaticinando que su "entrada en Tegucigalpa va a ser  apoteósica". 

     El derrocamiento de Zelaya suscitó la cancelación de créditos a  Honduras por parte de la Unión Europea, el Banco Interamericano de  Desarrollo (BID), el Banco Mundial y otras instituciones de  financiamiento internacional. 

     La presidenta de Unasur, la mandataria chilena Michelle Bachelet,  destacó que "hay que evitar que se desate la violencia ante la falta  de una solución política". 

     Reiteró Bachelet que la comunidad internacional no va a aceptar  ninguna otra alternativa que no sea el restablecimiento del estado  de derecho y la restauración de la democracia en Honduras. 

     Expresó su disposición a seguir colaborando "con toda nuestra  fuerza en las gestiones para lograr una normalización democrática de  Honduras, que a nuestro juicio, en estas 72 horas, son claves para  que puedan reencauzarse por la vía pacífica, constitucional y  democrática". 

     Reiteró como presidenta de Unasur y de Chile su total respaldo a  Arias y a la OEA, con la esperanza de que "pueda haber un espacio de  recapacitación y reflexión, para lograr un acuerdo que Honduras y la  región necesita". 

     La cumbre de gobernantes o jefes de estado de los 12 países de la  Unasur se efectuará el 10 y 11 de agosto en Quito, Ecuador, con  posibilidad de que el derrocamiento de Zelaya sea uno de los temas. 

     Como presidenta de Unasur, Bachelet afrontó con eficacia la  crisis de 2008 en Bolivia, donde un conflicto entre el presidente  Evo Morales y un movimiento separatista devino en una matanza de  indígenas.