TEGUCIGALPA, 19 jul (Xinhua) -- El fracaso anunciado
este domingo de las negociaciones para superar la crisis política en
Honduras amplió la tensión en el país centroamericano tras el golpe
de Estado del 28 de junio.
Mientras que el presidente depuesto Manuel Zelaya
afirmó desde Nicaragua que nadie puede impedir su retorno al país, el
gobierno interino de Roberto Micheletti ha respondido que su regreso "no"
es negociable.
El diálogo se estancó en el principal punto de la
propuesta del mediador en el conflicto, el presidente costarricense y
premio Nobel de la Paz Oscar Arias, quien planteó el regreso al poder
del mandatario destituido para que termine su mandato que estaba
programado para el próximo 27 de enero.
La delegación que representó al gobierno interino de
Micheletti sostuvo en todo momento su posición sobre el regreso de Zelaya,
diciendo que sería arrestado a su retorno a Honduras luego de su
intento de violar la Constitución al organizar el referendo de la
"cuarta urna" que buscaba habilitar la reelección.
En las próximas horas la resistencia hondureña en
contra del golpe de Estado, ha manifestado a través de Radio Globo,
radiodifusora que apoya al gobierno de Zelaya, que anunciarán
medidas "fuertes" para presionar al gobierno de facto que tiene a
Micheletti como presidente.
Por su parte, trabajadores simpatizantes de Zelaya
planean una huelga para el jueves y viernes que involucraría a todos los
sectores productivos y el de la educación.
El paro de los sectores productivos y del magisterio
pretende afectar los intereses de los empresarios a quienes el depuesto
presidente Manuel Zelaya acusó de promover su destitución a
través del golpe de Estado.
La crisis en Honduras cumplió este domingo tres
semanas luego de que militares, con el apoyo de la Corte Suprema y el
Congreso, llevaron a punta de pistola a Manuel Zelaya a Costa Rica.
Las propuestas del diálogo fracasado planteaban
principalmente restituir a Zelaya hasta el término de su mandato a fines
de enero, formar un Gobierno de coalición, adelantar comicios, declarar
amnistía para los delitos políticos y la renuncia del depuesto
mandatario a hacer un referendo, entre otros puntos.
A todos los puntos propuestos, Zelaya aceptó como
una forma de diálogo, afirmó Arístides Mejía, delegado de Zelaya para
negociar, mientras que los representantes de Micheletti avalaban casi todos
los puntos, pero rotundamente dijeron "no" al primero.
"Quieren la restitución del presidente Zelaya sin
ningún tipo de negociación", dijo el portavoz de Micheletti, Mario
Saldaña, al mismo tiempo que afirmó que la propuesta por el Premio Nobel
Arias no es viable.
Al mismo tiempo que medios hondureños transmitían la
disolución del diálogo y el fracaso de las negociaciones, la expectativa
de algunos miembros de la sociedad del país centroamericano
expresaron su preocupación por el paso del tiempo y una falta de
solución.
"Ya estamos cansados, ya no queremos violencia,
queremos dejar esto atrás, si tienen que arreglar sus cosas que las
arreglen nosotros estamos en medio, yo sólo sé que si no trabajo no como,
no quiero más violencia y parece que esto no ayuda", dijo Jensin
Cabrera, una madre de familia entrevistada en las calles de
Tegucigalpa.
"Esto es apoyado por las élites, no vamos a
permitirlo, no pueden sacar a Mel así, él tiene que regresar y ahora nos
toca al pueblo meterlo como sea", apuntó por su parte Wilson Hernández,
un partidario del gobierno de Zelaya.
La tensión ante el plazo de 72 horas que pidió el
presidente de Costa Rica, Oscar Arias, para buscar soluciones a la crisis
hondureña parece que no cambiará el panorama de la crisis
política.
El fracaso de las negociaciones en Costa
Rica dividió las opiniones de los hondureños en torno a la efectividad de
ese mecanismo para poner fin al conflicto y dio comienzo a una
cuenta regresiva para resolver la crisis, aumentando con ello la presión
de la comunidad internacional.