RIO DE JANEIRO, 19 jul (Xinhua) -- Los frecuentes
escándalos que involucran a diversos políticos brasileños no tienen la
fuerza suficiente para hacerlos cambiar de métodos, ni siquiera para
modificar sus discursos.
Esta semana el senador por Río de Janeiro, Paulo
Duque, electo presidente del Consejo de Etica del Senado, no tuvo empacho
en afirmar que le importa poco la opinión pública.
Duque, un oscuro segundo suplente que llegó al
Senado gracias a la elección del titular como gobernador de Río de Janeiro
y porque el primer suplente prefirió ocupar una secretaría, se mostró
despreocupado con la prensa.
"No temo que me exijan nada. Quien forma la opinión
pública es la prensa, pero ustedes pueden ver que los grandes diarios se
están acabando", dijo el senador, electo para el cargo de mayor peso moral
en el cuerpo legislativo al que pertenece.
La elección de Duque fue producto de la influencia
del presidente del Senado, José Sarney, quien será juzgado por el Consejo
de Etica en relación a varias acusaciones que suponen rupturas del "decoro
parlamentario", que es función del consejo defender.
Acribillado con acusaciones de todo tipo, Sarney
también eligió a la prensa como chivo expiatorio, al acusarla de llevar a
cabo una campaña personal en su contra y de olvidar los problemas del
Senado para ocuparse de su vida privada y de su familia.
La reclamación del veterano senador tiene relación
con el papel que su hijo Fernando Sarney ha desempeñado en los medios de
comunicación, después de ser investigado por la Policía Federal y
acusado de varios crímenes contra el patrimonio público.
Pese a tantos contratiempos, el presidente del
Senado y sus aliados confían en que el período de receso parlamentario,
que durará hasta agosto, permitirá que se olviden de las
acusaciones.
Cuando el Senado vuelva a funcionar normalmente,
tendrá entre manos la Comisión Parlamentaria Investigadora (CPI) de la
empresa semiestatal Petrobras, que promete poner sobre la mesa
irregularidades que harán olvidar los "pecadillos" de Sarney.
Así, el senador y los suyos no parecen demasiado
preocupados con lo que pueda ocurrir en el Consejo de Etica, y cuentan con
el presidente del órgano para minimizar las investigaciones que por
ventura puedan ser aprobadas.
La postura del gobierno y del presidente brasileño
Luiz Inácio Lula da Silva también es de tranquilidad al respecto.
Algunos aliados de Lula, como el diputado socialista
Ciro Gomes, eventual precandidato a la presidencia, han considerado
necesario hacer eco de las denuncias contra las graves irregularidades
cometidas en el Senado, sobre todo ante públicos más sensibles, como
los estudiantes.
"Este Senado, que avergüenza a la opinión pública
brasileña, planta entre los jóvenes la sensación de que la política es un
cubil de pillos, bandidos y ladrones impunes", dijo Gomes.
El diputado del gobernante Partido Socialista
Brasileño, evitó sin embargo referirse a la posición del presidente Lula,
quien ha hecho pública su solidaridad con el Senado, con su presidente y
sus más notorios aliados, como el senador por el estado de Alagoas,
Renán Calheiros.
Este último fue públicamente elogiado por el
mandatario brasileño durante una visita a Alagoas, debió renunciar a la
presidencia del Senado cuando se comprobó que pagó la pensión de un hijo
natural con fondos de una empresa contratada por el gobierno.
Mientras políticos como Ciro Gomes creen conveniente
hacer algunas concesiones a la "moral pública", otros aliados del gobierno
no tienen igual cuidado, confiados que están en la tradicional mala
memoria de los electores.
El diputado por Rio Grande del Sur, Sergio Moraes,
del Partido Laborista Brasileño, también aliado al gobierno, que integra
el Consejo de Etica de la Cámara de Diputados, no se limitó a votar a
favor de su colega Edmar Moreira, acusado de graves irregularidades.
Moraes tuvo la discutible honestidad de afirmar que
"le importaba un bledo la opinión pública" y que, pese a una serie de
acusaciones que se han hecho contra él, siempre es reelecto con excelentes
votaciones.
Su voto, naturalmente, fue acompañado por la
mayoría de los integrantes del Consejo de Etica de la Cámara, que absolvió de
toda culpa al colega acusado de presentar notas falsas para
justificar gastos con dinero público.