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Desestiman políticos de Brasil consecuencias por escándalos
  20.07.2009 Actualizado a las 09:49:10
 

     RIO DE JANEIRO, 19 jul (Xinhua) -- Los frecuentes escándalos que  involucran a diversos políticos brasileños no tienen la fuerza  suficiente para hacerlos cambiar de métodos, ni siquiera para  modificar sus discursos. 

     Esta semana el senador por Río de Janeiro, Paulo Duque, electo  presidente del Consejo de Etica del Senado, no tuvo empacho en  afirmar que le importa poco la opinión pública. 

     Duque, un oscuro segundo suplente que llegó al Senado gracias a  la elección del titular como gobernador de Río de Janeiro y porque  el primer suplente prefirió ocupar una secretaría, se mostró  despreocupado con la prensa. 

     "No temo que me exijan nada. Quien forma la opinión pública es la  prensa, pero ustedes pueden ver que los grandes diarios se están  acabando", dijo el senador, electo para el cargo de mayor peso moral  en el cuerpo legislativo al que pertenece. 

     La elección de Duque fue producto de la influencia del presidente  del Senado, José Sarney, quien será juzgado por el Consejo de Etica  en relación a varias acusaciones que suponen rupturas del "decoro  parlamentario", que es función del consejo defender. 

     Acribillado con acusaciones de todo tipo, Sarney también eligió a  la prensa como chivo expiatorio, al acusarla de llevar a cabo una  campaña personal en su contra y de olvidar los problemas del Senado  para ocuparse de su vida privada y de su familia. 

     La reclamación del veterano senador tiene relación con el papel  que su hijo Fernando Sarney ha desempeñado en los medios de  comunicación, después de ser investigado por la Policía Federal y  acusado de varios crímenes contra el patrimonio público. 

     Pese a tantos contratiempos, el presidente del Senado y sus  aliados confían en que el período de receso parlamentario, que  durará hasta agosto, permitirá que se olviden de las acusaciones. 

     Cuando el Senado vuelva a funcionar normalmente, tendrá entre  manos la Comisión Parlamentaria Investigadora (CPI) de la empresa  semiestatal Petrobras, que promete poner sobre la mesa  irregularidades que harán olvidar los "pecadillos" de Sarney. 

     Así, el senador y los suyos no parecen demasiado preocupados con  lo que pueda ocurrir en el Consejo de Etica, y cuentan con el  presidente del órgano para minimizar las investigaciones que por  ventura puedan ser aprobadas. 

     La postura del gobierno y del presidente brasileño Luiz Inácio  Lula da Silva también es de tranquilidad al respecto. 

     Algunos aliados de Lula, como el diputado socialista Ciro Gomes,  eventual precandidato a la presidencia, han considerado necesario  hacer eco de las denuncias contra las graves irregularidades  cometidas en el Senado, sobre todo ante públicos más sensibles, como  los estudiantes. 

     "Este Senado, que avergüenza a la opinión pública brasileña,  planta entre los jóvenes la sensación de que la política es un cubil  de pillos, bandidos y ladrones impunes", dijo Gomes. 

     El diputado del gobernante Partido Socialista Brasileño, evitó  sin embargo referirse a la posición del presidente Lula, quien ha  hecho pública su solidaridad con el Senado, con su presidente y sus  más notorios aliados, como el senador por el estado de Alagoas,  Renán Calheiros. 

     Este último fue públicamente elogiado por el mandatario brasileño  durante una visita a Alagoas, debió renunciar a la presidencia del  Senado cuando se comprobó que pagó la pensión de un hijo natural con  fondos de una empresa contratada por el gobierno. 

     Mientras políticos como Ciro Gomes creen conveniente hacer  algunas concesiones a la "moral pública", otros aliados del gobierno  no tienen igual cuidado, confiados que están en la tradicional mala  memoria de los electores. 

     El diputado por Rio Grande del Sur, Sergio Moraes, del Partido  Laborista Brasileño, también aliado al gobierno, que integra el  Consejo de Etica de la Cámara de Diputados, no se limitó a votar a  favor de su colega Edmar Moreira, acusado de graves irregularidades. 

     Moraes tuvo la discutible honestidad de afirmar que "le importaba  un bledo la opinión pública" y que, pese a una serie de acusaciones  que se han hecho contra él, siempre es reelecto con excelentes  votaciones. 

     Su voto, naturalmente, fue acompañado por la mayoría de los  integrantes del Consejo de Etica de la Cámara, que absolvió de toda  culpa al colega acusado de presentar notas falsas para justificar  gastos con dinero público.