RIO DE JANEIRO, 16 jul (Xinhua) -- Un grupo de
investigadores brasileños descubrió que el safrol, una sustancia grasa que
puede ser extraída de algunas plantas, tiene potencial para combatir la
leishmania, el protozoo que transmite la leishmaniosis.
El anuncio fue hecho hoy por el profesor Eliezer
Barreiro, investigador de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ)
durante uno de los debates de la 61 Reunión Anual de la Sociedad
Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC).
Según Barreiro, las pruebas en laboratorio indicaron
que el safrol puede inhibir la leishmania, por lo que podría usado para
desarrollar una medicina para el tratamiento de la leishmaniosis.
El safrol es un líquido generalmente extraído de la
raíz del sassafras en forma de aceite de sassafras, un aceite esencial muy
utilizado por la industria de cosméticos y aromáticos, aunque
también puede ser sintetizado en laboratorio.
"El safrol es un benceno natural que era muy
extraído en Santa Catarina(estado del sur de Brasil) de la canela de
sassafras. La ganancia generada por esa actividad hizo con que la especie
fuera sobre explotada y prácticamente extinta en Brasil", explicó el
investigador.
"Pero descubrimos que el safrol también está
presente en la pimienta larga ("Piper hispidinervum"), una especie
arbustiva común en la Amazonía,casi en la misma concentración que en el
aceite de sassafras. Y este arbusto es mucho más fácil de manejar",
explicó Barreiro.
Los investigadores que trabajan con la sustancia ya
llegaron hasta las pruebas de la fase pre-clínica, los últimos antes de la
experimentación en seres humanos, y hasta ahora han logrado
resultados satisfactorios.
"Son resultados bastante prometedores"; asegura
Barreiro.
Los estudios, sin embargo, se han concentrado hasta
ahora en la manifestación cutánea de la enfermedad, que también puede
expresarse en forma visceral.
"El problema es que es muy difícil cultivar la
Leishmania en animales de laboratorio", explica el investigador.
El objetivo de los científicos es desarrollar una
medicina para el tratamiento de la leishmaniosis que no sea tan agresiva
ni tóxica como las actualmente usadas.
La leishmania utiliza como vector los mosquitos de
género Lutzomyia en su transmisión al hombre.
Se calcula que unas 12 millones de personas
sufren la enfermedad.