LA HABANA, 15 jul (Xinhua) -- Luego de una
interrupción de cinco años y medio, los gobiernos de Cuba y Estados Unidos
reanudaron las Conversaciones Migratorias, cuyos resultados "fructíferos"
confirman que ambas partes pueden dialogar a pesar de sus históricas
diferencias políticas.
El encuentro, vigésimoprimero que celebran ambas
partes sobre migración, se efectuó la víspera en la sede de las Naciones
Unidas en la ciudad de Nueva York.
La delegación cubana estuvo presidida por el
viceministro de Relaciones Exteriores, Dagoberto Rodríguez, y la
delegación de Estados Unidos fue encabezada por el subsecretario asistente
principal para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de
Estado, Craig Kelly.
Durante las pláticas, La Habana ratificó su
"compromiso inequívoco" con los acuerdos migratorios firmados por los dos
países en 1994 y 1995.
También presentó una propuesta de nuevo acuerdo, con
el objetivo de garantizar una emigración "legal, segura y ordenada" entre
las dos naciones y cooperar "de forma más efectiva" en el enfrentamiento
del tráfico ilícito de personas.
Washington, por su parte, pidió facilidades para que
sus diplomáticos en la isla supervisen la repatriación de aquellos
cubanos interceptados en el Estrecho de la Florida mientras intentan
emigrar de manera ilegal.
Para Rodríguez, fue "una sesión de trabajo
fructífera que valida la utilidad del mecanismo de estas rondas para
evaluar la marcha de los acuerdos migratorios".
Según el portavoz norteamericano Ian Kelly, "Estados
Unidos ve estas conversaciones como una forma de lograr resultados
prácticos y positivos y contribuir a la total implementación de los
acuerdos y la seguridad de nuestros ciudadanos".
Estas rondas de pláticas fueron suspendidas en enero
de 2004 por el entonces presidente norteamericano George W. Bush, con el
argumento de que Cuba se negaba a abordar un conjunto de temas
supuestamente importantes para el logro de un flujo migratorio
ordenado, legal y seguro entre ambas naciones.
Las autoridades cubanas denunciaron entonces que la
verdadera razón era satisfacer, en plena campaña electoral, a los grupos
ultraderechistas de anticubanos radicados en Miami, interesados en
estimular la política de hostilidad hacia la ínsula y en dar al
traste con los Acuerdos Migratorios.
En esos acuerdos, Estados Unidos se comprometió a
entregar unas 20.000 visas anuales y repatriar a los inmigrantes
interceptados en alta mar, y Cuba a no tomar represalias contra los
retornados por los guardacostas norteamericanos.
"Cuba cumple de manera rigurosa su compromiso con la
letra y el espíritu de los acuerdos migratorios", señaló la delegación
cubana en un comunicado.
El gobierno cubano ha reiterado que la Casa Blanca,
sin embargo, estimula las salidas ilegales y el contrabando de personas
con la Ley de Ajuste Cubano (1966), que facilita la obtención de
residencia, ciudadanía estadounidense, permiso de trabajo y subvenciones
económicas a los nacionales de la isla que lleguen por cualquier vía
al país norteño.
A esto se suma la política de "pies secos-pies
mojados", que consiste en admitir a los cubanos que logren pisar
territorio estadounidense y repatriar a los que son interceptados en alta
mar.
Para Cuba, estos son los principales obstáculos para
un flujo migratorio "ordenado, legal y seguro" entre ambas naciones, que
desde el triunfo de la Revolución cubana en 1959 mantienen una
enconada batalla política-ideológica.
Con la llegada del demócrata Barack Obama a la Casa
Blanca, en enero último, y en consecuencia con su política de "cambios",
Washington anuló en abril las restricciones a los viajes y el envío
de remesas de los cubanos-estadounidenses a sus familiares en la
isla.
En abril pasado, siete congresistas estadounidenses
visitaron Cuba y dialogaron con el presidente cubano, Raúl Castro, durante
cuatro horas y media.
A su regreso al Capitolio, la legisladora Barbara
Lee, jefa del grupo, afirmó que es posible transitar hacia el principio
del fin del distanciamiento bilateral.
"Es hora de buscar un nuevo camino (...), es hora de
iniciar un diálogo con Cuba", dijo Lee, al tiempo que subrayó que "los
cubanos quieren un diálogo, quieren hablar y quieren relaciones normales
con Estados Unidos y creo que para Estados Unidos eso también es lo
mejor".
Castro, de 78 años y al frente de la isla desde
julio de 2006 a raíz de una enfermedad del líder histórico y su hermano
Fidel, reiteró su disposición a discutir sobre cualquier tema con Estados
Unidos, "pero en igualdad de condiciones".
A finales de mayo, ante la propuesta estadounidense
para reanudar las conversaciones sobre migración, Cuba mostró disposición
a hablar también sobre cooperación contra el terrorismo, narcotráfico y la
respuesta a desastres naturales.
El relanzamiento del diálogo migratorio, que
Cuba propuso continuar en diciembre próximo en La Habana, podría ser de
mutua ganancia y allanar el camino hacia otros asuntos que deriven en
un eventual restablecimiento de relaciones diplomáticas, aunque eso
es "harina de otro costal".