MANAGUA, 14 jul (Xinhua) -- El 19 de julio de 1979,
centenares jóvenes armados y jubilosos entraron en Managua para sellar el
triunfo de la Revolución Popular Sandinista y el derrocamiento de la
dictadura militar somocista que gobernó 45 años el país.
Cuando se piensa que han pasado desde entonces tres
décadas, los nicaragüenses comparten irremediablemente con los amantes del
tango y la milonga la frase de "que es un soplo la vida, y que 20 o 30
años, no es nada".
Pero 30 años en la vida de los nicaragüenses ha sido
un largo trajinar en la lucha contra el subdesarrollo, el hambre, la
pobreza, el analfabetismo, en fin, una larga lucha contra esos eternos
rezagos sociales y económicos, que perduran en el país.
Desde julio de 1979, los nicaragüenses han batallado
desde el gobierno a la oposición, por construir consensos nacionales,
ausentes en el país, de hecho, desde la Independencia Nacional de
España, en septiembre de 1821.
El gobierno del dirigente sandinista Daniel Ortega
regresó al poder en enero de 2007, tras ser vencido electoralmente en
abril de 1990.
Luego de 16 años de gobiernos neoliberales, Ortega
proclamó un gobierno de unidad y reconciliación nacional como instrumento
para vencer los disensos y las precariedades que han predominado a lo
largo de la historia nacional.
Para lograr la unidad del país, el gobierno de
Ortega proclama la continuación de proceso revolucionario que emergió
aquel julio de 1979 y que se interrumpió en abril de 1990, con el triunfo
electoral de la conservadora Violeta Chamorro.
Como mandataria, Chamorro impuso al país un gobierno
neoliberal y con ello las políticas de privatización y la reversión de
todos los logros sociales de la revolución sandinista.
Ortega ha propuesto a los nicaragüenses, desde enero
de 2007, la puesta en marcha de una democracia directa, que radique en el
desarrollo de los llamados Consejos del Poder Ciudadanos (CPC).
Ortega pretende que los CPC ejecuten las políticas
públicas de hambre cero, usura cero, calles para el pueblo, casas para el
pueblo y una casa mejor, financiados, en gran medida, con fondos
venezolanos y países europeos.
El emblema del gobierno de Ortega, en la
continuación de su proyecto revolucionario, es el proyecto hambre cero
(fome cero en el Brasil del presidente Luiz Inacio Da Silva) mediante el
cual se pretende dotar de capacidades productivas a unas 75.000 familias
pobres en un periodo de cinco años, unas 15.000 por año.
El programa pretende garantizar la soberanía
alimentaria de los nicaragüenses, cubriendo las necesidades alimentarias
de los sectores más pobres para revertir la tasa de mortalidad por
inanición y los índices de desnutrición entre indígenas y
campesinos.
Dos años y medio después del retorno del sandinismo
al poder, más de 30.000 familias han sido favorecidas con el otorgamiento
de bonos alimentarios por un valor promedio equivalente a 3.000
dólares.
Los bonos proveen a los beneficiados de una vaca y
una cerda gestada, aves de corral, alimentos para animales, abonos,
semillas y árboles frutales y musáceas.
Ortega decretó la salud y la educación gratuitas. La
atención en hospitales se ha incrementado y se redujo la cifra de niños
sin escuela.
En el marco de la Alianza Bolivariana para las
Américas (ALBA), el gobierno de Ortega puso en marcha en mayo de 2007 en
el país, la llamada Operación Milagro, que ha beneficiado con cirugías de
ojos a 50.000 personas en Nicaragua.
La tasa de analfabetismo se redujo de 19 por ciento
en 2007 a 4,1 por ciento en junio con la campaña de alfabetización de
Martía Fidel.
Si el flagelo baja a 4 por ciento este julio, las
autoridades declararán a Nicaragua territorio libre de
analfabetismo.
La lucha por construir un verdadero gobierno de
mayoría, basado en un real consenso nacional, continúa.
Los disensos son muy fuertes, en particular en la
esfera política, donde el gobierno tiene que bregar mucho para garantizar
el respeto a la libertad de expresión, a la libertad de manifestación y
protesta, elegir y ser elegido.
No cabe duda que los nicaragüenses batallan
por encontrar una vida mejor para todos.