SANTIAGO, 14 jul (Xinhua) -- El gobierno de Chile
aspira a que el país ingrese a la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico (OCDE) antes de que finalice el mandato de la
presidenta Michelle Bachelet, el 11 de marzo del año entrante.
De momento, sólo faltan cuatro rubros para que la
OCDE esté en condiciones de aceptar su ingreso: los gobiernos
corporativos, la responsabilidad de las empresas en ciertos delitos
económicos, los convenios sobre información tributaria y la
institucionalidad ambiental, proyectos de ley que se debaten en el
Congreso.
La cancillería y el ministerio de Hacienda son los
encargados de acelerar los trámites para ese objetivo, que colocaría a
Chile entre las 30 naciones consideradas más ricas y desarrolladas del
mundo.
El ministro de Hacienda, Andrés Velasco, ha
reiterado que espera que Chile sea parte de ese bloque a fines de este año
o principios del próximo, lo que implicaría que lleguen fondos de
inversión de los países ricos de Europa o de Estados Unidos, que sólo se
pueden invertir en países que tienen el sello "OCDE".
La entidad, cuyo objetivo es coordinar políticas
económicas y sociales, tiene estándares muy exigentes respecto del
desarrollo financiero, la salud, la educación, el transporte y el comercio
exterior, exigencias técnicas que Chile está intentando cumplir.
Integran la OCDE Australia, Austria, Bélgica,
Canadá, República Checa, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia,
Hungría, Islandia, Irlanda, Italia, Japón, Corea del Sur, Luxemburgo,
México, Holanda, Nueva Zelanda, Noruega, Polonia, Portugal, Eslovaquia,
España, Suecia, Suiza, Turquía, Reino Unido y Estados Unidos.
Con su entrada a la OCDE, el país sudamericano se
convertiría en una privilegiada plaza de negocios y elevaría sus
estándares institucional, legislativo, presupuestario y de transparencia
en las políticas públicas.
El hecho de que sea elegible para participar en esa
institución indica ya el grado de desarrollo relativo que ha alcanzado
Chile y la seriedad de sus políticas económicas y sociales. Estas últimas
han sido el sello del gobierno de Bachelet, quien ha establecido un
"sistema de protección social".
Llegar a ser parte de la comunidad OCDE es un mérito
que el gobierno aspira a tener y, muy especialmente, Hacienda, dado que
muchos de sus departamentos han debido reestructurarse de acuerdo
con las normas internacionales exigidas para entrar a la
organización.
Ingresar al selecto club no sólo tiene un
reconocimiento internacional, sino que acarrea beneficios concretos para
el país integrante. Hay muchas inversiones que no pueden arribar a Chile
porque no es miembro de dicho referente internacional.
Una vez que la OCDE certifica que el país sigue las
normas conocidas y acatadas por las empresas que operan en los países
desarrollados, se abren muchas oportunidades que hacen una enorme
diferencia en las economías locales.
Desde 1997, Chile tiene representación en la
embajada de la OCDE en París. La pertenencia al organismo implicará
obligaciones de una serie de recomendaciones, cuya implementación será
evaluada por la entidad en dos etapas: la primera como leyes y
reglamentos, y la segunda, en su aplicación práctica.
Ser miembro de la OCDE implica producir parámetros
comunes en la generación de datos que miden las políticas públicas de los
países, pero también códigos idénticos en el desempeño privado.
Para ello, Chile ha debido perfeccionar
los indicadores de democracia, gobernabilidad y estabilidad
económica. Asimismo, ha realizado ajustes en materias tributarias, medio
ambientales, de información pública, entre otras, para responder al desafío de
estar en el "club de los ricos".