L'AQUILA, Italia, 10 jul (Xinhua) -- La cumbre del
Grupo de los Ocho (G-8) países industrializados concluyó hoy logrando
avances positivos pero no sobresalientes en asuntos como cambio climático,
comercio mundial, seguridad alimentaria y la cooperación Sur-Norte.
El progreso está lejos de ser suficiente para
satisfacer las necesidades de los problemas mundiales apremiantes o de
cubrir las expectativas de la comunidad internacional.
Las naciones desarrolladas ni establecieron una meta
de mediano plazo sobre reducción de emisiones de los gases productores del
efecto invernadero ni lograron progreso en las conversaciones de la
Ronda de Doha, incluida la negociación sobre subsidios agrícolas,
durante su encuentro en L'Aquila, Italia.
Así que queda una pregunta: ¿Cómo desempeña la
cumbre del G-8 el papel del grupo para resolver los problemas del
mundo?
Para responder esta pregunta se requiere que el
grupo enfrente el hecho de que el patrón mundial con respecto a las
potencias políticas y económicas está cambiando. También necesita escuchar
más voces de las naciones en desarrollo e intensificar su comunicación y
cooperación con esas naciones.
En particular, los estados del G-8 deben abordar los
problemas mundiales de acuerdo con las necesidades del mundo y buscar un
equilibrio entre los intereses de las naciones desarrolladas y en
desarrollo.
De otra forma, al grupo se le dificultará conseguir
el reconocimiento mundial a sus posiciones sobre asuntos mundiales y
elevar su capacidad para solucionar los problemas.
El G-8 siempre ha estado bajo los reflectores desde
que fue fundado en 1975. Su predecesor, el Grupo de los Siete, había
dominado durante mucho tiempo la economía mundial antes de la década
de los 90 y tenía una voz importante en los asuntos políticos y de
seguridad mundiales.
Sin embargo, en los años recientes, los países del
G-8 parecen tener más dificultades para manejar los problemas mundiales,
tales como la crisis económica y financiera, los incrementos de precios
del petróleo y alimentos, cambio climático, los asuntos nucleares de
la Península Coreana y de Irán, y la situación en Afganistán.
El surgimiento de las economías emergentes y la
globalización puede ser atribuida a la decreciente influencia del
grupo.
Por lo tanto, el G-8, conocido como un "club de los
ricos", ya no puede tomar decisiones sobre asuntos mundiales sin tomar en
cuenta a otros países, especialmente a las naciones en desarrollo.
La turbulenta situación destaca los llamados de
reforma desde el interior y desde el exterior del G-8.
El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, ha pedido
reformas al decir que "el G-8 necesita adaptarse al Siglo XXI".
El secretario británico de Relaciones Exteriores,
David Miliband, también expresó puntos de vista similares. Pero Japón,
Estados Unidos y Canadá no han mostrado ningún interés en la
reforma.
A pesar de las diferencias entre los estados
miembros, la reforma es algo que necesita el G-8 para el desarrollo
futuro.
Los líderes de los principales países en desarrollo
han sido invitados en los años recientes a reuniones de diálogo con los
líderes del G-8.
La cumbre del G-8 en 2007 en Heiligendamm, Alemania,
dio comienzo a un proceso de cooperación ampliado con los cinco
principales países en desarrollo (G-5) --Brasil, China, la India, México y
Sudáfrica--.
Al ver la efectividad del Proceso Heiligendamm, los
líderes de la reunión de diálogo G-8+G-5 de este año, decidieron continuar
su asociación en los dos años próximos y transformarlo en el Proceso
Heiligendamm-L'Aquila.
La decisión fue un avance para la reforma del G-8.
Pero con el fin de fortalecer su papel en los asuntos internacionales, el
G-8 debe mejorar la cooperación con las naciones en desarrollo y con las
organizaciones internacionales.
Con ested fin, el G-8 debe respetar completamente
la postura de los países en desarrollo y tomar en cuenta sus intereses.
Los problemas del mundo no pueden resolverse a menos que los
principales países desarrollados y en desarrollo se reúnan y tengan una
voz igual.