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¿Cómo desempeña la cumbre del G-8 el papel del grupo para resolver los problemas del mundo?
  11.07.2009 Actualizado a las 09:31:59
 

     L'AQUILA, Italia, 10 jul (Xinhua) -- La cumbre del Grupo de los  Ocho (G-8) países industrializados concluyó hoy logrando avances  positivos pero no sobresalientes en asuntos como cambio climático,  comercio mundial, seguridad alimentaria y la cooperación Sur-Norte. 

     El progreso está lejos de ser suficiente para satisfacer las  necesidades de los problemas mundiales apremiantes o de cubrir las  expectativas de la comunidad internacional. 

     Las naciones desarrolladas ni establecieron una meta de mediano  plazo sobre reducción de emisiones de los gases productores del  efecto invernadero ni lograron progreso en las conversaciones de la  Ronda de Doha, incluida la negociación sobre subsidios agrícolas,  durante su encuentro en L'Aquila, Italia. 

     Así que queda una pregunta: ¿Cómo desempeña la cumbre del G-8 el  papel del grupo para resolver los problemas del mundo? 

     Para responder esta pregunta se requiere que el grupo enfrente el  hecho de que el patrón mundial con respecto a las potencias  políticas y económicas está cambiando. También necesita escuchar más  voces de las naciones en desarrollo e intensificar su comunicación y  cooperación con esas naciones. 

     En particular, los estados del G-8 deben abordar los problemas  mundiales de acuerdo con las necesidades del mundo y buscar un  equilibrio entre los intereses de las naciones desarrolladas y en  desarrollo. 

     De otra forma, al grupo se le dificultará conseguir el  reconocimiento mundial a sus posiciones sobre asuntos mundiales y  elevar su capacidad para solucionar los problemas. 

     El G-8 siempre ha estado bajo los reflectores desde que fue  fundado en 1975. Su predecesor, el Grupo de los Siete, había  dominado durante mucho tiempo la economía mundial antes de la década  de los 90 y tenía una voz importante en los asuntos políticos y de  seguridad mundiales.  

     Sin embargo, en los años recientes, los países del G-8 parecen  tener más dificultades para manejar los problemas mundiales, tales  como la crisis económica y financiera, los incrementos de precios  del petróleo y alimentos, cambio climático, los asuntos nucleares de  la Península Coreana y de Irán, y la situación en Afganistán. 

     El surgimiento de las economías emergentes y la globalización  puede ser atribuida a la decreciente influencia del grupo. 

     Por lo tanto, el G-8, conocido como un "club de los ricos", ya no  puede tomar decisiones sobre asuntos mundiales sin tomar en cuenta  a otros países, especialmente a las naciones en desarrollo. 

     La turbulenta situación destaca los llamados de reforma desde el  interior y desde el exterior del G-8. 

     El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, ha pedido reformas al  decir que "el G-8 necesita adaptarse al Siglo XXI". 

     El secretario británico de Relaciones Exteriores, David Miliband,  también expresó puntos de vista similares. Pero Japón, Estados  Unidos y Canadá no han mostrado ningún interés en la reforma. 

     A pesar de las diferencias entre los estados miembros, la reforma  es algo que necesita el G-8 para el desarrollo futuro. 

     Los líderes de los principales países en desarrollo han sido  invitados en los años recientes a reuniones de diálogo con los  líderes del G-8. 

     La cumbre del G-8 en 2007 en Heiligendamm, Alemania, dio comienzo  a un proceso de cooperación ampliado con los cinco principales  países en desarrollo (G-5) --Brasil, China, la India, México y  Sudáfrica--. 

     Al ver la efectividad del Proceso Heiligendamm, los líderes de la  reunión de diálogo G-8+G-5 de este año, decidieron continuar su  asociación en los dos años próximos y transformarlo en el Proceso  Heiligendamm-L'Aquila. 

     La decisión fue un avance para la reforma del G-8. Pero con el  fin de fortalecer su papel en los asuntos internacionales, el G-8  debe mejorar la cooperación con las naciones en desarrollo y con las  organizaciones internacionales. 

     Con ested fin, el G-8 debe respetar completamente la postura de  los países en desarrollo y tomar en cuenta sus intereses. Los  problemas del mundo no pueden resolverse a menos que los principales  países desarrollados y en desarrollo se reúnan y tengan una voz  igual.