SAN JOSE, 9 Jul (Xinhua) -- La mediación ejercida
por el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, en el caso hondureño
transcurrió hoy entre incertidumbre y extensos diálogos con las
partes involucradas, sin que se vislumbre una solución al conflicto.
Desde cerca de las 11 de la mañana (hora local), el
mandatario costarricense recibió en su casa de habitación, en la ciudad de
San José, al presidente derrocado de Honduras, Manuel Zelaya, en una
cita que se extendió por alrededor de una hora.
Al cierre del encuentro, Zelaya se trasladó a un
hotel capitalino, no sin antes ofrecer unas breves declaraciones en las
que agradeció al dirigente costarricense el haber escuchado su posición y
la de otros sectores de gremiales y civiles de su país.
Mientras Arias sostenía conversaciones con el líder
extranjero llegaba a suelo al país el presidente de facto, Roberto
Micheletti, quien se negó a abandonar el aeropuerto internacional Juan
Santamaría hasta tener garantías que resgurdaran su seguridad.
Ante el temor de Micheletti respecto a ser arrestado
o asesinado, el ministro y hermano del presidente Oscar Arias, Rodrigo
Arias, acompañó en el mismo auto al dirigente durante su traslado por las
calles costarricense.
Micheletti inició un espacio de conversación con el
presidente Arias a una de la tarde, que se extendió durante cerca de tres
horas, periodo en que unos 100 estudiantes universitarios protagonizaron
manifestaciones pacíficas en las afueras del recinto.
Al concluir el encuentro, Micheletti agradeció a
Costa Rica la mediación en esta crisis y dejó instalada una comisión de
trabajo para negociar el fin a la crisis, antes de dirigirse al aeropuerto
Juan Santamaría para abandonar el país a las 4:30 de la tarde.
Tras los encuentros de los líderes han dado inicio
las negociaciones entre las comisiones designadas por Zelaya y
Micheletti, las cuales interactúan en compañía del presidente Arias
y sus ministros de la Presidencia, de Relaciones Exteriores y
Justicia.
Tal como se previó desde las primeras horas de
la tarde, la cita ejecutada en Costa Rica no logró consolidar una
reunión "cara a cara" entre el actual mandatario de Honduras y el
presidente derrocado.