Por Olman Manzano
TEGUCIGALPA, 8 jul (Xinhua) -- Como si se saliera de
una intensa tormenta, la sociedad hondureña toma uncorto respiro en la
crisis política que la azota desde el 28 de junio, cuando militares a
punta de fusiles depusieron al presidente Manuel Zelaya.
Por primera vez en 10 días se da una tregua entre
los grupos simpatizantes y antagónicos a Zelaya, quienes apenas salieron a
las calles a protestar y se registraron breves cortes de carreteras en
algunas regiones.
Los militares y la policía guardaron con cautela sus
armas y el ímpetu por reprimir a los que se "pasan de la raya" y
violentan, según ellos, la institucionalidad, al exigir el retorno del
gobernante derrocado, que para muchos se ha convertido en un héroe.
La cita del jueves en Costa Rica, donde se buscará
la solución al conflicto, alienta las esperanzas de Zelaya y su grupo de
retomar el poder, aunque el presidente de facto, Micheletti, ha sido más
que tajante al decir que a Costa Rica va a "dialogar no a negociar el
retorno de Zelaya al poder".
Esa posición ha tomado fuera de balance a analistas
hondureños, que opinan que lo menos que se quiere es la
confrontación.
Para el prestigioso periodista hondureño y analista
de la cadena CNN, Jacobo Goldstein, lo menos que se debe buscar en este
momento es la confrontación.
"Es importantísimo que no corra más sangre; es vital
que el nombre de Honduras deje de ser mancillado a nivel mundial;
cualquier arreglo al que se llegue siempre que sea honorable y que
beneficie las aspiraciones democráticas de los hondureños será
bienvenido", destaca.
Sobre ese razonamiento, los hondureños esperan que
todo se normalice y regrese la paz a ese empobrecido país, convulsionado
por enfrentamientos entre civiles y militares, con un saldo de un muerto
y decenas de heridos el pasado domingo frente al aeropuerto
Toncontín, en Tegucigalpa.
La semana pasada fue muy agitada, se nombró a un
presidente de facto y su gabinete fue juramentado en su totalidad,
mientras que la remoción del servicio exterior no se hizo esperar.
Por si fuera poco, la OEA suspendió a Honduras de
esa organización, con el unánime rechazo de la comunidad internacional
que no concibe cómo, en pleno siglo XXI, se materializa un golpe de
Estado en Latinoamérica, aunque se quiera disfrazar de legalidad.
En las dos últimas décadas sólo se ha registrado el
golpe en Haití en 1991, y un fallido intento el 11 de abril de 2002 en
Venezuela.
Con todo, el grupo de Zelaya, la mayoría en la
clandestinidad, aún guarda la esperanza de retomar el poder y dar marcha
atrás a los cambios que se han dado en el gobierno de facto desde el
derrocamiento de Zelaya.
Mientras, en el Congreso Nacional, el diputado del
Partido Liberal (derecha), Mauricio Reconco, dijo el martes que la
aplicación del golpe de Estado fue lo mejor, "si no este país
estuviera en una situación peor".
Reconco se sintió orgulloso porque "Honduras es
señalado como un país que se le atravesó en el camino a(l izquierdista)
Hugo Chávez", dijo.
Honduras guarda la esperanza de que, con
la mediación del presidente costarricense y Nobel de la Paz, Oscar Arias,
se logre la tranquilidad y la paz social que ese país goza desde 1982,
que inició una era de presidentes democráticamente electos.