
MEXICO, 4 jul (Xinhua) -- Tras una semana de
consultas y deliberaciones por parte de los grupos regionales para
resolver la crisis política en Honduras, la situación en el país
centroamericano sigue siendo incierta. La secretaria de
Relaciones Exteriores de México, Patricia Espinosa, anunció hoy que se
presentará el asunto en el Consejo de Seguridad de la Organización de
las Naciones Unidas (ONU).
ZELAYA ABANDONA PRETENSIONES DE REELECCION Y
MICHELETTI ANUNCIA RETIRO DE LA OEA
El 28 de junio, comandos del ejército hondureño
capturaron al presidente Manuel Zelaya en su domicilio y lo expulsaron del
país en un avión dirigido a Costa Rica. El Parlamento de Honduras
destituyó a Zelaya y eligió al presidente del Congreso, Roberto
Micheletti, como nuevo presidente del país, al considerar que Zelaya
trataba de organizar una consulta popular con vistas a una reforma
constitucional que le abriría el camino hacia la reelección, acción que
tanto el Parlamento como el Tribunal Supremo del país habían declarado
ilegal.
Los organismos regionales latinoamericanos
reaccionaron rápidamente ante el golpe de Estado en Honduras y adoptaron
una serie de medidas destinadas a poner fin a la crisis política
desatada en el país centroamericano. Como resultado de las
activas gestiones, Zelaya anunció el 30 de junio que no aspiraría a la
reelección presidencial al término de su mandato, el 27 de enero de
2010.
Pese a todo esto, Zelaya insiste en regresar al país
el domingo. El gobierno interino de Honduras, mientras tanto,
mantiene una posición intransigente, y el sábado anunció su retirada
de la Organización de Estados Americanos (OEA).
El secretario general de la OEA, José Miguel
Insulza, dijo que aquéllos que habían vulnerado el orden constitucional en
Honduras no tenían ninguna intención de volver a la situación
anterior, y advirtió de la gran tensión que existe actualmente en el
país centroamericano.
DUDAS SOBRE LAS POSIBILIDADES DE RESTITUCION DE
ZELAYA
Dada la situación política actual en Honduras,
continúa siendo una incógnita si Zelaya concretará o no su anunciado plan
de regresar al país.
Por un lado, el gobierno interino hondureño se
enfrenta a una enorme presión de la comunidad internacional, que ha
expresado su enérgico y unánime rechazo a la expulsión del presidente
constitucional por parte de las fuerzas armadas.
Además, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de
Desarrollo y otros organismos financieros internacionales han adoptado
medidas respecto a Honduras, como el congelamiento de la ayuda
financiera al país. El gobierno del presidente venezolano Hugo
Chávez llegó a anunciar la suspensión del suministro del petróleo a
Honduras en protesta contra la destitución ilegal de Zelaya.
Países vecinos han anunciado el cierre de sus
fronteras con Honduras, suspendiendo de facto el intercambio comercial,
medida que ha asestado un fuerte golpe al país en lo económico,
comercial, financiero y energético.
Estados Unidos, estrecho aliado de Honduras, dispone
de una base militar en el país centroamericano y tiene acantonados a
muchos efectivos. A raíz del golpe de Estado, el gobierno
estadounidense ordenó la suspensión de todo tipo de cooperación
militar con Honduras, dejando sin "asistencia militar extranjera" al
gobierno interino hondureño.
El gobierno interino de Micheletti declaró un toque
de queda en el país inmediatamente después de asumir el poder. Además,
detuvo a Rodolfo Padilla Sunseri, fiel apoyo de Zelaya y alcalde de la
ciudad de San Pedro Sula, capital industrial y económica de
Honduras, por cargos de corrupción, con el propósito de evitar
conflictos sociales de gran envergadura.
Sin embargo, Zelaya, quien aplicaba una política que
beneficiaba al estrato social de bajos ingresos, aún cuenta con
ciertos apoyos entre ese sector. Sus seguidores y simpatizantes han
reaccionado con manifestaciones callejeras, demandando la restitución de
Zelaya y desafiando al ejército y a la polícia. El posible enfrentamiento
entre los dos bandos conduciría a una situación de inestabilidad y
disturbio social el el país.
Por otro lado, el regreso del exiliado Zelaya, quien
enfrenta cargos de corrupción por parte de órganos legislativos y
judiciales hondureños, supondría su detención, razón por la cual se
duda sobre la viabilidad del plan de retorno del presidente depuesto.
En sus más de tres años de gobierno, Zelaya ha
mantenido una confrontación con empresarios, dueños de medios de
comunicación, periodistas y políticos, incluso de su mismo partido, el
conservador Partido Liberal.
Los analistas han señalado que la insistencia de
Zelaya por regresar al país para ser restituido en el poder supone el
rechazo a todas la resoluciones aprobadas por el Congreso, el Tribunal
Supremo, la Fiscalía, el ejército y el gobierno interino desde el 28
de junio.
Analizando la posiciones de las dos partes, por el
momento no se vislumbra una restitución de Zelaya a corto plazo.
Aun en el caso de que el gobierno interino hondureño
permitiese el regreso de Zelaya al país, comprometiéndose a
garantizar su seguridad personal, Zelaya, que seguramente pretenderá
volver al poder, no se contentará con una vida civil y liderará una
campaña no violenta o incluso violenta para alcanzar sus objetivos
políticos, que supondrá una presión para el gobierno interno.
Teniendo en cuenta el estancamiento político en el
que se encuentran las dos partes, la solución definitiva de la crisis
política en Honduras llevará un tiempo.
Los analistas coinciden en señalar que la comunidad
internacional no está apoyando a Zelaya en sí ni su pretensión de
llevar a cabo una consulta popular que le abra el camino hacia la
reelección presidencial, sino el orden constitucional en Honduras. El
rechazo de la comunidad internacional tampoco se dirige a la propuesta
política de los opositores de Zelaya, sino a los medios radicales que se
han utilizado para derrocar al mandatario.
El gobierno interino hondureño que encabeza el ex
presidente del Congreso Roberto Micheletti ha asegurado que entregará el
poder en enero del próximo año al vencedor de las elecciones y
que incluso estaría dispuesto a adelantar los comicios para salir de
la crisis.
Resolver la crisis política en Honduras exige
regresar al orden constitucional para que el presidente exiliado y el
gobierno interino inicien negociaciones de paz dentro del marco
constitucional, a fin de lograr una solución aceptable para las dos
partes y evitar una intervención militar internacional y, asimismo, el
estallido de una guerra civil en el país.
Una solución por medios pacíficos responde a la
necesidad de la actual corriente democrática y, para el pueblo hondureño,
constituye la mejor salida para poner fin a la crisis política en la
nación centroamericana.