RIO DE JANEIRO, 28 jun (Xinhua) -- El presidente de
Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, promulgó esta semana la ley 458 que
establece reglas para la regularización de tierras públicas ocupadas por
particulares en la Amazonia.
En principio, la nueva ley establece que las
personas que ocupan hasta 100 hectáreas las recibirán en propiedad de
manera gratuita, mientras que aquellas propiedades de 100 a 400 hectáreas
deberán pagar un precio simbólico para ser regularizadas.
Las tierras de 400 a 1.500 hectáreas tendrán que ser
pagadas al estado al precio de mercado, para que su titulación pueda ser
regularizada.
En todos los casos, esas propiedades no podrán ser
vendidas durante los tres años siguientes a la regularización.
En su tramitación en el Congreso, el proyecto
original del Ejecutivo recibió enmiendas de los legisladores que
incluyeron la posibilidad de que tierras explotadas por terceros y u
ocupadas por empresas puedan ser también sometidas al proceso de
regularización.
Esos agregados hicieron que la entonces Medida
Provisoria (MP, decreto presidencial sometido a la aprobación "a
posteriori" del Congreso) fuese bautizada por la oposición como "la MP de
los grileiros".
En Brasil se denomina "grileiros" a las personas que
se apropian de manera irregular de tierras al utilizar títulos de
propiedad o posesión falsificados.
El uso del término sugiere que quienes ahora
regularizarán sus tierras amazónicas las obtuvieron por la vía
fraudulenta.
El dispositivo que beneficiaba a las propiedades
explotadas por terceros y a las tierras ocupadas por empresas fue vetado
por el presidente Lula da Silva al promulgar la nueva ley, con lo cual el
principal motivo de críticas fue eliminado.
El gobierno señaló que la ley permitirá regularizar
alrededor de 67 millones de hectáreas de tierras en situación irregular.
Si se calcula que los terrenos en proceso de
regularización tienen una extensión promedio de 400 hectáreas, esto
representa un total de 167.500 propiedades, sin embargo las autoridades
esperan beneficiar a más de 300.000 familias, ya que la mayoría de las
tierras ocupadas tienen hasta 100 hectáreas, según las cifras
gubernamentales.
El presidente de la Asociación Brasileña por la
Reforma Agraria, Plinio de Arruda Sampaio, sostuvo que la nueva ley
estimulará la especulación fundiaria, debido a que 72 por ciento de las
propiedades beneficiadas tiene entre 400 y 1.500 hectáreas.
Uno de los aspectos polémicos de la ley es el
establecimiento de la simple declaración de ocupación, por parte del
agricultor, como presupuesto inicial del proceso de regularización, sin
que esté sujeto a una inspección visual directa.
De acuerdo con ambientalistas, muchas personas
pueden declarar que ocupan las tierras desde antes de 2004 (el límite
temporal impuesto por la ley) sin haberlo hecho efectivo.
La autodeclaración como ocupante puede beneficiar a
quienes están informados sobre los detalles de la ley, aún sin estar en la
tierra, mientras que los verdaderos ocupantes que no tienen acceso a esa
información no estarán en condiciones de beneficiarse.
Para el coordinador sectorial de Greenpeace, Nilo
D'Avila, eso es lo que ocurrirá en la mayoría de los casos, ya que los
auténticos ocupantes de la Amazonia no tienen acceso a los medios de
comunicación.
La Confederación de Trabajadores en la Agricultura
(Contag) censuró el plazo de tres años para la prohibición de venta de las
propiedades regularizadas, pues es tan corto que estimulará la
compra por parte de terratenientes vecinos.
En cambio, el ex gobernador del estado de Acre,
Jorge Viana, subrayó la importancia de que finalmente se permita
regularizar las propiedades para aquellos que fueron atraídos a la
Amazonia por los proyectos de colonización de los gobiernos militares
(1964-1985).
De acuerdo con Viana, la regularización permitirá
reducir los conflictos por la tierra que han costado la vida a una
infinidad de campesinos y dirigentes sindicales, sin estimular la
especulación agraria ni la deforestación.
El ex gobernador recuerdó que la legislación
ambiental establece que las propiedades deben mantener la vegetación
natural en la mayor parte de su superficie, o recomponerla en los casos en
que haya sido retirada.
Eso asegurará, según Viana, las metas de
reducción de la deforestación asumidas por el gobierno brasileño, que
enfrenta críticas internacionales por la quema de superficies selváticas
que aumentan la emisión de carbono y el efecto invernadero.