CHONGQING, 4 jun (Xinhua) -- Vestida con clase y con
el pelo planchado, Luo Yang parece lo suficientemente sofisticada como
para trabajar como azafata de hotel o como dependienta en la
municipalidad suroccidental china de Chongqing.
Su voz se apaga y sus ojos se empañan al oír hablar
del examen nacional de acceso a la universidad que empezará el próximo
domingo.
"No soy estúpida. Nunca había suspendido un examen".
Su confianza quedó hecha pedazos hace dos meses, cuando se presentó
a una prueba de admisión en una escuela profesional local.
El examen estaba lleno de preguntas "extrañas", como
la que pedía al candidato que explicara cómo determinar cuál es la
relación entre dos personas a partir de la distancia física que
mantienen durante la conversación o el significado de todos los
símbolos en los emboltorios de los tentempiés.
Luo, hija de una familia de campesinos que vive en
las afueras de Chongqing, nunca había visto un emboltorio como esos y los
maestros de su escuela nunca le enseñaron habilidades de
comunicación.
La joven tenía poco acceso a todo aquello que
estuviera fuera de su pueblo y lo único que sabía que iba a aparecer en
los exámenes eran los conocimientos incluidos en sus libros de texto.
Frustrada por su fracaso, Luo sopesó las ventajas e
inconvenientes de la educación universitaria y decidió no volver
a intentarlo.
"Aunque me presente al examen nacional y entre en la
universidad, las altas tasas de matrícula serían un peso
demasiado grande para mi familia. Quizá ni siquiera encuentre trabajo
después de cuatro años", razona.
La matrícula en una universidad china cuesta como
mínimo 5.000 yuanes (715 dólares) al año, una cifra más elevada que los
4.861 yuanes netos por capita que percibía la población rural del país
en 2008.
Luo decidió que lo mejor era encontrar un trabajo y
ayudar a sus padres a pagarle la universidad a su hermano menor.
La pobreza y la exclusión han hecho que al menos
10.000 estudiantes de Chongqing decidan no matricularse en el último
momento. Mientras tanto, algunos de sus vecinos esperan poder entrar
en las mejores universidades de los Estados Unidos.
A dos horas en autobús desde el pueblo de Luo, las
clases medio vacías del mejor instituto de la ciudad, la Escuela Secundaria
Bashu, parecen cuestionar la autoridad del examen nacional más
importante, que para muchos es el examen de sus vidas.
"Un total de 29 estudiantes de mi clase han sido
admitidos en escuelas americanas", explica la profesora de inglés Yu Ying.
"Han dejado la escuela y están solicitando visados".
Según el departamento municipal de educación, al
menos 300 graduados de las escuelas públicas de Chongqing han dejado de
presentarse al examen de acceso a la universidad y han decidido
estudiar en el extranjero.
La misma "fuga de cerebros" se está dando en algunas
escuelas de Beijing. Al menos 30 estudiantes de los mejores institutos de
la capital china acuden a la academia de inglés privada New Channel
para preparar el Examen de Evaluación Académica (SAT, siglas en inglés),
que les permitirá entrar en una universidad americana.
La mayoría de estos jóvenes tiene el apoyo
financiero y moral de sus padres, en muchos casos funcionarios, profesores
o ejecutivos que incluso llegaron a estudiar en el extranjero.
Las estadísticas incompletas de las autoridades
educativas de Beijing indican que al menos 3.000 estudiantes chinos fueron
admitidos en universidades americanas el año pasado.
El Ministerio de Educación confirmó el pasado martes
que el número de candidatos que se presentarán este año al examen de
aceso a la unviersidad ha caído un 3,8 por ciento, lo que supone la
primera reducción de los últimos siete años.
La cartera interpreta esta caída como un cambio
positivo para los 10,2 millones de candidatos, que competirán por 6,29
millones de plazas, un 4 por ciento más que el año pasado.
El ministerio insiste en que la disminución del
número de candidatos se debe al hecho de que "hay menos gente en este
grupo de edad" y no a la situación del mercado de trabajo. Sin embargo,
los graduados universitarios están teniendo muchas dificultades para
encontrar trabajo. ´
Este año se graduan un total de 6,11 millones de
estudiantes, y un millón de los que terminaron el año pasado todavía sigue
en el paro, según el Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad
Social.
El Ministerio de Educación ha informado de que 7,5
millones de los alumnos que terminen sus años de instituto se presentarán
a la convocatoria de este año, pero no ha dado ninguna explicación
acerca de la situación de los otros 840.000 graduados.
Los estudiantes y sus padres tienen claro que la
"fuga de cerebros" y la cada vez mayor brecha social están detrás de la
disminución en el número de candidatos y siguen pidiendo reformas.
A pesar de que todavía hay muchos que creen que el
examen de acceso a la universidad es el único examen chino en el que no
hay ningún tipo de fraude ni abuso de poder, una serie de escándalos
relacionados con trampas, filtración de exámenes y sobornos han
puesto en jaque la credibilidad de este sistema.
Recientemente se descubrió que un agente de policía
de la provincia central de Hunan había robado los resultados de una
joven y los había hecho pasar por los de su hija cinco años atrás
para garantizarle una plaza en la universidad.
Además, una lista de honor de candidatos que ganarán
20 puntos por participar en competiciones locales de aeromodelismo y
comunicación radiofónica en la provincia oriental de Zhejiang ha
provocado fuertes protestas, porque los 13 estudiantes incluidos en
esta lista proceden de familias ricas y poderosas.
El examen nacional de acceso a la universidad ("gao
kao"), reestablecido en 1977 tras la década de la Revolución Cultural,
ha sido siempre escenario de una competición encarnizada, ya que las
plazas disponibles son muy limitadas en comparación con la enorme
población del país. En 1977, un total de 5,7 millones de candidatos
compitieron por 270.000 plazas.
Aunque en la actualidad los candidatos tienen más
posibilidades, la competición sigue siendo dura, porque la mayoría de ellos
tienen mayores expectativas: acceder a la mejor universidad y
estudiar una licenciatura que les garantice un buen trabajo en el
futuro.
Los casos de estudiantes que abandonan un examen a
causa del estrés o se suicidan siguen apareciendo en los periódicos
chinos.
Por esta razón, los padres de los candidatos les
preparan los mejores platos e intentan no decir nada que pueda
alterarles.
Durante los días del examen, toda la sociedad parece
movilizarse para que todos los estudiantes tengan una oportunidad. En
algunas ocasiones, cuando un candidato se deja su carnet de identidad en
casa, agentes de policía le acompañan para que lo pueda recuperar a
tiempo.
Además, las ambulancias suelen patrullar alrededor
de los centros en los que se celebra el examen para atender a los
estudiantes que se desmayan por la presión o el calor, aunque
este año también se esforzarán para evitar cualquier contagio del
virus de la gripe A (H1N1).
Con el objetivo de que los estudiantes puedan
descansar y presentarse a los exámenes en condiciones, los empleados de la
construcción no pueden trabajar entre las 10 de la noche y las 6 de
la mañana, y los conductores que hagan sonar sus claxon cerca de los
centros se enfrentan a multas.
La mayoría de los niños chinos tiene que trabajar
duro durante muchos años para poder acceder a la educación superior. La
competición empieza en la escuela primaria o incluso en la guardería
en forma de olimpiadas matemáticas o exámenes de inglés de
Cambridge.
En el sistema actual, estas pruebas se traducen en
puntos extra que permitirán a los estudiantes entrar en mejores institutos
y en última instancia, en las mejores universidades.
Aunque se siguen oyendo protestas y se siguen
pidiendo reformas, es difícil encontrar un sistema que garantice la
igualdad y que al mismo tiempo reduzca el nivel de estrés de los
candidatos.
"Una alternativa ideal sería que los candidatos pudieran
presentarse a diversas pruebas de evaluación durante su último año en
el instituto y que se quedaran con el mejor resultado",
dijo el experto en educación Xiong Bingqi. "Las universidades deberían aceptar a
los estudiantes teniendo en cuenta tanto este resultado como una
evaluación global de su rendimiento".
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NOTA: Los corresponsales de Xinhua Mao Chen (Chongqing),
Feng Guo (Xi'an), Ai Fumei (Ningxia), Li Jiangtao (Beijing) y Xiao Chunfei
(Shanghai) contribuyeron a la elaboración de este reportaje.