LIMA, 30 may (Xinhua) -- A punto de cumplir dos
meses en paro, varios miles de aborígenes de la Amazonia peruana se
mantienen en pie de lucha, en defensa de sus ancestrales territorios, e
insisten en la abrogación de leyes que vulneran sus derechos a la
propiedad de la tierra.
Los nativos han advertido que, de hacer caso omiso
(el gobierno o el Congreso Nacional) a sus demandas, tomarán medidas más
radicales, mientras continúan con bloqueos de carreteras en varios puntos
de la selva y restringiendo el paso de los trenes que conducen a los
turistas a la ciudadela incaica de Machu Picchu, en el suroriental
departamento del Cusco.
El quid del problema radica en el decreto
legislativo 1090, dictado por el gobierno central en uso de facultades
extraordinarias para dar pase a la implementación del tratado de libre
comercio (TLC) entre Perú y Estados Unidos.
La mencionada norma, llamada también Ley Forestal,
si bien promueve el uso eficiente y la conservación de los recursos
forestales y de la fauna silvestre, no es aceptada por la población
aborigen que la considera lesiva a sus intereses y porque, además,
no se les consultó previamente sobre si ellos la aprobaban o
desaprobaban.
El gobierno central ha respondido que si se deroga o
se declara anticonstitucional el DL 1090 o Ley Forestal se pondría en
riesgo uno de los acuerdos previos a la firma del TLC con Estados Unidos,
pues, si bien los indígenas tienen derecho a la tierra, no son
propietarios del subsuelo.
El referido decreto busca garantizar la seguridad
energética del país, y las regiones en conflicto, según las prospecciones,
cuenta con reservas de hidrocarburos (petróleo y gas).
Actualmente, esa norma y otras afines, son debatidas
en el Congreso Nacional, aunque sin resultados a la vista, y la situación
se torna crítica ante la fuerte actitud de los aborígenes.
Cabe señalar que no existe un censo que pueda
confirmar a ciencia cierta cuántos indígenas son y cuántas etnias conviven
en la Amazonia, así como tampoco un catastro que permita diferenciar
cuáles son sus tierras y los límites de cada una de ellas; aunque a
nivel nacional, en cifras del gobierno, se han titulado cerca de 14
millones de hectáreas a favor de los nativos.
Si bien la norma reconoce los bosques de las
comunidades nativas y campesinas, además de fijar límites máximos y
mínimos, y existen prohibiciones como el cambio de uso forestal por
agropecuario, la precoupación de fondo, y que también comparten
ambientalistas, es qué ocurriría si se empieza a explorar y a explotar los
hidrocarburos.
Una explotación o sobreexplotación implicaría
deforestación, depredación de flora y fauna y contaminación de las aguas
de los ríos; además de que la Amazonia, que domina gran parte del
territorio sudamericano, es considerada "el pulmón de la humanidad".
"Los conflictos (entre los aborígenes y el gobierno
central) se han presentado porque hay comunidades o individuos sobre los
cuales se otorgan derechos mineros, se crean lotes de hidrocarburos u otra
actividad extractiva donde hay bosques o áreas protegidas en las que
hay asentamientos humanos desde hace siglos", acotó un estudioso del
tema.
Es decir, existe un vacío legal sobre las formas de
ordenamiento del territorio nacional y las formas para solucionar casos
donde hay más de un derecho, en un mismo territorio, para actividades
distintas.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha
establecido, mediante sentencia que sienta jurisprudencia, que "si bien
las tierras de las comunidades indígenas implican un manejo donde debe
haber consentimiento informado previo, no significa que no deban
someterse a las reglas del derecho".
Empero, en el caso peruano en discusión, también se
habla del subsuelo donde el Estado tendría los derechos que no tiene en la
superficie.
Solucionar todo ello pasa por una reforma
jurídica, para lo cual los expertos recomiendan que, si hay una riqueza natural
en el subsuelo, hay que compensar al que vive en la superficie.