PALAWAN, Filipinas, 24 may (Xinhua) -- El señor
Jacques Branellec, un experimentado agricultor de perlas que reside en
Filipinas, está más consciente que muchos del deterioro del
ambiente, tanto a nivel local como global.
En una remota granja en Palawan, en la isla pristína
del mar de Sulú, Branellec y sus asistentes marcan el nivel del mar
anualmente cada 28 de noviembre. Mirando a través del agua
transparente, es fácil notar una diferencia de medio metro entre el
nivel registrado en 2006 y 2007. La diferencia entre 2007 y el año pasado
es aún mayor.
"Hemos experimentado cada año el calentamiento
global y el aumento en el nivel del mar", declaró el francés de sesenta
años. Branellec, quien comenzó su negocio de perlas en 1979 con su
socio filipino, el señor Manuel Conjuango, y ahora su corporación
internacional de joyas marinas se ha convertido en uno de los
fabricantes de oro más importantes del mundo, con seis granjas y más
de mil trabajadores, cuya mayoría ha trabajado con ellos por mas de diez
años. Cojuangco es el presidente de la compañía y Branellec trabaja como
director general.
Durante los últimos treinta años, la temperatura del
agua de las granjas se elevó de un mínimo de 25 grados centígrados y un
máximo de 30 grados, a un promedio tan bajo como 26 grados y tan
alto como 32,6 grados, según los registros de la compañía. La
temperatura es de vital importancia para las ostras de labio dorado,
las portadoras de las perlas doradas.
Una temperatura óptima para las ostras que producen
perlas es entre 29 y 30 grados. Podría ser desastroso si las temperaturas
se incrementan aunque sea sólo un grado. Por ejemplo, con 32 grados,
el crecimiento de las ostras se detendría y con 33 grados morirían.
Branellec señaló que estas ostras tampoco podrían sobrevivir a
temperaturas menores a los 26 grados.
El aumento en las aguas marinas ha erosionado gran
parte del suelo alrededor de las costas de las islas donde se sitúan las
granjas de perlas. Arboles con décadas de antigüedad caen hacia
el mar, ya que sus raíces son expuestas al mar. Si el nivel del mar
sigue elevándose de esta manera, las islas se sumergirán tarde o
temprano, dijo Branellec.
Añadió que "sin embargo, es sólo la gente que vive
cerca del mar quien está consciente de la alarmante situación. Aquellos
que viven en las ciudades, con sus edificios de concreto con aire
acondicionado no tienen idea de qué tan serio es el problema".
Comparado con el aumento gradual del nivel del mar,
el agricultor de perlas tiene preocupaciones más urgentes.
La primera se debe a la pesca con cianuro en las
aguas cercanas. "A diferencia de la dinamita con la que los peces
mueren, el cianuro sólo los aturde y se despertarán después de haber sido
atrapados en las redes. Es por eso que la pesca con cianuro
prevalece debido a la gran demanda de pescados vivos en muchos
restaurantes", agregó la fuente.
El cianuro no mata a los peces, pero sí a casi todo
lo demás en el agua, incluyendo a los corales que desarrollan organismos de
arrecifes. Tiene un remanente tóxico que puede durar por años en el
mar. Y resulta claro que las ostras que producen perlas, que son sumamente
sensibles al ambiente, no pueden sobrevivir en las aguas contamidas con
cianuro.
"Es muy probable que los peces disponibles en el
mercado sean atrapados con cianuro, a menos que vengan de granjas
acuíferas", dijo Branellec, agregando que considera que los consumidores
rechazarían comer esos pescados si supieran la verdad.
Con el fin de tener más comida para sobrevivir, los
residentes locales también están cortando y quemando los bosques en las
montañas para sembrar arroz de montaña, lo cual devastará
gradualmente el ecosistema.
"Algunas islas ya están muertas", lamentó Branellec,
haciendo referencia a las zonas en donde las tierras han sido despojadas
del bosque. El agricultor, quien pilotea de manera frecuente
entre Manilua y las granjas de perlas, conoce casi todas las islas que
sobrevuela, especialmente aquellas en la provincia de Palawan.
"Filipinas es muy rico en recursos. El problema es
que la gente no los utiliza de la manera adecuada", manifestó.
Los isleños locales serán ellos mismos las víctimas
finales de la pesca ilegal y de la quema de los bosques. Tal es el caso de
las abejas, que han muerto o han sido alejadas en algunas islas
debido a los incendios, que han afectado la producción de los
árboles de mango ahí, señaló el emprendedor.
Branellec no sólo dice, sino que también actúa. Con
el fin de detener, o al menos mitigar, la degradación del ambiente, él, su
socio y sus asistentes han lanzado una campaña para salvar el mar de
Palawan.
Los trabajadores en las grandes actúan como
voluntarios para diseminar la información sobre la protección ambiental.
Distribuyen playeras a los residentes locales, que explica con
caricaturas los efectos negativos del abuso del medio ambiente
marino. De igual manera, han establecido una granja de abejas
para restaurar el ecosistema destruído. Han distribuído semillas de
vegetales orgánicos y plantas de semilleros de árboles y frutas, de
manera grauita. De igual manera, han establecido un equipo de guardia
marina para ayudar a las autoridades locales a patruyar y a la proteger
las aguas contra la pesca ilegal.
Además, los agricultores de perlas proporcionan
semillas y agua a los residentes locales para que planten algas, lo que se
ha convertido en una fuente alternativa del pilar de ingreso de
aquellos que viven de una existencia basada en el trabajo de la mano
a la boca. Los distrubuidores exportan las algas como comida a mercados
extranjeros.
El ambienalismo es parte de la vida de Branellec. En
su pequeña isla llamada "Flor", la cual compró en 2003 cerca de sus granjas
de perlas, hay una política de apagar la electricidad, por lo que la
gente sólo puede hacer uso de ella de las 5:00 horas a las 10:00 y de las
17:00 a las 23:00.
En una soleada tarde de domingo, Branellec fue visto
levantando plástico y algas muertas que llegaron a las costas, él dijo que
debía limpiar la playa, ya que los jóvenes que laboran estaban
descansando, antes de que sus invitados para el Fondo de la vida
salvaje mundial llegasen más tarde ese día. El señor y la señora
Freund se encontraban en su expedición fotográfica del triángulo de
coral y las granjas de perlas sirven como un buen ejemplo para la
protección ambiental.
"Si ven que la playa está muerta, pueden pensar que
no cuidamos del mar", bromeó el ciudadano francés.
A pesar de haber obtenido la propiedad hace seis
años, él no manifestaría que "posee" la isla.
"Nunca eres dueño de la isla. Sólo eres su guardian.
Nunca posees nada", dijo, añadiendo que la gente dejará un día este
mundo sin llevarse nada.
Es un caso similar en la gran escala. Toda la
gente comparte sólo un planeta y un océano, por lo que debemos conservar
la Tierra y el mar en un buen estado para nuestros hijos y los hijos
de nuestros hijos, finalizó Branellec.