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Agricultor de perlas en Filipinas alarmado por el deterioro ambiental
  24.05.2009 Actualizado a las 15:33:20
 

     PALAWAN, Filipinas, 24 may (Xinhua) -- El señor Jacques  Branellec, un experimentado agricultor de perlas que reside en  Filipinas, está más consciente que muchos del deterioro del  ambiente, tanto a nivel local como global. 

     En una remota granja en Palawan, en la isla pristína del mar de Sulú, Branellec y sus asistentes marcan el nivel del mar  anualmente cada 28 de noviembre. Mirando a través del agua  transparente, es fácil notar una diferencia de medio metro entre  el nivel registrado en 2006 y 2007. La diferencia entre 2007 y el  año pasado es aún mayor. 

     "Hemos experimentado cada año el calentamiento global y el  aumento en el nivel del mar", declaró el francés de sesenta años.  Branellec, quien comenzó su negocio de perlas en 1979 con su socio filipino, el señor Manuel Conjuango, y ahora su corporación  internacional de joyas marinas se ha convertido en uno de los  fabricantes de oro más importantes del mundo, con seis granjas y  más de mil trabajadores, cuya mayoría ha trabajado con ellos por  mas de diez años. Cojuangco es el presidente de la compañía y  Branellec trabaja como director general. 

     Durante los últimos treinta años, la temperatura del agua de  las granjas se elevó de un mínimo de 25 grados centígrados y un  máximo de 30 grados, a un promedio tan bajo como 26 grados y tan  alto como 32,6 grados, según los registros de la compañía. La  temperatura es de vital importancia para las ostras de labio  dorado, las portadoras de las perlas doradas. 

     Una temperatura óptima para las ostras que producen perlas es  entre 29 y 30 grados. Podría ser desastroso si las temperaturas se incrementan aunque sea sólo un grado. Por ejemplo, con 32 grados,  el crecimiento de las ostras se detendría y con 33 grados  morirían. Branellec señaló que estas ostras tampoco podrían  sobrevivir a temperaturas menores a los 26 grados. 

     El aumento en las aguas marinas ha erosionado gran parte del  suelo alrededor de las costas de las islas donde se sitúan las  granjas de perlas. Arboles con décadas de antigüedad caen hacia el mar, ya que sus raíces son expuestas al mar. Si el nivel del mar  sigue elevándose de esta manera, las islas se sumergirán tarde o  temprano, dijo Branellec. 

     Añadió que "sin embargo, es sólo la gente que vive cerca del  mar quien está consciente de la alarmante situación. Aquellos que  viven en las ciudades, con sus edificios de concreto con aire  acondicionado no tienen idea de qué tan serio es el problema". 

     Comparado con el aumento gradual del nivel del mar, el  agricultor de perlas tiene preocupaciones más urgentes. 

     La primera se debe a la pesca con cianuro en las aguas  cercanas. "A diferencia de la dinamita con la que los peces mueren, el cianuro sólo los aturde y se despertarán después de haber sido  atrapados en las redes. Es por eso que la pesca con cianuro  prevalece debido a la gran demanda de pescados vivos en muchos  restaurantes", agregó la fuente. 

     El cianuro no mata a los peces, pero sí a casi todo lo demás en el agua, incluyendo a los corales que desarrollan organismos de  arrecifes. Tiene un remanente tóxico que puede durar por años en  el mar. Y resulta claro que las ostras que producen perlas, que  son sumamente sensibles al ambiente, no pueden sobrevivir en las  aguas contamidas con cianuro. 

     "Es muy probable que los peces disponibles en el mercado sean  atrapados con cianuro, a menos que vengan de granjas acuíferas",  dijo Branellec, agregando que considera que los consumidores  rechazarían comer esos pescados si supieran la verdad. 

     Con el fin de tener más comida para sobrevivir, los residentes  locales también están cortando y quemando los bosques en las  montañas para sembrar arroz de montaña, lo cual devastará  gradualmente el ecosistema. 

     "Algunas islas ya están muertas", lamentó Branellec, haciendo  referencia a las zonas en donde las tierras han sido despojadas  del bosque. El agricultor, quien pilotea de manera frecuente entre Manilua y las granjas de perlas, conoce casi todas las islas que  sobrevuela, especialmente aquellas en la provincia de Palawan. 

     "Filipinas es muy rico en recursos. El problema es que la gente no los utiliza de la manera adecuada", manifestó. 

     Los isleños locales serán ellos mismos las víctimas finales de  la pesca ilegal y de la quema de los bosques. Tal es el caso de  las abejas, que han muerto o han sido alejadas en algunas islas  debido a los incendios, que han afectado la producción de los  árboles de mango ahí, señaló el emprendedor. 

     Branellec no sólo dice, sino que también actúa. Con el fin de  detener, o al menos mitigar, la degradación del ambiente, él, su  socio y sus asistentes han lanzado una campaña para salvar el mar  de Palawan. 

     Los trabajadores en las grandes actúan como voluntarios para  diseminar la información sobre la protección ambiental.  Distribuyen playeras a los residentes locales, que explica con  caricaturas los efectos negativos del abuso del medio ambiente  marino. De igual manera, han establecido una granja de abejas para restaurar el ecosistema destruído. Han distribuído semillas de  vegetales orgánicos y plantas de semilleros de árboles y frutas,  de manera grauita. De igual manera, han establecido un equipo de  guardia marina para ayudar a las autoridades locales a patruyar y  a la proteger las aguas contra la pesca ilegal. 

     Además, los agricultores de perlas proporcionan semillas y agua a los residentes locales para que planten algas, lo que se ha  convertido en una fuente alternativa del pilar de ingreso de  aquellos que viven de una existencia basada en el trabajo de la  mano a la boca. Los distrubuidores exportan las algas como comida  a mercados extranjeros. 

     El ambienalismo es parte de la vida de Branellec. En su pequeña isla llamada "Flor", la cual compró en 2003 cerca de sus granjas  de perlas, hay una política de apagar la electricidad, por lo que  la gente sólo puede hacer uso de ella de las 5:00 horas a las  10:00 y de las 17:00 a las 23:00. 

     En una soleada tarde de domingo, Branellec fue visto levantando plástico y algas muertas que llegaron a las costas, él dijo que  debía limpiar la playa, ya que los jóvenes que laboran estaban  descansando, antes de que sus invitados para el Fondo de la vida  salvaje mundial llegasen más tarde ese día. El señor y la señora  Freund se encontraban en su expedición fotográfica del triángulo  de coral y las granjas de perlas sirven como un buen ejemplo para  la protección ambiental. 

     "Si ven que la playa está muerta, pueden pensar que no cuidamos del mar", bromeó el ciudadano francés. 

     A pesar de haber obtenido la propiedad hace seis años, él no  manifestaría que "posee" la isla. 

     "Nunca eres dueño de la isla. Sólo eres su guardian. Nunca  posees nada", dijo, añadiendo que la gente dejará un día este  mundo sin llevarse nada. 

     Es un caso similar en la gran escala. Toda la gente comparte  sólo un planeta y un océano, por lo que debemos conservar la  Tierra y el mar en un buen estado para nuestros hijos y los hijos  de nuestros hijos, finalizó Branellec.