LA HABANA, 25 abr (Xinhua) -- Películas de
multipremiados realizadores como Chen Kaige y He Ping se exhibieron
durante una reciente Muestra de Cine Chino, realizada en La Habana con
notable éxito de público y crítica.
Los cubanos pudieron valorar las actuales
inquietudes artísticas de la cinematografía china con la muestra de una
decena de cintas, que abrió "Li Shuangliang", de Hou Jiangi, que trata
sobre un jubilado que crea una hermosa tradición, al crear un jardín en un
basurero que contaminaba la comunidad.
De cineastas de la región autónoma del Tíbet se
exhibieron dos filmes "Canción del Tibet" de Xi Fie y "Silenciosas piedras
sagradas" de Wanma Caidan, mientras que de Taipei de China, en
coproducción, se proyectó "Copla de Amora", de Li Yin.
Uno de los más aceptados filmes de todos los
exhibidos fue "Juntos", de Chen Kaige, que narra la historia de un niño
criado en un pequeño pueblo del sur de China, con un extraordinario don
para el violín, que viaja a Beijing con su padre para que conozcan su
talento.
Para los críticos de la isla, la cinta demuestra que
Chen "es un arquero que siempre impacta en la diana y lo que podía parecer
una historia banal deviene interesante cuestionamiento sobre la
verdadera misión del artista".
Crítica y público conocían de la obra de Chen, cuyas
cintas "La gran parada" y en especial "Adiós a mi concubina", fueron
exhibidos en cines y la televisión con notable éxito de público.
También sobresalió en el gusto del público
"Guerreros de cielo y tierra", del conocido He Ping, quien logró una rara
pero disfrutable mezcla de literatura de espada y artes marciales, el
western norteamericano y los filmes de samuráis.
La crítica destacó que en He "se evidencia la
influencia de los estadounidenses John Ford, Howard Hawks y Sam Peckinpah,
y del japonés Akira Kurosawa, entre otros, por lo que no es de extrañar la
fotografía impecable de este filme, a cargo del siempre profesional
Zhao Wei, con una estética muy parecida a la de los clásicos del
western estadounidense".
El cine chino ya había hecho otras incursiones por
la isla, donde en la década de los 60 del siglo pasado tuvo más
detractores que adeptos, aunque la crítica especializada apenas tomó
partido y a muy pocas cintas del país asiático se le dedicó un comentario
en la prensa.
Ya a inicios de la década del 80, los filmes de
Bruce Lee, realizados en Hong Kong, tuvieron mucha aceptación en cierto
sector juvenil, dado su novedad y ritmo trepidante, pero la crítica
despedazó académicamente a ese tipo de cine, de un corte
marcadamente comercial y con pocas virtudes artísticas.
A principios de los 90, en una breve pero
sustanciosa semana de cine chino, el público cubano conoció "La última
emperatriz", de Lau Waikeung, "Sorgo Rojo", de Zhang Yimou, y "La gran
parada", de Chen Kaige.
Aquella exhibición fue como una revelación y abrió
las puertas de las salas de la isla a una cinematografía que se veía
lejana y hasta exótica.
En el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de
1995, por vez primera, crítica especializada y público se unieron en la
ovación para aquella muestra en la que se incluyeron "La linterna roja",
"Comer, amar, vivir", "Banquete de bodas", y "Adiós a mi concubina",
entre otras relevantes películas.
Con mayor información y conocimiento mutuos,
el público cubano reconoce hoy altos valores en el cine chino
contemporáneo, cuyas obras tienen un espacio preferencial en las salas y hasta en
la televisión.