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La confianza y la nueva era de prosperidad en las Américas
  20.04.2009 Actualizado a las 11:06:59
 

     PUERTO ESPAÑA, 19 abr (Xinhua) -- Con la promesa de iniciar una nueva etapa en sus relaciones bilaterales, los mandatarios de  Estados Unidos y América Latina concluyeron hoy la V Cumbre de las Américas, en un ambiente moderadamente optimista, tras un diálogo  franco y abierto, que contribuyó a elevar la confianza mutua. 

     Aunque no hubo unanimidad en todos los temas que se debatieron, los mandatarios sí coincidieron en que se abría un nuevo capítulo  en los complejos vínculos de las dos regiones, separadas no sólo  por las asimetrías económicas, sino también por las diferentes  visiones para alcanzar el desarrollo. 

     Lo más novedoso de este cónclave fue la postura constructiva  del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien se esforzó  por convencer a sus pares de que desea tener una relación de igual a igual con ellos, lo que contrasta con la actitud de su antecesor, George Bush.  

     Hace cuatro años, en la cumbre de Mar del Plata, Argentina,  Bush sufrió una derrota política al ser rechazada su propuesta de  crear un Area de Libre Comercio para las Américas (ALCA), la cual  ha  quedado definitivamente sepultada en Trinidad y Tobago, donde no  fue mencionado ese proyecto.  

     La frase de Obama en su discurso ante la cumbre: "No vine aquí a debatir el pasado, vine a hablar del futuro", podría inscribirse en la historia si su retórica pasa a convertirse en hechos  concretos.  

     Pese a que la agenda de esta cumbre incluía una temática  variada, desde la prosperidad, la gobernabilidad democrática, la  seguridad energética y el cambio climático, los temas de la crisis  económica global y el bloqueo estadounidense a Cuba concentraron  la atención de los jefes de Estado y Gobierno.  

     La Declaración de Compromiso de Puerto España no recoge  propuestas concretas para enfrentar la debacle económica mundial,  pero en los debates se adhirieron a los acuerdos de la cumbre del  G-20 del pasado 2 de abril en Londres, expresando preocupación  porque los organismos internacionales prevén que la economía  mundial tendrá en 2009 un crecimiento negativo. 

     Los mandatarios confirmaron que todos los países ya están  sufriendo los efectos de la crisis, no sólo en las caídas de las  exportaciones y los precios de las materias primas, sino en el  empleo y el ingreso de los sectores vulnerables, lo que llevará a  la pobreza a unos seis millones de personas.  

     En los tres días de la cumbre, el jefe de la Casa Blanca no  escuchó a sus interlocutores señalar que esta vez la crisis  internacional nació en la región, como recordatorio de los malos  manejos  económicos de Estados Unidos y la obligación de este país a  aportar las soluciones. 

     En esta oportunidad prevaleció la franqueza y la cordialidad,  cuando había grandes expectativas de confrontación, básicamente  por la posición de los países que integran el ALBA (Alternativa  Bolivariana de las Américas), encabezada por Venezuela, que pedían una respuesta convincente ante la crisis y el término del embargo  a Cuba. 

     Los integrantes de ALBA no firmaron la Declaración final, pero  decidieron no cuestionarla, en aras de contribuir al éxito de la  cumbre y enviar una señal constructiva a Obama ante su buena  voluntad. Su tesis era que un fracaso podría tronchar la idea de  Obama de iniciar una nueva era en los lazos entre el norte y el  sur de América, cuya historia está llena de desencuentros por la  política imperialista de Washington. 

     Obama optó por "escuchar y aprender", lo contrario de sus  antecesores que se acostumbraron a visitar a los países  latinoamericanos y caribeños para dar órdenes e imponer políticas  alejadas de la realidad de la región, donde Estados Unidos ha ido  perdiendo poder e influencia en las últimas décadas. 

     Resulta de gran interés que el presidente estadounidense  aceptara la actual diversidad de regímenes políticos de la región  y su pluralidad político-ideológica, incluyendo a Cuba, que fue  separada de la Organización de Estados Americanos (OEA) por  adoptar el marxismo-leninismo, considerado "incompatible" con el  sistema interamericano. 

     Por ello, el clamor expresado por América Latina y el Caribe  para pedir el fin del bloqueo a la isla, que le ha ocasionado no  sólo pérdidas económicas, sino daños irreparables a la población,  refleja la unidad continental hacia un pequeño país, que está  considerado como un símbolo de resistencia ante el imperio. 

     Al mismo tiempo, la histórica oferta de diálogo con Cuba  significó el mayor esfuerzo político de Estados Unidos en esta  cumbre, y genera una nueva relación con la región, lo cual fue  reciprocado por La Habana, dispuesta a conversar cualquier tema,  pero ha exigido que sea de igual a igual, con respeto a su  soberanía. 

     La propuesta de Washington está acompañada de ciertas  condiciones que podrían entorpecer las negociaciones y no incluye  la idea de levantar el bloqueo a la isla, pero el interés mutuo  por cambiar el status actual, nacido en la Guerra Fría, debiera  prevalecer y normalizar las relaciones, como han pedido los  gobiernos de la región. 

     Si hay ganadores en esta V Cumbre, fueron Cuba porque se le  hace justicia y el gobierno de Estados Unidos por asumir que hay  que avanzar hacia el futuro con una nueva política hacia sus  vecinos del sur, ya que ambas se necesitan mutuamente.  

     En esta visita a la región, Obama anunció varios proyectos,  como un acuerdo interamericano contra el tráfico de armas que  sirve a los cárteles de la droga, un fondo de 100 millones de  dólares para favorecer los préstamos a las pequeñas empresas, una  iniciativa de 30 millones de dólares para reforzar la seguridad en el Caribe y una asociación para la energía y el clima. 

     A diferencia de otras cumbres hemisféricas, en Puerto España  hubo más llamados a derrotar enemigos comunes, como la pobreza, la inestabilidad financiera y la crisis económica, y menos críticas a Estados Unidos por sus acostumbradas políticas injerencistas.  

     La cumbre termina con muchas promesas e interrogantes sobre el  futuro del hemisferio, en medio de la peor crisis económica desde  el siglo pasado, pero esta situación pudiera ser una oportunidad  para un "nuevo comienzo", donde tanto Estados Unidos como América  Latina y el Caribe tienen que poner de su parte para consolidar la confianza establecida en Trinidad y Tobago.  

     Ese proceso se ha iniciado, pero se necesita una fuerte  voluntad política de ambas partes para construir una nueva y  verdadera etapa de prosperidad en las Américas.