PUERTO ESPAÑA, 19 abr (Xinhua) -- Con la promesa de
iniciar una nueva etapa en sus relaciones bilaterales, los mandatarios de
Estados Unidos y América Latina concluyeron hoy la V Cumbre de
las Américas, en un ambiente moderadamente optimista, tras un diálogo
franco y abierto, que contribuyó a elevar la confianza mutua.
Aunque no hubo unanimidad en todos los temas que se
debatieron, los mandatarios sí coincidieron en que se abría un nuevo
capítulo en los complejos vínculos de las dos regiones, separadas no sólo
por las asimetrías económicas, sino también por las diferentes
visiones para alcanzar el desarrollo.
Lo más novedoso de este cónclave fue la postura
constructiva del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien se
esforzó por convencer a sus pares de que desea tener una relación de
igual a igual con ellos, lo que contrasta con la actitud de su
antecesor, George Bush.
Hace cuatro años, en la cumbre de Mar del Plata,
Argentina, Bush sufrió una derrota política al ser rechazada su propuesta
de crear un Area de Libre Comercio para las Américas (ALCA), la cual
ha quedado definitivamente sepultada en Trinidad y Tobago, donde no
fue mencionado ese proyecto.
La frase de Obama en su discurso ante la cumbre: "No
vine aquí a debatir el pasado, vine a hablar del futuro", podría
inscribirse en la historia si su retórica pasa a convertirse en hechos
concretos.
Pese a que la agenda de esta cumbre incluía una
temática variada, desde la prosperidad, la gobernabilidad democrática, la
seguridad energética y el cambio climático, los temas de la
crisis económica global y el bloqueo estadounidense a Cuba
concentraron la atención de los jefes de Estado y Gobierno.
La Declaración de Compromiso de Puerto España no
recoge propuestas concretas para enfrentar la debacle económica mundial,
pero en los debates se adhirieron a los acuerdos de la cumbre del
G-20 del pasado 2 de abril en Londres, expresando preocupación
porque los organismos internacionales prevén que la economía mundial
tendrá en 2009 un crecimiento negativo.
Los mandatarios confirmaron que todos los países ya
están sufriendo los efectos de la crisis, no sólo en las caídas de las
exportaciones y los precios de las materias primas, sino en el
empleo y el ingreso de los sectores vulnerables, lo que llevará a la
pobreza a unos seis millones de personas.
En los tres días de la cumbre, el jefe de la Casa
Blanca no escuchó a sus interlocutores señalar que esta vez la crisis
internacional nació en la región, como recordatorio de los malos
manejos económicos de Estados Unidos y la obligación de este país a
aportar las soluciones.
En esta oportunidad prevaleció la franqueza y la
cordialidad, cuando había grandes expectativas de confrontación,
básicamente por la posición de los países que integran el ALBA
(Alternativa Bolivariana de las Américas), encabezada por Venezuela, que
pedían una respuesta convincente ante la crisis y el término del embargo
a Cuba.
Los integrantes de ALBA no firmaron la Declaración
final, pero decidieron no cuestionarla, en aras de contribuir al éxito de
la cumbre y enviar una señal constructiva a Obama ante su buena
voluntad. Su tesis era que un fracaso podría tronchar la idea de
Obama de iniciar una nueva era en los lazos entre el norte y el sur
de América, cuya historia está llena de desencuentros por la política
imperialista de Washington.
Obama optó por "escuchar y aprender", lo contrario
de sus antecesores que se acostumbraron a visitar a los países
latinoamericanos y caribeños para dar órdenes e imponer políticas
alejadas de la realidad de la región, donde Estados Unidos ha ido
perdiendo poder e influencia en las últimas décadas.
Resulta de gran interés que el presidente
estadounidense aceptara la actual diversidad de regímenes políticos de la
región y su pluralidad político-ideológica, incluyendo a Cuba, que fue
separada de la Organización de Estados Americanos (OEA) por adoptar
el marxismo-leninismo, considerado "incompatible" con el sistema
interamericano.
Por ello, el clamor expresado por América Latina y
el Caribe para pedir el fin del bloqueo a la isla, que le ha ocasionado no
sólo pérdidas económicas, sino daños irreparables a la población,
refleja la unidad continental hacia un pequeño país, que está
considerado como un símbolo de resistencia ante el imperio.
Al mismo tiempo, la histórica oferta de diálogo con
Cuba significó el mayor esfuerzo político de Estados Unidos en esta
cumbre, y genera una nueva relación con la región, lo cual fue
reciprocado por La Habana, dispuesta a conversar cualquier tema,
pero ha exigido que sea de igual a igual, con respeto a su
soberanía.
La propuesta de Washington está acompañada de
ciertas condiciones que podrían entorpecer las negociaciones y no incluye
la idea de levantar el bloqueo a la isla, pero el interés mutuo por
cambiar el status actual, nacido en la Guerra Fría, debiera prevalecer y
normalizar las relaciones, como han pedido los gobiernos de la
región.
Si hay ganadores en esta V Cumbre, fueron Cuba
porque se le hace justicia y el gobierno de Estados Unidos por asumir que
hay que avanzar hacia el futuro con una nueva política hacia sus
vecinos del sur, ya que ambas se necesitan mutuamente.
En esta visita a la región, Obama anunció varios
proyectos, como un acuerdo interamericano contra el tráfico de armas que
sirve a los cárteles de la droga, un fondo de 100 millones de
dólares para favorecer los préstamos a las pequeñas empresas, una
iniciativa de 30 millones de dólares para reforzar la seguridad en el
Caribe y una asociación para la energía y el clima.
A diferencia de otras cumbres hemisféricas, en
Puerto España hubo más llamados a derrotar enemigos comunes, como la
pobreza, la inestabilidad financiera y la crisis económica, y menos
críticas a Estados Unidos por sus acostumbradas políticas injerencistas.
La cumbre termina con muchas promesas e
interrogantes sobre el futuro del hemisferio, en medio de la peor crisis
económica desde el siglo pasado, pero esta situación pudiera ser una
oportunidad para un "nuevo comienzo", donde tanto Estados Unidos como
América Latina y el Caribe tienen que poner de su parte para consolidar
la confianza establecida en Trinidad y Tobago.
Ese proceso se ha iniciado, pero se necesita
una fuerte voluntad política de ambas partes para construir una nueva
y verdadera etapa de prosperidad en las Américas.