BRUSELAS, 31 mar (Xinhua) -- Sea cual sea el
resultado de la cumbre de este jueves en Londres, el mero hecho de que se
haya convocado una cumbre del G20 para abordar la peor crisis
económica internacional en una generación representa un cambio en el
equilibrio del poder mundial.
Después de Londres, es difícil pensar que el G8, el
exclusivo club de los ricos del norte, recupere su lugar como el foro
económico global más importante. La cumbre del G8, prevista para el
10 de julio en la isla italiana de La Maddalena, corre el riesgo, ahora,
de convertirse en un evento secundario.
La reunión de Londres supone una respuesta conjunta
de las economías desarrolladas y de las economías en vías de desarrollo
a la crisis económica.
La razón para eso está clara: la crisis que se
inició en el mercado de las hipotecas de alto riesgo de Estados Unidos
está llevando ahora a una recesión global y se necesita una respuesta
global, no sólo occidental.
"La fuente global de bienes y servicios implica que
ahora dependemos demasiado unos de otros y que lo que ocurra en
cualquier lugar puede tener consecuencias en todas partes", afirmó el
primer ministro británico Gordon Brown.
Las naciones que participan en la cumbre del G20
representan el 85 por ciento de la producción económica mundial. En la
reunión, sus dirigentes están buscando acciones en cinco campos:
- Algún tipo de reafirmación de la necesidad de
estímulo fiscal para ayudar a reactivar el crecimiento.
- La reforma de los mercados financieros para
garantizar que el juego de alto riesgo de los banqueros no pueda llevar al
sistema financiero internacional a balancearse.
- Incrementar los recursos del Fondo Monetario
Internacional (FMI) y del Banco Mundial para que puedan rescatar a
naciones con dificultades, y darle una mayor voz a las economías
emergentes en la toma de decisiones de dichos organismos.
- Un rechazo al proteccionismo y el compromiso de
inyectar mayor actividad en el comercio mundial.
- La adherencia a los objetivos del desarrollo y del
cambio climático.
En los últimos días, la Casa Blanca ha restado
importancia a sus discrepancias con Europa y Asia en lo que respecta a su
petición de un nuevo paquete de estímulo global.
En su lugar, EEUU espera seguir con el compromiso de
que primero se le debe dar tiempo a los planes nacionales que se han
adoptado para inyectar miles de millones en la economía mundial.
"Respecto al estímulo, se va a acordar que los
países del G20 harán lo que sea necesario para promover el crecimiento y
el comercio", afirmó el presidente estadounidense Barack Obama en
una entrevista con el periódico The Financial Times publicada este
martes.
"Teniendo en cuenta que la mayoría de los países ya
ha adoptado significativos paquetes de estímulo, existe una preocupación
legítima sobre la necesidad de ver cómo funcionan".
Se espera que los dirigentes anuncien que
duplicarán, al menos, el fondo de reserva de 250.000 millones de dólares
USA del FMI.
Japón ya ha prestado al FMI una suma adicional de
100.000 millones de dólares y la Unión Europea ha ofrecido una aportación
similar.
Sin embargo, se está buscando más de otros países,
por el temor de que el FMI pueda tener que actuar para rescatar a más
naciones cuyas economías están al borde del colapso. Desde septiembre, el
FMI ha tenido que gastar más de 50.000 millones de dólares en
préstamos a una docena de países, desde Hungría hasta Pakistán.
Según fuentes oficiales chinas, Beijing ha
confirmado su apoyo a la decisión del FMI de elevar sus fondos y está
dispuesto a contribuir dentro de su capacidad, aunque se ha de encontrar
un equilibrio entre los derechos y las obligaciones de los países
contribuyentes.
Desde Bruselas se ha indicado que los europeos están
dispuestos a revisar el sistema actual, en el cual Europa y EEUU se
reparten los máximos cargos del FMI y del Banco Mundial. No obstante, los
cambios no concluirán en Londres.
Francia ha pedido algún tipo de regulador global,
pero su demanda ha contado con la oposición de Reino Unido, EEUU y
Alemania. Los dirigentes de los países del G20 se pondrán de
acuerdo, sin embargo, acerca de impulsar la cooperación entre sus
organismos de supervisión financiera nacionales para asegurar un
mayor control sobre las actividades de empresas transnacionales.
La administración Obama ya ha anunciado sus planes
para aumentar los controles sobre los fondos de alto riesgo ("hedges
funds"), el comercio de derivados, los mercados de capital de riesgo
y otros productos financieros con riesgos potenciales. Los borradores
preliminares del comunicado de la cumbre también señalan la necesidad de
adoptar drásticas medidas contra las cuentas en bancos secretos y los
paraísos fiscales.
Aunque los dirigentes del G20 coincidirán en
oponerse al proteccionismo, no habrá ningún cambio inmediato en las
estancadas negociaciones sobre el comercio mundial de la Ronda de
Doha.
En la cumbre, sin embargo, se podría anunciar la
disposición de más dinero para créditos de importación y exportación a fin
de reactivar el comercio, que está cayendo por primera vez en un
cuarto de siglo.
Se estima que más del 90 por ciento de
las transacciones comerciales del mundo dependen de alguna forma de
créditos y, con el actual colapso de la confianza de los prestamistas, se
prevé que el déficit de la financiación comercial ha ascendido a
los 300.000 millones de dólares.