Por Omar Mendoza
SANTIAGO, 23 mar (Xinhua) -- Ante la incertidumbre
de la crisis económica global, muchos países han comenzado a aplicar el
llamado proteccionismo, consistente en políticas públicas que intentan
proteger la producción nacional frente a la competencia extranjera.
Pero resulta paradójico que en un mundo
completamente globalizado se acuda a estas prácticas que limitan el libre
flujo del comercio.
Para países pequeños como Chile, que tiene un modelo
económico que dedica casi un 60 por ciento de su Producto Interno Bruto
(PIB) a las exportaciones, cualquier tipo de medida proteccionista resulta
devastadora para sus economías.
Anteriormente, las barreras al comercio mundial
consistían en la imposición de aranceles o impuestos a la importación de
productos extranjeros, pero en la actualidad se utilizan exhortaciones o
llamados nacionalistas para imponer el nuevo proteccionismo.
Poco a poco se ha ido formando una ola de
proteccionismo, que pudiera provocar que se extienda y profundice la
actual crisis.
La primera señal provino del congreso de Estados
Unidos, al aprobar una cláusula en el plan de estímulo económico por
787.000 millones de dólares del presidente Barack Obama, denominada "Buy
American" (Compre estadounidense), que exige a las empresas utilizar
acero y otras materias primas de procedencia nacional.
La industria automotriz estadounidense ha recibido
más de 17.000 millones de dólares para que no siga perdiendo empleos, que
pudieran llegar a dos millones y medio de desocupados, lo que también se
pudiera interpretar como una acción proteccionista.
Desde hace un año, el primer ministro británico,
Gordon Brown, ha impulsado la campaña "Empleos británicos, para
trabajadores británicos", para evitar la contratación de
inmigrantes.
El gobierno ecuatoriano también decretó el lema:
"Primero Ecuador" , elevando los aranceles a casi 1.000 productos
importados, incluyendo productos electrónicos, de transporte, materiales
de construcción y alimentos.
Argentina ha establecido requisitos de licencias a
productos como piezas de automóviles, textiles, televisores, juguetes y
artículos de cuero.
La Unión Europea acordó reintegrar las subvenciones
a la exportación sobre productos lácteos, y el gobierno español comenzó
una campaña promoviendo que los ciudadanos viajen en el interior del
país y adquieran productos nacionales.
Por su parte, Indonesia limitó el número de puertos
y aeropuertos que sirven de entrada a ciertas importaciones y obligará a
sus casi cuatro millones de empleados públicos a consumir productos
locales, que van desde calzado hasta maquinaria pesada.
En casi todas las crisis económicas anteriores
resucitó el proteccionismo. Tras la crisis del petróleo en los 70, hubo un
frenazo al proceso de liberalización comercial que había comenzado
en los años 60.
Por ejemplo, en Europa se impusieron cuotas a los
automóviles y a los textiles que procedían de Asia.
En la llamada "crisis asiática" a fines de los 90,
también renació un movimiento a favor de proteger los productos
nacionales.
Hay que recordar que cuando se produjo la Gran
Depresión de 1929, en Estados Unidos se promulgó la ley 'Smoot-Hawley',
una normativa que elevaba del 25,9 al 50 por ciento el tipo medio de
arancel de unos 20.000 productos extranjeros.
La medida provocó que un gran número de países
respondieran con similares imposiciones sobre los productos americanos,
por lo que las exportaciones del gigante pasaron de los 5.200 millones de
dólares en 1929 a 1.700 millones en 1933.
Las actuales medidas proteccionistas se producen
pese a los llamados realizados en noviembre por las cumbres de mandatarios
del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC) en Perú; y la del
Grupo de 20 naciones más industrializadas o G-20, en Washington, las
cuales instaron a promover la liberalización del comercio como un
medio para detener la crisis.
También, los líderes latinoamericanos reunidos en
Brasil el pasado diciembre se pronunciaron por evitar el
proteccionismo.
Todavía es muy pronto para predecir los efectos que
esta ola proteccionista tendrá en la economía mundial.
Pero ya en diciembre pasado el Banco Mundial
calculaba que el comercio va a caer por primera vez en 27 años y
retrocederá un 2,1 por ciento frente al crecimiento del 6 por ciento
registrado en 2007.
La próxima semana, se reúne de nuevo el G-20 en
Londres, y allí se debatirá otra vez sobre la conclusión de la Ronda de
Doha para el Desarrollo, que busca acordar reglas para el libre comercio
en el mundo y ha sido obstaculizada por el rechazo de los países
desarrollados a eliminar los subsidios a sus productos agrícolas.
Si los gobiernos siguen blindando sus
economías, crecerá la incertidumbre ante la recuperación y se prolongará la
debacle económica desatada en Estados Unidos.