WASHINGTON. 20 mar (Xinhua) -- Para los
estadounidenses, el 20 de marzo de 2003 es un día inolvidable, debido a que
Estados Unidos lanzó la llamada "Operación Decapitación", el nombre clave
con el cual bautizó a la operación estadounidense para derribar del
poder a Saddam Hussein.
Sin embargo, la sangrienta guerra que ha durado seis
años ha inflingido grandes pérdidas para EEUU, incluyendo miles de
soldados muertos y el gasto de más de 600 mil millones de dólares. El
inesperado costo ha aparentemente debilitado a la única superpotencia
mundial, dejándola en un aislamiento sin precedentes y en una apremiante
situación.
Seis años después del inicio de los combates, el
actual presidente estadounidense Barack Obama decidió cumplir con sus
promesas de la campaña electoral, señalando que todas las tropas de
combate serán retiradas de Irak para finales de agosto de 2010. Al parecer,
al hacer el anuncio largamente esperado, Obama está intentando ejercer una
forma de poder inteligente, un concepto empleado por la nueva
administración para poner en práctica los próximos cuatro años.
Desfortunadamente la guerra de Irak, la cual ya está
comprobado no tenía bases, es absolutamente una maligna consecuencia del
pensamiento tradicional del gobierno estadounidense sobre el
promover en otros países una democracia del estilo de la de EEUU.
George W. Bush, quien estuvo detrás de la planeación
y organización de la Guerra de Irak, una vez prometió públicamente
una y otra vez el hacer de Irak un ejemplo de democracia en el Medio
Oriente.
Por ahora, el anuncio del cronograma del retiro
militar por parte de la administración Obama para terminar la guerra en
Irak debería ser la demostración de la presión que ha sentido
efectivamente el nuevo inquilino de la Casa Blanca.
Sin embargo, para la decepción de muchos, el
gobierno de dos meses de duración de Obama, esta siguiendo, a la fuerza o
por su voluntad, la política exterior de su predecesor, George W.
Bush.
Una semana después de asumir su cargo, Obama señaló
al mundo islámico, que "los estadounidenses no son sus enemigos". Pero en
la práctica, la administración Obama continúa catalogando al
movimiento islámico Hamas, y a Hezbollah en el Líbano, ambas muy
influyentes en el Medio Oriente, como organizaciones terroristas.
Washington también se sintió confundido por la
decisión del Reino Unido de reestablecer contactos con el ala política de
Hizbulá, y solicitó que Londres explicara "la diferencia entre
las ramas política, social y militar de Hizbulá, porque no vemos cual
es la diferencia entre el liderazgo integrado que ellos ven", según
una fuente anónima citada la semana pasada por The New York Times, y que
corresponde a una alta autoridad de gobierno estadounidense.
Por otra parte, para permanecer consistente con la
política de Bush en relación a Irán, Obama señaló en un mensaje al
congreso la semana pasada que EEUU continuará sus sanciones contra el país,
en la medida que "las acciones y políticas del gobierno de Irán son
contrarios a los intereses de EEUU en la región, y posee una inusual
y extraordinaria amenaza" para para la seguridad nacional y económica del
país.
En relación a la solución del tema nuclear en la
península coreana, la administración Obama ha hecho un llamado para el
reinicio del dialogo a seis bandas, y buscó tener un diálogo con la
Repúlica Popular Democrática de Corea (RPDC). Sin embargo, continúa
provocando a Pyongyang con la realización de ejercicios miliares conjuntos
con la República de Corea, la cual está uniéndose a Japón para detener el
planeado lanzamiento de un satelite por parte de la RPDC.
La administración de Obama también se resiste a
desechar el plan para instalar un escudo antimisiles en el este de Europa,
el cual fue impulsado por la administración de Bush. "El sistema de
defensa antimisiles del cual hemos hablado está dirigido no hacia
Rusia, sino hacia Irán", señaló Obama a la prensa después de
reunirse con el primer ministro británico Gordon Brown en la Casa
Blanca a principios de marzo.
Aún más, Obama continúa con los esfuerzos de Bush de
aumentar la presencia militar en Afganistán, prometiendo ganar la
principal guerra antiterrorista promovida por Bush.
En retrospectiva, al ver las acciones de
la administración Obama en los últimos dos meses, sería difícil señalar
que el sucesor de Bush ha hecho un cambio en la política exterior de
su predecesor.