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ESPECIAL: ¿Existe libertad religiosa en el Tíbet?
  20.03.2009 Actualizado a las 12:39:30
 

     Por Iñaki Preciado Idoeta* 

     MADRID, 19 mar (Xinhua) -- El gobierno tibetano en el exilio  afirma que en el Tíbet no hay verdadera libertad religiosa. Se trata  de una afirmación totalmente gratuita, que carece del menor  fundamento.  

     Los monjes y monjas tibetanos gozan de total y completa libertad  para realizar todo tipo de actividades religiosas.  

     Lo que no les está permitido por la ley es involucrarse, directa  o indirectamente, en actividades políticas secesionistas. 

     Actualmente, el número de monjes y monjas en las regiones  tibetanas es elevadísimo, y ningun país de Occidente cuenta entre su  población con una cifra proporcional tan alta de religiosos.  

     Por poner un ejemplo, es como si en España hubiese más de un  millón de religiosos. En las regiones de Kham y Amdo, concretamente  en las provincias de Sichuan, Yunnan, Qinghai y Gansu, no existe  limitación al número de monjes.  

     En el distrito de Serta, de la región de Ganzi, visité hace años  una universidad monástica ñingmapa donde vivían hasta 8.000 monjes y  monjas, y conozco o me han hablado los mismos monjes de bastantes  monasterios con 2.000 y 3.000 monjes.  

     En la actualidad se encuentran activos más de 2.000 monasterios,  y los monjes se desplazan con libertad de un monasterio a otro, como  peregrinos o para recibir enseñanzas de algún maestro.  

     La situación ha cambiado a partir del año pasado por razones  fáciles de entender, pero aun así, en estos últimos meses he podido  comprobar que los monjes en la región de Kham se desplazan como  antes, con la única diferencia de tener que registrarse, a veces, al  igual que los seglares (tibetanos, han y extranjeros), en algún  control de policía.  

     Aunque algunos monjes bonpos y ñingmapas trabajan junto con sus  familias en ciertas épocas del año, la mayor parte de los monjes  vive a expensas de sus familias o de las donaciones de los fieles.  

     En Kham hay monasterios y monjes que tienen pequeñas tiendas  (regalos, comestibles, ropa), y no sólo en el recinto del monasterio,  sino también en las ciudades vecinas. 

     En la Región Autónoma del Tíbet (RAT), las autoridades han  adoptado medidas que limitan el número de monjes. 

     Así, por ejemplo, el monasterio de Drepung, en las afueras de  Lhasa, llegó a albergar hasta 10.000 monjes, y ahora no se permite  que sú numero sobrepase los 1.000. 

     Además, desde 1998 no se autoriza la entrada en el monasterio  hasta no haber acabado la enseñanza obligatoria, hacia los 15 años.  

     En cambio, en todas las demás zonas tibetanas tales restricciones  no existen, y en todos los monasterios se puede oír el griterío de  los niños-monjes (algunos de 7 u 8 años) que llenan las escuelas  monásticas.  

     Los monasterios son el 90 por ciento budistas, el resto bonpos.  También hay una importante comunidad musulmana (algunos viviendo en  el Tíbet desde hace varias generaciones) con sus mezquitas.  

     Y no faltan pequeñas comunidades cristianas, con sus iglesias,  católicas y protestantes.  

     Lo único que vigilan las autoridades sobre estas últimas es que  no vuelvan a servir de vehículo para la penetración política y  cultural de Occidente, como ocurrió en el siglo XIX y XX en la China  feudal y semicolonial de entonces. Aunque a menudo se cuelan sus  misioneros, a través de ONGs y otras organizaciones de ayuda  supuestamente humanitaria.  

     El peligro que amenaza al budismo tibetano, y que  sorprendentemente parecen ignorar algunos grandes lamas, viene  precisamente de Occidente.  

     En Ladak, que es una parte del Tíbet ocupada por India (aunque de  esto nada dice el Dalai Lama), se han multiplicado en los últimos  años las conversiones de los jóvenes tibetanos al cristianismo.  

     Ello es debido al pertinaz y eficiente proselitismo de los  misioneros, sobre todo evangelistas.  

     Para un joven tibetano, deslumbrado por Occidente y sobre todo  por Estados Unidos, hacerse cristiano significa toda una serie de  ventajas, empezando por las económicas. 

     Para terminar, una última consideración: He llegado a pensar que  cuando el gobierno tibetano en el exilio afirma que en el Tíbet no  hay verdadera libertad religiosa, lo que busca con ello no es sólo  justificar los planteamientos políticos radicales del gobierno del  Dalai Lama, sino también tener un pretexto para permanecer en el  exilio.  

     Los grandes lamas, empezando por el Dalai Lama, viven en un  exilio dorado, en condiciones materiales infinitamente mejores que  las que tienen que soportar los grandes lamas que han preferido  mantenerse junto a su pueblo, en los monasterios remotos, donde las  condiciones de vida son a veces durísmas, como he podido comprobar  por mí mismo. 

     "¿Dónde está vuestro rinpoche (huofo, buda viviente)?", pregunté  una vez a unos tibetanos nómadas del distrito de Dege, en Kham.  

     "Vive desde hace años en Canadá", me respondieron, "alguna vez  viene a vernos y nos trae dinero, pero sólo está unos días y en  seguida se marcha". 

     Para los tibetanos, los rinpoches son como padres, y cuando un  rinpoche se marcha al exilio, es como el padre que abandona a su  familia.  

     Un día le pregunté al rinpoche del monasterio ñingmapa (hongjiao)  de Shechin, en ese mismo distrito de Dege: ¿"Por qué no se ha ido al  extranjero, como han hecho otros rinpoches?, a lo que me respondió: " No me he ido ni me iré, porque sé que el rinpoche que va al  extranjero cambia".  

     No hace falta decir que el cambio al que se refería era "cambiar  a peor". Igual que el rinpoche de Shechin, son muchos los rinpoches  que han decidido seguir con su gente, no abandonarla, pues sus  actividades religiosas no encuentran el menor obstáculo por parte de  las autoridades.  

     La gran mayoría de los rinpoches bonpos están en el interior. Son  esos grandes lamas los que merecen el mayor de los respetos. 

     *Iñaki Preciado Idoeta es español, doctor en Filosofía, traductor y  tibetólogo.