HONG KONG, 19 dic (Xinhua) -- En septiembre de 2008, la  tormenta financiera global derivada de la crisis de las hipotecas  de alto riesgo en Estados Unidos, se agravó dramáticamente con la  implosión de varias instituciones financieras. La tormenta  evolucionó pronto hacia una recesión económica integral en los  países desarrollados. 

     La onda expansiva de la crisis llegó hasta Asia, afectando a la economía regional y provocando una serie de medidas políticas que  fueron adoptadas por los países asiáticos para estabilizar los  mercados financieros, restaurar la confianza de los inversores y  mitigar el impacto de la crisis sobre la economía real. 

     LA CAIDA SE SIENTE EN ASIA  

     Asia, como el resto del mundo, ha sido golpeada por la crisis  con dureza. 

     En China, el principar motor de crecimiento de las economías  emergentes de Asia, el crecimiento del Producto Interior Bruto  (PIB) cayó hasta el 9 por ciento en el tercer trimestre del año,  frente al 11,5 por ciento registrado durante el mismo período de  2007. Se trata de su tasa de crecimiento más baja en más de cinco  años. 

     La economía japonesa está sumergida en una recesión. El PIB se  contrajo por segundo trimestre consecutivo en el tercer trimestre  de 2008, cayendo un 0,4 por ciento anualizado en términos reales  tras una contracción anualizada del 3,7 por ciento en el segundo  trimestre. 

     El crecimiento agregado del PIB en otras ocho grandes economías emergentes de Asia Oriental se redujo hasta el 3 por ciento,  respecto al máximo del 6,2 por ciento registrado en el tercer  trimestre de 2007, según datos del Banco Asiático de Desarrollo  (BAD). 

     Durante buena parte de 2008, las bolsas de la región  mantuvieron una tendencia a la baja debido a que la crisis global  provocó una liquidación masiva e hizo que los inversores se  sintieran temerosos ante una profunda recesión económica global.  Un par de veces durante 2008, todas las bolsas de la región se  desplomaron virtualmente el mismo día. 

     Los índices bursátiles de Indonesia y Tailandia, algunos de los mercados asiáticos más afectados, cayeron en casi un 50 por ciento, seguidos por Singapur, Taiwán y Hong Kong, con unas pérdidas de un 40 por ciento. El índice compuesto de Shanghai, en China, cayó un  30 por ciento desde julio hasta finales de noviembre de 2008, pese a las medidas del gobierno para estimular el crecimiento y  restaurar la confianza de los inversores. 

     Desde la congelación de los mercados crediticios globales a  mediados de septiembre, muchas monedas en la región se depreciaron respecto al dólar estadounidense. El won de Corea del Sur registró la mayor devaluación, un 29 por ciento desde julio hasta finales  de noviembre, debido a un enorme déficit de la cuenta corriente y  a la masiva retirada de flujos de la cartera de inversiones  extranjeras. La rupia de Indonesia cayó un 25 por ciento durante  ese período. 

     En su último informe sobre las perspectivas económicas globales, el Banco Mundial dijo que la economía mundial estaba cambiando  desde "un crecimiento fuerte de largo plazo" impulsado por los  países en desarrollo hacia un momento de "gran incertidumbre". 

     ACCIONES RAPIDAS  

     Para luchar contra la crisis, las autoridades de la región han  anunciado o empezado a implementar una serie de medidas políticas, desde la garantía de depósitos, la relajación monetaria y la  inyección de liquidez hasta la intervención en el mercado de  divisas y planes fiscales para la estimulación económica. 

     Cabe destacar el paquete de estimulación económica sin  precedentes que anunció China el 9 de noviembre, por valor de  cuatro billones de yuanes (unos 586.000 millones de dólares USA),  para los próximos dos años, destinado a incentivar la demanda  interna ante un entorno externo deteriorado. Unos 120.000 yuanes  (17.600 millones de dólares USA) del paquete serán desembolsados  hacia finales de 2008. 

     El plan fue bien recibido a nivel global. Los analistas  indicaron que, por su gran escala, el paquete tendría un impacto  significativo sobre el crecimiento económico de China, pues se  espera que añada un punto porcentual al crecimiento anual de su  PIB. 

     Japón, por su parte, reveló en diciembre un nuevo plan para  reactivar la economía del país por valor de 23 billones de yenes  (unos 256.000 millones de dólares USA), elevando a más de 550.000  millones de dólares USA la suma total de su paquete de  estimulación económica. Corea del Sur, asimismo, anunció una serie de medidas para promover la economía, entre las que se encontraban 11.000 millones de dólares USA para el aumento del gasto público y la reducción fiscal. Singapur también anunció que facilitaría  apoyo adicional para préstamos por valor de 2.300 millones de  dólares USA, a fin de mejorar el acceso a créditos de las empresas locales. 

     Además, en las economías asiáticas se efectuaron reducciones de tipos de interés, otra medida destinada a estimular el mercado. En diciembre, Corea del Sur bajó sus tipos de referencia en un punto  porcentual íntegro hasta el mínimo histórico del 3 por ciento en  el que era su cuarto recorte en dos meses, mientras que los  dirigentes del país trataban de aumentar su capacidad defensiva  ante la ralentización de los mercados de exportación. Casi al  mismo tiempo, Taiwán reducía sus tipos de interés en un 0,75 por  ciento hasta situarlos en el 2 por ciento, la reducción más  agresiva que hacía en décadas y su quinto recorte en dos meses. 

     A medida que empeora la crisis financiera, los dirigentes  asiáticos encuentran cada vez más necesario mostrar unidad y  adoptar esfuerzos concertados en este asunto. En estos últimos  meses de 2008 se han celebrado una serie de cumbres y conferencias internacionales que han reunido a los dirigentes y ministros de  Finanzas de las naciones asiáticas para abordar la agenda  económica. 

     Los ministros de los diez países miembros de la Asociación de  Naciones del Sureste Asiático (ASEAN, siglas en inglés) se  reunieron en octubre en Dubai, los líderes de los países asiáticos se reunieron con sus colegas europeos dos semanas más tarde en  Beijing y la última cita tuvo lugar en la ciudad japonesa de  Fukuoka el pasado 13 de diciembre, donde los dirigentes de China,  Japón y Corea del Sur sostuvieron su primera cumbre conjunta. 

     Los líderes de estos tres países se comprometieron a realizar  más desembolsos para estimular la demanda interna y contrarrestar  la ralentización del crecimiento global provocada por la recesión  en EEUU. Japón y China también acordaron abrir líneas de crédito  de divisa para Corea del Sur, cuya economía ha sido la más  afectada. 

     PEORES PERSPECTIVAS PARA 2009  

     En lo que respecta a la perspectiva para el año 2009, el BAD ha dejado claro en su informe bianual, que lleva por título Monitor  Económico de Asia, que el crecimiento de las economías asiáticas  se ralentizará mucho más rápido de lo esperado. 

     El informe, publicado el 11 de diciembre, advierte que el  deteriorado entorno externo dañará aún más las perspectivas  inmediatas de crecimiento de los países asiáticos en desarrollo.  El BAD ha proyectado un crecimiento agregado del PIB del 5,8 por  ciento para 2009, que contrasta con el 6,9 por ciento que se  estimaba para este año. 

     "Es muy posible que el entorno económico externo para los  países asiáticos en desarrollo empeore, dado que las principales  economías industrializadas seguirán contrayéndose, las condiciones financieras globales se mantendrán tensas y crecimiento del  comercio mundial se ralentizará bruscamente", según dicho informe. 

     "Los riesgos para las perspectivas de crecimiento en la región  dependen en gran medida del panorama global, a través de los  vínculos comerciales y financieros", indicó Jong-Wha Lee, jefe de  la oficina de integración económica regional del BAD. "Los  trastornos financieros también pueden ejercer una influencia  significativa sobre la confianza de los consumidores y los  inversores de la región". 

     El BAD pronosticó que 2009 sería un año complicado para las  economías asiáticas en desarrollo, pero que se podrían manejar las dificultades si los países reaccionaban con decisión y  colectivamente. 

     El economista abogó por que los actores políticos lleven a cabo acciones diligentes para resistir las amenazas que acechan a los  sistemas financieros y a la economía real, lo cual "permitirá a la mayoría de las economías de la región mantener una expansión sana  aunque más lenta".