BEIJING, 18 dic (Xinhua) -- Tras 10 años de deliberación y  planificación, China iniciará una reforma del impuesto a los  combustibles en el próximo año, como parte de los esfuerzos del  país por hacer mas eficientes sus sistemas de fijación de precios. 

     Se tratará de la más reciente medida política importante  orientada al mercado aplicada por China en sus tres décadas de  campaña de reforma y apertura. 

     Hoy jueves es el 30º aniversario de dicha campaña de China,  periodo durante el cual se impulsó el crecimiento del producto  interno bruto hasta un ritmo medio anual del 9 por ciento, una  velocidad raramente vista en la historia económica global. 

     No obstante, la celebración de los éxitos logrados durante los  últimos 30 años se vio ensombrecida por la crisis financiera  global, que se está profundizando y extendiendo a nivel mundial,  devastando los sistemas financieros de países desarrollados y  ennegreciendo las perspectivas económicas internacionales. 

     Muchos economistas y comentaristas han expresado sus  preocupaciones por una posible sobrerreacción de China ante la  crisis y el abandono de la reforma y apertura. Este punto de vista lo compartió Fred Hu de Goldman Sachs, quien escribió en el Wall  Street Journal que "Beijing está tomando decisiones poco adecuadas en respuesta a los recientes acontecimientos dentro y fuera del  país". 

     A juzgar por las recientes medidas macroeconómicas de China, y  especialmente por los discursos pronunciados por sus líderes, es  improbable que China cambie su rumbo de desarrollo. 

     En la reunión celebrada hoy con motivo del 30º aniversario de  las reformas, el presidente chino Hu Jintao atribuyó todos los  éxitos logrados por el país en el desarrollo económico y social a  las políticas vigentes, que se comprometió a continuar aplicando. 

     La recién concluida Conferencia Central sobre el Trabajo  Económico subrayó que China debe atenerse a los principios básicos de construir una economía de mercado socialista y de abrirse al  mundo exterior. 

     En noviembre pasado, cuando la economía china sufrió el impacto de la crisis financiera global, el Consejo de Estado (gabinete  chino) decidió invertir cuatro billones de yuanes (unos 588.000  millones de dólares) en los próximos dos años para estimular la  demanda interna y mantener el crecimiento económico en un 8 por  ciento. 

     La economía de China depende en gran medida de las  exportaciones, y hasta ahora, el impacto más grave de la crisis en China ha sido la reducción de la demanda externa. El gobierno ha  reconocido el peligro de la dependencia excesiva de las  exportaciones y ha estado haciendo esfuerzos por transformar el  patrón del crecimiento económico. 

     Desde esta perspectiva, la crisis es una oportunidad, más que  un riesgo. Las nuevas políticas indican que el gobierno presta  suma atención al estímulo del consumo interno, especialmente en  las zonas rurales. Esta medida también puede reducir la distancia  entre las zonas urbanas y las rurales y entre los grupos de  ingresos. 

     No existe señal de que China vaya a suspender las reformas. De  hecho, la recientemente aprobada reforma del impuesto sobre  combustibles, que entrará en vigor el 1 de enero de 2009,  constituye un enérgico ataque contra las dos últimas fortalezas de precios que todavía se encuentran bajo el estricto control del  gobierno: los combustibles y la electricidad. 

     Esta reforma también ejercerá un impacto más allá de los  precios. 

     Entretanto, se están preparando otras importantes reformas, que involucran el sistema de seguridad social y la atención médica  rural. 

     Respecto a la apertura al exterior, China ha autorizado a 20  inversores institucionales extranjeros cualificados a entrar en el mercado al tiempo que este año varios bancos extranjeros han  abierto sucursales en China. Por su parte, los principales bancos  comerciales de China también han abierto sucursales en el  exterior. 

     También continúan las adquisiciones de las compañías chinas en  el extranjero, con la última adquisición por valor de 1.500  millones de dólares de la compañía petrolera canadiense Tanganyika, por parte de la compañía Sinopec, en diciembre. 

     Con la creciente integración de su economía en el mundo, China  ha prestado una meticulosa atención a la cooperación  internacional. Durante los últimos dos meses, el presidente Hu  Jintao y el primer ministro Wen Jiabao sostuvieron conversaciones  con los líderes de las principales economías del mundo, buscando  vías para que el sistema financiero y la economía globales se  salven de la crisis. 

     La crisis financiera sólo es uno de los desafíos inesperados a  los que China se enfrenta este año. Otros incluyen la prolongada  tormenta de nieve en enero y el devastador terremoto del pasado 12 de mayo, en la provincia suroccidental de Sichuan. 

     China se servirá del reglemento para prevenir la turbulencia  del mercado, y no detendrá las reformas orientadas al mercado y la apertura al mundo exterior.