Por Carlos Yépez 

     RIO DE JANEIRO, 16 dic (Xinhua) -- La bolsa de Sao Paulo llegó a  operar este año en su máximo histórico, pero también en su menor  nivel en tres años, debido no sólo a las turbulencias provocadas por  la crisis financiera internacional, sino también a que el mercado  supo anticipar sus graves efectos. 

     Según analistas consultados por Xinhua, la fuerte caída sufrida  por la Bolsa de Valores de Sao Paulo este año no puede ser atribuida  sólo a las turbulencias en los mercados internacionales. 

     También obedeció, explican, a que el agravamiento de la crisis  sorprendió a Brasil en un momento en que la bolsa estaba  sobrevalorizada y era necesario un ajuste. 

     Asimismo, respondió a que, con más rapidez que el gobierno y  muchos analistas, el mercado consiguió prever que el país, pese a su  fuerte mercado interno, sufriría graves efectos como consecuencia de  las restricciones al crédito externo y de la recesión en los países  más ricos. 

     "La crisis ya venía anunciada desde mediados de 2007, cuando  surgieron los primeros problemas con hipotecas en Estados Unidos, y  por eso no se justifica el fuerte crecimiento de la bolsa en los  primeros meses de este año", dijo a Xinhua Antonio Carlos Colángelo,  director de la Asociación de Analistas y Profesionales de Inversión  en el Mercado de Capitales (Apimec). 

     "Ciertamente hubo un poco de exageración en los primeros meses de  este año y, cuando ocurrieron los cambios en la expectativa de la  economía mundial, la bolsa tuvo que devolver rápidamente sus  ganancias", explicó el economista jefe del Banco Schahin, Silvio  Campos Neto. 

     Tras cinco años consecutivos de crecimiento de la bolsa, y en un  año que se esperaba que la economía brasileña creciese a los mismos  niveles de China, las empresas brasileñas con acciones en bolsa  confiaban en que seguirían apreciándose. 

     El índice Ibovespa de la bolsa de Sao Paulo se había casi  triplicado, desde 22.236 puntos a finales de 2003 hasta 63.886  puntos en diciembre del año pasado. 

     Tras expandirse 97,33 por ciento en 2003, el principal índice del  mercado bursátil brasileño creció un 17,81 por ciento en 2004, un 27, 71 por ciento en 2005, un 32,93 por ciento en 2006 y un 43,65 por  ciento en 2007. 

     "A comienzos de 2003, la bolsa estaba en un nivel muy bajo debido  a que muchos inversores habían huido del mercado con miedo de la  elección de Lula (el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva),  por lo que la tendencia natural era de regreso de esos inversores y  de recuperación", según Campos Neto. 

     La bolsa también subió en esos cinco años, impulsada por el  fuerte crecimiento económico tanto internacional como brasileño y  por la significativa subida de las cotizaciones internacionales de  las materias primas y los alimentos, los principales productos de  exportación de Brasil. 

     Tales circunstancias multiplicaron varias veces el valor en la  bolsa de empresas como la minera Vale -mayor exportadora del país-,  la petrolera Petrobras, las siderúrgicas, las papeleras y las  exportadoras de productos agropecuarios, principalmente carne y  granos. 

     La bolsa de Sao Paulo, por lo mismo, comenzó 2008 en un clima de  euforia que llegó a su auge en mayo pasado, cuando agencias como  Standard & Poor's y Fitch le concedieron finalmente al país el tan  ansiado "grado de inversión", una credencial que supuestamente  multiplicaría las inversiones y catapultaría el crecimiento. 

     Impulsado por esa calificación, el parqué paulista, el de mayor  volumen de negocios en América Latina, llegó a subir hasta 73.516  puntos el 20 de mayo, casi tres veces la puntuación que tenía a  finales de 2004 (26.196 puntos) y parecía no tener techo. 

     El gobierno conmemoraba entonces el mejor momento de la economía  brasileña en toda su historia, y poco importaban las señales de que  la situación se agravaba cada vez más en Estados Unidos, en Japón y  en varios de los países europeos. 

     Pero sólo dos meses después, cuando se agravó la situación de los  bancos estadounidenses y surgieron síntomas de recesión en las  economías más ricas, la bolsa comenzó a devolver rápidamente sus  ganancias, y a caer a tasas que el gobierno decía no entender. 

     El Ibovespa llegó a caer hasta los 29.435 puntos el 27 de octubre,  su menor nivel desde el 28 de octubre de 2005, y menos de la mitad  de la puntuación que tenía en mayo. 

     Como consecuencia, el valor de mercado de las 59 empresas que  componen el índice Ibovespa cayó desde 1,2 billones de dólares en  mayo hasta 455.925 millones de dólares a finales de noviembre.  

     Es decir, que las principales empresas perdieron cerca de 62 por  ciento de su valor de mercado en dólares en siete meses. 

     Esas pérdidas también fueron provocadas por la fuerte apreciación  del dólar, que en agosto llegó a ser vendido en 1,60 reales y en  diciembre llegó a subir hasta 2,60 reales, así como por una  acentuada fuga de capitales extranjeros. 

     Los inversores extranjeros en la bolsa de Sao Paulo, responsable  del mayor volumen de negociaciones, se deshicieron en masa de sus  posiciones en Brasil para cubrir las pérdidas sufridas en otras  regiones, y provocaron una voluminosa salida de recursos del país. 

     Pese a que el Ibovespa se recuperó un poco y a mediados de  diciembre ya estaba en los 39.373 puntos, la bolsa acumulaba  entonces una caída de 38,4 por ciento en el año, y de 46,44 por  ciento desde su máximo nivel siete meses antes. 

     Pese al discurso optimista de Lula y a algunos indicadores que  mostraban una cierta resistencia de la economía brasileña, el  mercado insistía en castigar a las empresas con papeles en bolsa. 

     Brasil, a diferencia de la mayoría de los países, registró un  fuerte crecimiento en el tercer trimestre del año (de 6,8 por ciento  frente al mismo periodo de 2007). 

     Los indicadores económicos apenas comenzaron a mostrar que Brasil  estaba sintiendo los efectos de la crisis en octubre, cuando la  producción industrial se contrajo 1,7 por ciento. 

     La contracción fue un reflejo de los despidos de trabajadores,  las vacaciones colectivas y el cierre temporal de plantas anunciado  por algunas empresas, principalmente mineras, automotrices y  siderúrgicas que dependen mucho de las exportaciones. 

     La vulnerabilidad de las empresas exportadoras de materias primas  ya había sido anticipada por la bolsa de Sao Paulo, donde los  inversores se deshicieron de los papeles de empresas que sabían que  comenzarían a sufrir problemas.