MANAGUA, 16 dic (Xinhua) -- Diversificar mercados parece ser una palabra mágica que invita a dinamizar frágiles economías que históricamente han anclado esfuerzos en el mercado estadounidense, origen de la actual crisis económica mundial.
Al menos así parece entenderlo el gobierno de Managua, que en los últimos meses concentra renovados esfuerzos para edificar sólidas relaciones de interés común con un antiguo socio: Rusia.
Con el ascenso presidencial de Daniel Ortega en enero de 2007, las relaciones con el gobierno de Venezuela pasaron a ocupar un lugar privilegiado, especialmente favorecidas por un vertiginoso incremento de los precios del petróleo en el mercado internacional.
Para la pequeña economía nicaragüense, altamente dependiente de la cooperación internacional y del suministro de petróleo, resultarían encantadoras unas relaciones que le garantizarían crudo en condiciones preferenciales y un flujo de divisas frescas para promover proyectos sociales bajo el impulso de la llamada revolución bolivariana.
Pero la capacidad venezolana de expandir la revolución de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba) se verá afectada por la drástica caída de los precios del petróleo en el mercado internacional, lo que afectará las posibilidades del país sudamericano para auxiliar a sus pequeños aliados centroamericanos: Honduras y Nicaragua.
En esas condiciones, para la política exterior nicaragüense es un verdadero reto articular capacidades para sostener sus tradicionales relaciones económicas y diplomáticas, sin descuidar la apertura de nuevos mercados alternativos que permitan mantener a flote la frágil economía nacional y asimilar en mejores condiciones las dificultades exógenas.
La búsqueda de mercados más amplios con quienes cristalizar unas relaciones comerciales y económicas bajo la premisa de "comercio justo", parece encontrar una armoniosa sintonía con la filosofía expuesta por altos funcionarios rusos en el marco de lo que han dado en calificar como la "reactivación de relaciones privilegiadas".
Se trata, dijo el presidente ruso Dimitri Medvedev durante su reciente visita a Perú en el marco de la cumbre del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC), "de desarrollar vínculos con países con los que nos gustaría estar conectados mediante relaciones privilegiadas".
Y agregó: "Con muchos de esos Estados tuvimos relaciones poderosas y serias durante el periodo de la Unión Soviética. Ha llegado el momento de restablecer esas relaciones".
Nicaragua ya dio los primeros pasos de acercamiento en procura de afianzar y reactivar los objetivos de esas "relaciones privilegiadas" .
El reconocimiento de la independencia de Osetia del Sur y Adjasia parece enmarcarse en la intención sandinista de enviar un gesto y un claro mensaje para propiciar un buen clima de acercamiento.
"Nosotros, que rápidamente nos identificamos con las naciones pequeñas, no dudamos en darle nuestra solidaridad a estos pueblos hermanos, y en reconocer la independencia de ambos pueblos, que son independientes porque así lo decidieron, y la comunidad internacional tiene que reconocerlo", dijo Medvedev.
El presidente Daniel Ortega, después que Nicaragua se convirtió en el segundo país en el mundo en reconocer la independencia de ambas naciones, apoyó "la posición del gobierno de Rusia de que a través del diálogo con los países europeos pueda terminar ese conflicto".
Poco después, el canciller por la Ley, Manuel Coronel Kautz, anunció que el gobierno nicaragüense "pidió al gobierno ruso servir, por el momento, de conducto con las nuevas naciones mientras se establecen las relaciones formales".
En ese contexto, el nuevo periodo de relaciones ruso- nicaragüenses experimentó un dinámico impulso con la presencia en dos ocasiones del viceprimer ministro ruso Igor Sechin en el país centroamericano.
Sechin ha ofrecido al gobierno de Managua renovar la cooperación rusa, particularmente en el campo de la generación de energía hidroeléctrica y geotérmica, en el militar, en el comercio exterior, en educación y en el fortalecimiento de las relaciones políticas, entre otros.
No obstante, Rusia dejó claro que la cooperación militar a Nicaragua se limitará al mantenimiento del potencial existente en materia de equipos bélicos, puesto que el 90 por ciento de las armas existentes en el país centroamericano son de fabricación rusa.
En octubre de 2008, el canciller de Nicaragua, Samuel Santos viajó a Rusia y durante su periplo por la zona firmó varios acuerdos de cooperación con Bielorrusia.
Poco antes de la visita de Santos, el gobierno de Moscú pidió a Estados Unidos y a la Unión Europea no tratar de influir en los resultados de los comicios municipales a realizarse en Nicaragua el 9 de noviembre, un gesto que mostraba el nuevo nivel de las relaciones entre ambas naciones.
En esa ocasión, el vicepresidente de Nicaragua, Jaime Morales Carazo, dijo que el nuevo impulso de las relaciones de su país con Rusia no significa que Nicaragua tomaría partido en un posible renacimiento de la guerra fría con Estados Unidos.
"No se puede ignorar que Rusia es una potencia energética, en exploración y explotación de petróleo y de gas, y que gran parte de su potencial lo exporta a Europa", subrayó Morales.
En el marco de la segunda visita del alto funcionario ruso, el presidente Ortega anunció su próxima visita a Moscú, en diciembre.
Ortega dijo que el gobierno ruso está interesado en la construcción de un Canal Interoceánico y en la rehabilitación de un aeropuerto ubicado al norte del lago de Managua, con fines comerciales.
También destacó el interés de Rusia de respaldar a Nicaragua en sectores específicos como la agricultura, el sector pecuario y la construcción de un puerto de aguas profundas en Monkey Point, en el Caribe nicaragüense.
Nicaragua, pues, busca mercados alternativos, y parece encaminado a encontrarlos.