LIMA, 15 dic (Xinhua) -- Tras un largo periodo de sinsabores,  Bolivia marcha hacia su "refundación", tal como lo ha señalado  repetidamente el presidente Evo Morales. 

     Los bolivianos esperan ahora el referéndum que se ha convocado  para el 25 de enero de 2009 para la aprobación o desaprobación de  una nueva Constitución Política del Estado (CPE).  

     De agosto de 2006 a diciembre de 2007, los grupos opositores,  especialmente los frentes civiles y autoridades de los departamentos  de la media luna (Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija), agotaron su  repertorio para evitar no sólo el debate y la redacción de la CPE,  elaborada por la Asamblea Constituyente (AC) sino, además, para  oponerse a las medidas del gobierno central. 

     Su objetivo es mantener sus privilegios económicos y sociales y  evitar una recomposición del Estado. 

     Es decir, se oponen a la nacionalización de los hidrocarburos y  de otros recursos naturales -como el agua-, a la pérdida de  latifundios (con tierras ociosas) que tienen en su poder en desmedro  de las grandes masas de los "sin tierra", y a evitar la inclusión de  los indígenas que representan el 60 por ciento de los nueve millones  de bolivianos. 

     También están en desacuerdo con los bonos "Juanito Pinto" y  "Dignidad", con los cuales el gobierno cubre parte de las  necesidades de los escolares de educación primaria y de los adultos  mayores que no cuentan con pensiones de jubilación, respectivamente. 

     Los bonos son financiados con ingresos del erario y con parte del  Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH). 

     Paralelamente, en los últimos meses de 2008, Morales declaró  persona "no grata" al embajador estadounidense Philip Goldberg, y lo  expulsó bajo el cargo de incitar "un golpe de Estado" en comunión  con los opositores. 

     Adicionalmente, hizo lo propio con la agencia antidrogas  estadounidense (DEA, siglas en inglés) por similar actitud. 

     La respuesta de Estados Unidos no se dejó esperar: expulsó al  embajador boliviano en Washington y, de paso, suspendió  indefinidamente el que Bolivia pueda acogerse a la prórroga de la  Ley de Preferencias Arancelarias Andina y de Lucha contra las Drogas  (Atpdea, siglas en inglés). 

     Previamente, a fines de junio, los cultivadores de hoja de coca  de la comarca del Chapare, en el departamento central de Cochabamba,  exigieron y lograron el retiro de la agencia estadounidense de ayuda  (USAID, siglas en inglés), por sus también claros propósitos de  propiciar la caída del gobierno constitucional. 

     Los derechistas y neoliberales comités cívicos (civiles) y  prefectos (gobernadores) opositores alentaron desmanes y buscaron  diversas fórmulas para impedir, por un lado, el afán de justicia  social del gobierno y, por otro, que la mayoría de constituyentes  del gobernante Movimiento Al Socialismo (MAS) alcanzarán su  propósito para los que habían sido elegidos. 

     Esa oposición, que se endureció a medida que el gobierno de  Morales se empeñaba en encontrar un consenso mediante el diálogo,  tenía un solo objetivo: impedir el avance popular, indígena y  campesino, sectores tradicionalmente excluidos de las decisiones del  Estado, y frustrar el diseño de un nuevo país. 

     En ese sentido, los opositores plantearon que los artículos de  la nueva CPE fueran aprobados por los dos tercios de los  constituyentes, una interpretación que parte de la aún vigente CPE  para obstaculizar la discusión y aprobación del texto mediante  simple mayoría, sabiendo que los constituyentes gobiernistas no  sumaban esos dos tercios. 

     Ocho meses se fueron en esa discusión sin que se avanzara en el  tratamiento del texto; la clase dominante, desde los principios de  la era republicana, buscaba y logró que la amplia mayoría obtenida  por el MAS no marcara el ritmo de esa asamblea. 

     Casi de inmediato plantearon el tema de la "capitalidad"; ese fue  y sigue siendo el nombre que le pusieron a la demanda para trasladar  la sede de gobierno a Sucre, capital constitucional de Bolivia,  desde La Paz, donde funcionan el Poder Ejecutivo y el Poder  Legislativo desde fines del siglo XIX. 

     En Sucre sesionaba la AC desde el 6 de agosto de 2006; por tanto,  casi de inmediato, los asambleístas se convirtieron en rehenes de  esa ciudad; los comités cívicos (civiles), sobre todo el de Santa  Cruz, se encargaron de la campaña mediática. 

     El racismo, que ocultaba someramente la oligarquía venida a menos,  apareció con sus rasgos más groseros: los estudiantes de las  universidades públicas y privadas, provenientes de todo el país y  muchos de extracción humilde, fueron objeto de las peores acciones  ocurridas en el último medio siglo. 

     Campesinos y mujeres de pollera (vestimenta tradicional de  originarias) fueron violentados, golpeados y humillados entre  septiembre de 2007 y mayo de este año. 

     Quien vote por el "No", el 25 de enero próximo, lo hará porque no  está de acuerdo con un nuevo Estado, con un país incluyente, con una  sociedad en que se destierre el racismo; quien lo haga por el "Sí"  está favor de la refundación de Bolivia. 

     Según las encuestas, un 60 por ciento de los ciudadanos  bolivianos aprobaría la nueva CPE, un 24 por ciento estaría en  contra y un 16 por ciento aun está indeciso. 

     Sin embargo, a tenor de lo que se escucha en las calles  bolivianas, más allá del Sí y No, el proceso constituyente requiere  de mayor debate y reflexión, no necesariamente circunscrito a las  campañas políticas por una de las dos opciones, que con el uso de la  propaganda pueden alterar el verdadero sentido de una decisión  ciudadana reflexiva.