RIO DE JANEIRO, 15 dic (Xinhua) -- Brasil se esforzó en 2008 por  vender al mundo los biocombustibles como una gran solución a los  altos precios del petróleo y el calentamiento global, pero ahora ese  negocio enfrenta un escenario de incertidumbre y una crisis de  liquidez. 

     El décimo mayor consumidor de energía, Brasil, usa desde hace  tres décadas el etanol de caña de azúcar para mover su parque  automotriz, y ha llamado al mundo a seguir su ejemplo para  desarrollar un mercado global del carburante. 

     Hoy, cada litro de toda la gasolina consumida en el país tiene un  20 por ciento de etanol anhídrido, y el etanol puro también puede  ser usado directamente en al menos siete millones de vehículos, de  modo que está presente en total en el 50 por ciento de los autos  comerciales en Brasil. 

     En medio de una fiebre por el "oro verde", el negocio de la caña  y el etanol atrajo inversiones masivas de empresas y fondos de  inversión de dentro y fuera de Brasil, en proyectos para desarrollar  nuevas haciendas, construir ingenios, destilerías y hasta tuberías  para transportar miles de litros de alcohol hasta puertos de  embarque. 

     Esa carrera encareció con fuerza los precios de la tierra, del  financiamiento, de los insumos y de las maquinarias.  

     Centenares de productores medianos, grandes y pequeños se  enfrentaron a los altos precios estimulados por la perspectiva de  enormes ganancias. 

     Después vino la crisis, con su fase aguda que provocó el derrumbe  en cadena de todos los productos básicos y materias primas, desde  los granos y cereales hasta el petróleo. 

     Como en el resto del mundo, nuevas inversiones orientadas al  mercado externo están ahora bajo lupa, acosadas por la crisis global  agudizada en este fin de año, por lo que la iniciativa brasileña de  fomentar el etanol tropieza con la reducción de la demanda mundial  de combustibles en medio del frenazo de la economía global. 

     El peor golpe para los biocombustibles fue la brusca caída de los  precios del petróleo, desde más de 150 dólares -en el auge de la  fiebre del etanol- hasta unos 40 dólares por barril ahora, lo que  pone en jaque su viabilidad económica en muchos mercados. 

     Según el empresario Marcos Jank, presidente del gremio patronal  Unión de la Industria de la Caña de Azúcar (Unica) "una fuerte  reducción de la renta" afecta a los ingenios brasileños, a los  proveedores de caña y a las industrias abastecedoras de maquinaria y  equipos. 

     "La crisis financiera internacional y la falta de liquidez de  corto plazo para créditos e inversiones impactan al sector, después  de un ciclo de cuatro años de elevadas inversiones y dos de precios  deprimidos", dijo Sank en un reciente artículo. 

     Esta crisis deberá tener impacto directo sobre toda la economía  brasileña, pues la caña y el etanol facturaron entre 2007 y 2008  nada menos que 20.000 millones de dólares, con exportaciones por 6. 000 millones de dólares. 

     Este es el cuarto sector de mayores inversiones en Brasil, con 20. 000 millones de dólares en los últimos tres años, y estaban  previstos otros 30.000 millones de dólares en los próximos cuatro  años, según Unica. 

     Pero los empresarios siguen exaltando los "sólidos fundamentos"  de este sector, y apuestan a una pronta recuperación gracias a un  mayor consumo de etanol en autos y para fabricar plásticos, y del  bagazo de caña para generar electricidad. 

     También esperan que se precipite una reestructuración de este  pulverizado negocio, donde hay hoy 409 unidades productoras de 200  grupos económicos distintos. 

     Por eso, prevén un proceso de fusiones y adquisiciones entre las  propias empresas con participación de inversionistas locales y  extranjeros.  

     En 2008, los empresarios reportan exportaciones por 3.625  millones de litros y un valor de 1.415 millones de dólares, con una  caída de 17 por ciento en la facturación respecto a 2007, un año de  altos precios. 

     Brasil ha ofrecido transferir al mundo su experiencia y dominio  tecnológico que le permite generar 9,3 unidades de energía de etanol  por cada unidad de combustible fósil usada para producirla. 

     Este dato es crucial en su iniciativa de promover asociaciones de  inversión en etanol en los empobrecidos países de Africa y América  Latina, que también disponen de sol tropical abundante, agua y  tierras baratas. 

     Esa también es una gran diferencia con respecto a Estados Unidos,  principal productor mundial de etanol, con unos 24.000 millones de  litros por año, la mayor parte derivado de maíz, un cereal que  pertenece a la dieta humana directa o a través de la cría de ganado  y aves de corral. 

     Sin embargo, los expertos proyectan "un significativo aumento del  crecimiento de la demanda de etanol en Estados Unidos", por una  nueva ley que determina agregar 57.000 millones de litros por año a  la gasolina a partir de 2015, según el Banco Nacional de Desarrollo  Económico y Social (BNDES), por lo que ese país deberá recurrir a la  importación. 

     Pero en este cambiante escenario actual, una de las preguntas es  si en un Estados Unidos sumido en la peor recesión económica de la  posguerra los políticos estarán en condiciones de reducir aranceles  y perjudicar a millones de agricultores de los estados que producen  el maíz del etanol. 

     Por eso, mientras crece la crisis, Brasil insiste en que el mundo  debe reanudar las negociaciones de la Ronda de Doha de libre  comercio, que se supone deben favorecer las exportaciones de  productos de origen agrícola de los países en desarrollo, y darle al  etanol un nuevo marco para convertirse en un "commoditie" negociado  internacionalmente.