
SAO PAULO, 8 nov (Xinhua)
-- La agenda de debates de la reunión de ministros de Finanzas y
presidentes de bancos centrales del G-20 de este fin de semana en Sao
Paulo, Brasil, apunta a encontrar vías de salida para la crisis financiera
mundial.
El encuentro tendrá continuidad
en la Cumbre del G-20 -de países industrializados y las principales
naciones emergentes- a celebrarse el 15 de noviembre en Washington a
iniciativa del presidente estadounidense, George W. Bush.

Las reuniones podrían sentar las bases para un
"nuevo Bretton Woods", es decir, la creación de una nueva arquitectura
financiera basada en un pacto internacional, a la manera del que fue
establecido en la pos-guerra con el establecimiento en 1945 del
dólar como moneda de reserva, y que ha perdido vigencia
definitivamente.
Ante las perspectivas de graves
efectos de la crisis financiera sobre la economía real, la tendencia de
los gobiernos es de impulsar medidas para aumentar el crédito y estimular
el consumo, en lo que los especialistas califican de políticas de corte
"keynesiano".

El calificativo alude al economista británico John
Maynard Keynes, que en la época de la Gran Depresión impulsaba la
intervención estatal como vía de salida para la crisis.
Entre las medidas están los cortes coordinados de
las tasas de interés definidos por las autoridades monetarias de Estados
Unidos, Europa y Japón, para garantizar la liquidez y restablecer la
confianza en los mercados financieros.
Otras políticas conjuntas para inyectar recursos en
la economía mundial podrán ser definidas en las reuniones del G-20,
incluyendo mayores estímulos fiscales, ayudas a los bancos y una mayor
coordinación macroeconómica.
Con relación al funcionamiento del sistema
financiero, los países europeos defienden la reformulación de todo el
mercado mundial de capitales y de la forma en que bancos y agencias de
clasificación de crédito son administrados.
La propuesta europea es la creación de supervisiones
colegiadas para todas las empresas transnacionales importantes; más
mecanismos de control de riesgo sobre las instituciones financieras; un
código de conducta contra riesgos excesivos.
Europa defende también la ampliación del Foro de
Estabilidad Financiera (FSF), entidad formada por agencias reguladoras,
bancos centrales y autoridades financieras del G-7, grupo de los países
más desarrollados.
Por su parte, los países en desarrollo, en especial
los miembros del grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China), reclaman una
reforma del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial guiada
por una representación más igualitaria y un mayor balance entre
países desarrollados y no desarrollados.
Ellos coinciden en la necesidad de establecer reglas
más sólidas para impedir los abusos que fueron cometidos, más regulación y
mayor transparencia, con la creación de organismos internacionales para
regular las actividades financieras, lo que ahora sólo ocurre a
nivel nacional.
Por otra parte, los países en desarrollo subrayan la
necesidad de contrabalance a las pérdidas por la caída de los precios de
las materias primas que sufren países que dependen de las exportaciones
de esos productos.
Los emergentes quieren también retomar la Ronda de
Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y prevenir el
proteccionismo frente a la actual turbulencia internacional.
Un punto especialmente polémico y sobre el que las
discusiones aún no consiguieron avanzar es el papel que debería jugar el
dólar en la nueva estructura financiera mundial.
Elevado por el sistema de Bretton Woods como moneda
de reserva internacional, el dólar ha perdido fuerza desde el fin de su
convertibilidad al oro en 1971, pero continúa siendo la moneda de
referencia más importante.
Con la crisis financiera en los Estados Unidos y
su alto endeudamiento público, la moneda estadounidense parece dejar
de cumplir las condiciones para continuar como moneda fuerte y
asegurar un sistema financiero internacional estable.