BEIJING, 23 ago (Xinhua) -- Argentina se sobrepuso
hoy a la asfixia del calor y al potencial físico de su rival, Nigeria, al
que superó con un solitario golazo de Di María para revalidar su
medalla de oro y establecer un récord de 12 victorias olímpicas
consecutivas.
Hace cuatro años, en Atenas 2004, la albiceleste
pasó por encima de todos sus rivales. Logró 17 goles -ocho de Carlos
Tévez- y acabó el torneo invicta e imbatida.
En Beijing 2008 las cosas no
han sido tan fáciles, y en el camino al oro ha hecho falta jugar
prórrogas, batirse con Brasil, y acabar con los "fantasmas" nigerianos de
Atlanta 1996.
Doce años después de aquella dura derrota ante una
histórica generación de atletas africanos, Argentina se presentaba hoy en
el coliseo de "El Nido" como favorita en la final, aunque consciente
de la dificultad que entraña una escuadra como la de Nigeria.
Aunque no sólo es físico, y el fútbol africano
avanza cada año en táctica y técnica, las pausas de la final dieron una
clara idea de por qué los 32 grados de temperatura bajo un sol de justicia
beneficiaban de primeras a Nigeria y no a Argentina.
Bastaba que un jugador cayera al césped para que los
sudamericanos se avalanzaran sedientos al banquillo en busca de
bidones de agua, mientras sus rivales apenas sí se refrescaban la
cabeza.
Con este panorama, la
"albiceleste" se puso el mono de trabajo desde el minuto uno, con Riquelme
y Gago asumiendo los galones del partido, y Messi y el "Kun" Agüero
garabateando arriba en busca de una ruptura letal de la zaga
nigeriana.
Sin embargo, el control del esférico, por momentos
total gracias a los apoyos de Mascherano en la medular, no resultaba en
ocasiones claras. Ni Riquelme acertó en una falta peligrosa en el 9'
ni Di María cazó con garantías un centro desde la derecha, que acabó
muriendo en las manos de Vanzekin.
Como entraba en el guión, el paso de los minutos
comenzó a hacer mella en las filas argentinas y a sacar de su campo a los
nigerianos, cada vez más superiores físicamente.
Las "Aguilas Verdes" comenzaron a rondar la meta de
Romero y a la media hora del partido, el árbitro húngaro Viktor Kassai
decidió parar el encuentro unos minutos para dar un respiro a ambas
escuadras.
Acto seguido, Nigeria llegó por primera vez con
peligro al área argentina. Un veloz contragolpe lanzado por Odenwingie
acabó con un pase de la muerte que nadie llegó a rematar y en la
continuación, Promise desperdició un balón franco ante Romero.
La visión del peligro real de gol obligó a una
reacción a los hombres de Batista, que en un disparo seco de Di María
desde la izquierda a punto estuvieron de marcharse al descanso con
ventaja.
Argentina continuó esa reacción en el segundo
tiempo. Cerró espacios en defensa y por fin, encontró premio a su mayor
ambición en un contragolpe definido a la perfección por Di María, invitado
sorpresa a un festín ofensivo que suelen comandar el "Kun" y
Messi.
Con media hora por delante, y Argentina esperando
una segunda contra letal, Nigeria se lanzó en busca del empate, y lo tuvo
en varias ocasiones. Primero Obinna, que disparó manso dentro del
área, y luego Amikebe, que no conectó un remate por milímetros,
rozaron la igualada.
No más fructíferas resultaban las contras de los
sudamericanos, armadas por Messi y a veces demasiado enrevesadas para
llegar a buen puerto pese al desmantelamiento de la zaga de Nigeria, con
la vista decididamente puesta en empatar, sin importar la trasera.
Nunca llegó sin embargo el tanto de la igualada, que
hubiera sido justo, pero que Anichebe desperdició hasta en dos remates a
bocajarro.
Una prórroga, mermadas ya las fuerzas de los
jugadores, hubiera puesto contra las cuerdas a Argentina, pero la
experiencia de Riquelme y los cambios de Batista mataron el encuentro, y
la albiceleste pudo celebrar y refrescarse en el centro del campo,
todaía bajo un sol abrasador, pero con la medalla de oro en su
poder.