MEXICO, 21 ago (Xinhua) -- Guillermo Pérez coronó su
trayectoria con una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing
2008, a pesar de que los obstáculos fueron una constante.
A los cuatro años de edad, Pérez comenzó a lanzar
sus primeras patadas al aire en su natal Teretán, Michoacán (oeste),
inspirado en la estrella china artemarcialista Bruce Lee.
Memo ni siquiera imaginó que esa afición y
admiración lo llevarían a unos Juegos Olímpicos.
Recuerda que sus papás lo llevaban cada domingo a
ver las películas de Bruce Lee, actor que lo fascinó al verlo lanzar sus
mejores golpes y patadas para ayudar a los desposeídos.
Desde ese entonces Bruce Lee se convirtió en su
héroe, aunque recuerda que sólo le gustaba por las patadas y golpes que
lanzaba, lo cual lo divertía muchísimo.
Antes de entrar a la escuela primaria, su madre, la
señora María de Lourdes Sandoval, y él, encontraron una escuela de
taekwondo camino a su casa, y gracias a un berrinche a las faldas de ella,
Memo comenzó a practicar las artes marciales, tal y como lo hizo su
gran ídolo Lee.
Para el michoacano, la enseñanza de las artes
marciales fue más allá de pegar y golpear a diestra y siniestra, ya que
conoció el significado del arte marcial y la manera en que en la cultura
oriental lo considerada un método milenario de defensa y salud
física.
El fútbol se convirtió en su mayor enemigo que por
poco lo aleja del tatami.
Su mamá fue quien lo orientó y ayudó a decidir entre
el fútbol o su verdadera vida, el taekwondo.
Así inició Memo en 1996, cuando buscó formar parte
de los representantivos nacionales como juvenil, en una época dominada por
Rubén Palafox, Rafael Zúñiga y Hugo Avila, sin obtener éxito alguno.
Fue hasta el año 2000 que logró un espacio en el
equipo, pero como México no tenía plaza en la categoría de 57 kilogramos
para competir en Sidney, Australia, tuvo que ayudar en la preparación de
Víctor Estrada, Mónica del Real y Agueda Pérez como sparring.
Su sueño por estar en los Juegos Olímpicos tendría
que esperar ocho largos años.
El no lo sabía aún, pero la mejor de sus pruebas
estaba por comenzar, ya que en ese entonces Memo sufrió una lesión en una
de sus piernas que estuvo a punto de sacarlo del deporte.
Durante ese tiempo estudió la carrera de
administración de empresas en el Tecnológico de Uruapan, e hizo a un lado
el deporte de alto rendimiento.
Pero el destino fue el que se encargó de
reincorporarlo al camino del deporte.
Su regreso fue en un torneo local, donde sin mucha
preparación obtuvo el primer lugar, haciéndolo acreedor a un sitio dentro
de un torneo panamericano en 2004, clave para que volviera a entregarse al
deporte y buscar una vez más la oportunidad de unos Olímpicos.
Pero la vida le tenía más dificultades, ya que, a
pesar de que en 2006 ganó un título en los Juegos Centroamericanos en
Cartagena de Indias y que en 2007 se proclamó subcampeón del mundo, el
destino no estaba totalmente de su lado.
En los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro cayó
en la final ante Oscar Salazar, medallista de plata en Atenas 2004, y
parecía que se alejaba una vez más su oportunidad de participar en unos
Juegos Olímpicos.
Pero fue durante los preolímpicos de septiembre
pasado en Cali, Colombia, donde se le brindó la oportunidad de buscar un
boleto a Beijing 2008. Logró el pase y su sueño olímpico se volvía
realidad.
Con la mirada hacia Beijing y la visa en la mano,
era el ahora o nunca para Memo dentro de su carreca como
taekwondoín.
El joven que fue sparring en Sydney y que perdió la
oportunidad de ir a Atenas, por fin veía el momento para brillar.
Ese día llegó el miércoles, cuando Guillermo
logró coronar su trayectoria y demostrar que esa medalla de oro traía su
nombre grabado en ella.