RIO DE JANEIRO, 3 ago
(Xinhua) -- El cambio de posición de Brasil al final de las discusiones en
Ginebra, Suiza, durante la Ronda de Doha de la Organización Mundial del
Comercio (OMC) sorprendió, pero aún no ha sido debidamente evaluado por el
gobierno.

El Ministro de Relaciones
Exteriores de Brazil en una rueda de prensa en Ginebra.
Un viraje sensible del país que convertió en
prioridad los acuerdos dentro del Grupo de los 20 (G-20, de países
emergentes) puso en riesgo la sobrevivencia de este bloque, decisivo para
que las próximas rondas sean más equilibradas.
La posición que Brasil adoptó al final con
diferencias frente a India en cuanto a las salvaguardias especiales, y con
Argentina, respecto a la apertura de importaciones industriales, mostraron
algo más que desacuerdos puntuales durante las negociaciones realizadas a
finales del mes anterior.
Para Brasil era esencial un acuerdo en la OMC, casi
cualquier acuerdo, desde que abriese mercados a su fuerte producción
agropecuaria a corto plazo, mientras los demás países del G-20
piensan en el mediano o largo plazos.
Esa urgencia brasileña no es casual y está
relacionada a la marcha de la economía brasileña, con déficits crecientes
en la balanza de pagos y superávit menguantes en la balanza
comercial.
El único sector capaz de una reacción inmediata ante
estímulos suficientes en un plazo muy corto es el agrícola-ganadero, que
puede reforzar el superávit comercial y mejorar el perfil de las cuentas
externas.
Conciente de ello, el ministro brasileño de
Relaciones Exteriores, Celso Amorim, esta dispuesto a aceptar cualquier
acuerdo que permita al país la posibilidad de expandir sus exportaciones
agropecuarias con un mínimo de cambios en la estructura productiva.
Esa postura fue adoptada con el acuerdo explícito
del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, cuya decisión de hacer
elegir a su sucesor en 2010 corre peligro si la economía no recupera algo
de la pujanza que logró hasta hace poco.
Brasil hizo su apuesta y perdió al no llegar a
ningún acuerdo, por tanto tendrá que contabilizar las pérdidas provocadas
por ese juego de riesgo.
De acuerdo con el ex ministro de Hacienda de Brasil
y ex secretario general de las Naciones Unidas para el desarrollo y el
Comercio (Unctad, en inglés), Rubens Ricúpero, la falta de un
acuerdo en Ginebra trae las negociaciones de vuelta al punto de
partida.
La aproximación de Brasil a las posiciones de
Estados Unidos y la Unión Europea generaron más dificultades en las
negociaciones con China e India, con cicatrices que serán difíciles de
superar.
"El G-20, que ha prestado servicios importantes al
mundo desde (la reunión de la OMC en) Cancún ha quedado resquebrajado y
los acuerdos en torno a las cuestiones agrícolas rotos. Así, será muy
difícil que el G-20 se mantenga", dijo Ricúpero.
De acuerdo con el ex ministro, la mayor derrota
brasileña es en relación a Argentina, su principal asociado en el seno del
Mercosur (Mercado Común del Sur), cuyos representantes en Ginebra llegaron
a hablar de "traición" brasileña.
"La relación entre Brasil y Argentina empeoró y ésa
puede ser una de las peores pérdidas para nuestro país como consecuencia
de las discusiones de Ginebra", dijo Ricúpero.
El canciller Amorim, en cambio, trató de ser
optimista al afirmar que tanto el G-20 como el Mercosur sobrevivirán al
desacuerdo parcial en la OMC, aunque admitió que el proceso exigirá
tiempo.
Y es precisamente tiempo lo que Brasil no tiene, por
haber apostado demasiado en las negociaciones multilaterales y dejar de
lado la elaboración de acuerdos bilaterales para alentar sus
exportaciones.
Mientras Brasil concentraba todas sus energías
negociadoras en el proceso de Doha, países latinoamericanos como México y
Chile se dedicaban a concluir acuerdos bilaterales con un gran número de
naciones.
Aunque también los afecte la prolongación sin plazos
de la Ronda de Doha, esas naciones disponen de una serie de mecanismos
para mantener y ampliar sus exportaciones que están fuera del alcance de
Brasil.
"Los formuladores de nuestra política comercial
apostaron todas las fichas en el éxito de la Ronda de Doha, y el resultado
es que nuestro país quedó con las manos vacías", señaló el ex canciller
brasileño Luiz Felipe Lampreia.
Ante la perspectiva de una espera de hasta tres años
para terminar el proceso negociador en la OMC, otras opciones tendrán que
ser puestas en marcha para garantizar la expansión de las
exportaciones agropecuarias.
"No es el fin del mundo. Brasil tiene que adoptar
una estrategia más de fondo, como por ejemplo cumplir mejor las exigencias
de los países importadores de alimentos y de carnes", dijo el líder del
empresariado agropecuario, Pedro de Camargo.
El dirigente campesino apostó a la apertura de más
mercados a partir de las inversiones para mejorar las condiciones
sanitarias de los rebaños, que en las mesas de negociación diplomática.