KATMANDU, 6 jul (Xinhua) -- En el Tíbet han tenido lugar grandes cambios desde la abolición de la servidumbre feudal en la década de 1950 y la soberanía china sobre el Tíbet es indiscutible, destaca un artículo publicado hoy en el diario nepalí The Rising Nepal.
"Tras la huída del Dalai Lama y sus seguidores del Tíbet en 1959, han tenido lugar grandes cambios en la ciudad de Lhasa. Tíbet, que no tenía autopista en el pasado, cuenta ahora con una amplia red de carreteras de miles de kilómetros que tienen Lhasa como centro", anota el artículo, que lleva por título "Tíbet, en el camino hacia la prosperidad".
Sin embargo, algunas personas han venido considerando el desarrollo tibetano a través de gafas oscuras, comenta el artículo. "Distorsionan intencionadamente las realidades y niegan que Tíbet esté experimentando su mejor momento de desarrollo y estabilidad y que los tibetanos estén disfrutando de muchos más derechos humanos que antes".
"Bajo la servidumbre feudal, que ha durado varios siglos, los siervos tibetanos eran oprimidos políticamente, explotados económicamente y perseguidos con frecuencia", señala el artículo.
"El Tíbet de hoy en día, no obstante, ha registrado progresos sin precedentes. La producción económica ha sobrepasado los 30.000 millones de yuanes (unos 4.300 millones de dólares USA) y ha mantenido un crecimiento anual superior al 12 por ciento durante siete años consecutivos", dice el artículo.
"El ingreso neto per cápita de los agricultores y nómadas ha venido creciendo a una tasa de doble dígito en cinco años consecutivos", dice, y añade que el gobierno chino ha atribuido gran importancia a la preservación cultural y a la libertad de culto.
"Los monasterios y lugares religiosos se pueden ver virtualmente en cualquier lugar, hay más monjes, e incluso las computadoras y los teléfonos móviles cuentan con una aplicación para usar la lengua tibetana".
"El nuevo cambio en el Tíbet hace que la gente sienta que la actual política del gobierno chino está realmente basada en los intereses del pueblo tibetano, es conforme a la voluntad del pueblo y promueve el desarrollo y la prosperidad de la Región Autónoma de la República Popular China", señala el autor.
El artículo indica que "durante largo tiempo algunos occidentales han venido observando el Tíbet a través de gafas de color, aplicando estándares dobles en el momento de evaluar el llamado tema de los derechos humanos en el Tíbet", así como que " el incidente del 14 de marzo fue malinterpretado deliberadamente".
El artículo señala que la amplia realidad muestra que los disturbios del 14 de marzo en Lhasa fueron crímenes violentos de palizas, saqueos, destrozos e incendios premeditados que " infringen gravemente los derechos humanos, ponen la vida y la propiedad en peligro y sabotean el orden social".
La camarilla del Dalai Lama, que sigue "buscando la restauración de la antigua teocracia en el Tíbet, caracterizada por la dictadura de monjes y nobles", ha tramado e incitado la violencia en Lhasa, lo que constituye "un desafío desvergonzado a la causa mundial de los derechos humanos, así como contra todos los que desean la paz en el mundo", asevera el artículo.
Después de los disturbios de Lhasa, la camarilla del Dalai Lama extendió la violencia y llegó a organizar disturbios contra embajadas y consulados de China en Estados Unidos, Canadá, India, Reino Unido, Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Suiza y Australia, indica el artículo.
En lo tocante a la soberanía china sobre el Tíbet, el autor la califica de "indiscutible" y menciona una serie de acontecimientos históricos para argumentar esa posición.
"Sería apropiado recordar la declaración hecha por George Hamilton, entonces secretario británico de Estado para la India en 1903, quien afirmó que 'el Tíbet debe ser considerado todavía como una provincia de China'".
Igualmente, el entonces primer ministro indio Jawaharlal Nehru, también dijo en un discurso en la Cámara de Representantes pronunciado el 15 de mayo de 1954 que "durante los últimos siglos, hasta lo que yo sé, en ningún momento ningún país extranjero ha negado la soberanía china sobre el Tíbet".
"Por lo tanto, la soberanía china sobre el Tíbet es indiscutible. Es el veredicto de la historia", concluye el artículo, añadiendo que el tema del Tíbet es un asunto interno de China y que los occidentales deben seguir la Carta de las Naciones Unidas y abstenerse de interferir en asuntos internos de cualquier país. Fin