RIO DE JANEIRO, 22 jun (Xinhua) -- El gobierno del
presidente Luiz Inácio Lula da Silva enfrenta una difícil disyuntiva: por
un lado quiere mantener el crecimiento de la economía por encima de 5
por ciento anual, y por otro no quiere que la inflación vuelva.
En la reunión del ministerio realizada esta semana,
el tradicional optimismo oficial tuvo que ceder lugar a un poco más de
realismo, al reconocer que difícilmente se alcanzará la meta oficial
de inflación para este año.
La meta de este año es de 4,5 por ciento, con un
margen de tolerancia de dos puntos hacia arriba o hacia abajo. En otros
términos, el máximo admisible para el aumento del costo de vida en
2008 es de 6,5 por ciento.
El boletín "Focus" de esta semana, editado por el
Banco Central con las previsiones de 100 instituciones financieras, mostró
una previsión media de 5,8 por ciento para la inflación del año en
curso.
Pero cuando se presta atención a las estimaciones de
los "Cinco Más", los cinco bancos que más frecuentemente ven sus
previsiones confirmadas por la realidad económica, el resultado es un poco
peor: 6,21 por ciento, en promedio.
El IPCA (Indice de Precios al Consumidor Amplio),
referencia oficial para verificar el cumplimiento de la meta, mostró que
en mayo los precios subieron 0,79 por ciento, la inflación más elevada
para ese mes desde 1996.
Si ese grado de encarecimiento de los productos se
mantuviese, Brasil llegaría al final del año con una inflación superior a
8 por ciento, un nivel a partir del cual el control del proceso
inflacionario se vuelve extremadamente difícil.
El Banco Central brasileño ya aplicó la receta
tradicional: en dos meses seguidos, aumentó la tasa básica de interés a
12,25 por ciento al año, lo que nuevamente coloca a Brasil como campeón
mundial de los intereses reales.
En la reunión de ministros de esta semana, el
titular de Hacienda, Guido Mantega, afirmó que otras medidas tomadas, como
el aumento del superávit primario de 3,8 a 4,5 por ciento del PIB y la
limitación del crédito, conseguirán detener la inflación.
Por su parte, el gobierno estudia el aumento de las
financiaciones destinadas a la agricultura, en el entendimiento de
que asegurar el abastecimiento interno de alimentos es un camino
seguro para neutralizar las presiones inflacionarias.
Se destinarán 40.450 millones de dólares a los
grandes productores rurales, mientras la agricultura familiar recibirá
otros 8.000 millones, con aumento promedio de 11,5 por ciento sobre las
financiaciones del año pasado.
Con ello se espera provocar un aumento de 6 por
ciento en la producción agrícola, lo que llevará la cosecha de 2009 a unos
153 millones de toneladas de granos, contra los 144,3 millones previstos
para este año.
El detalle interesante es que Brasil no tiene un
problema de escasez de alimentos. Excepto el trigo y, dependiendo del
clima, los frijoles, la producción nacional es más que suficiente para
atender el consumo interno.
El país es un gran exportador de soya y café y, en
los últimos meses, hasta de maíz y arroz, que en el pasado reciente
requerían el complemento de importaciones.
Lo que causa inflación en el precio de los alimentos
es la conocida práctica de los grandes agricultores de "importar" los
precios internacionales en suba. Y contra esa práctica no se anunció
ninguna medida.
Por su parte, el presidente Lula quiere aumentar,
según la inflación, la "Beca Familia", el programa asistencialista que le
ha asegurado popularidad, y el Congreso aprobó un reajuste general de
las jubilaciones.
Lo que significa que los gastos del estado no
disminuirán, si es que no aumentan debido a que éste es un año electoral
(elecciones municipales) particularmente importante para el
presidente.
Los gastos del gobierno, que desde hace años crecen
más que el Producto Interno Bruto, sí constituyen un factor inflacionario.
Pero debido a la elección, ese factor no será tocado.
El peligro de un nuevo brote inflacionario en esas
condiciones, se vuelve bastante más concreto y amenazador. Y la simple
suba de los intereses sólo dará algún resultado, si es que lo da, después
de reducir el crecimiento económico. Fin