MEXICO, 29 abr (Xinhua) -- El gobierno mexicano
aceptó hoy un "diálogo directo" con el guerrillero Ejército Popular
Revolucionario (EPR), pero lo condicionó a que los rebeldes se comprometan
a suspender de forma definitiva acciones radicales y de violencia.
El secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño,
dijo en rueda de prensa que cualquier diferencia o conflicto debe
encontrar los canales institucionales para su discusión y eventual
solución en apego a la ley.
El EPR propuso la semana pasada un diálogo con
mediadores como el obispo emérito Samuel Ruiz, el periodista Miguel Angel
Granados Chapa, al escritor Carlos Montemayor, al antropólogo Gilberto
López y Rivas y la senadora izquierdista Rosario Ibarra.
El grupo llevó a cabo en 2007 varios actos de
sabotaje contra instalaciones petroleras después que en mayo de ese año
denunció la desaparición de dos de sus líderes: Edmundo Reyes Amaya y
Gabriel Alberto Cruz Sánchez.
Mouriño pidió "que no se condicione el diálogo al
interés del EPR sobre la presunta retención/desaparición de dos de sus
militantes, sino también a aquellos temas que interesan al Estado
mexicano", como la solución pacífica de conflictos.
Otra condición que puso el gobierno fue que haya un
diálogo directo con integrantes del EPR en el que los mediadores sean
"testigos sociales" y faciliten el diálogo.
Sin embargo, el gobierno advirtió que "el
establecimiento del diálogo no representa que el Estado abandone su
responsabilidad constitucional de cumplir y hacer cumplir la ley".
El funcionario precisó que "no cesarán las
investigaciones tanto para dar con las dos personas a las que se refieren
en sus comunicados como para actuar en contra de los responsables de los
atentados contra las instalaciones estratégicas de Pemex (Petróleos
Mexicanos) y otros actos delictivos que han sido denunciados".
El EPR surgió en 1996 en el sureño estado de
Guerrero, y en julio del año pasado hizo estallar varios artefactos en
instalaciones de Pemex en el centro del país, y repitió sus acciones en el
oriente mexicano.
Los atentados no dejaron víctimas, pero miles de
empresas de una decena de estados sufrieron entonces recortes en el
suministro de gas. Fin