RIO DE JANEIRO, 27 abr (Xinhua) -- La victoria del
ex obispo Fernando Lugo en las elecciones presidenciales de Paraguay puso
sobre la mesa del gobierno brasileño el problema del pago de la
energía de Itaipú, convertido por aquél en tema principal de su
campaña.
La inclusión del problema en la agenda mostró una
considerable diversidad de puntos de vista entre los integrantes del
gobierno y altos funcionarios del sector energético brasileños.
La primera reacción oficial fue precisamente la del
presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien estaba en Africa el día de la
victoria de Lugo y dijo a la prensa brasileña, sobre Itaipú, que
"tenemos un tratado, y éste será mantenido".
Mientras el presidente daba a entender que no había
nada que discutir, el ministro de Relaciones Exteriores, Celso Amorim,
ensayaba otro lenguaje, al admitir que Paraguay podría obtener una
remuneración adecuada por su energía, "porque eso es justo".
El centro de la cuestión es el tratado concluido
entre Brasil y Paraguay en 1973 para la construcción de la usina
hidroeléctrica binacional de Itaipú, hoy responsable por el 20 por ciento
de la energía usada en Brasil y el 95 por ciento de la utilizada en
Paraguay.
Con capacidad de generación de 14.000 megawatts
(MW), Itaipú es todavía - mientras no empiece a operar Tres Gargantas en
China- la mayor hidroeléctrica del mundo, cuya energía es dividida entre
los dos países.
De acuerdo con el tratado, vigente hasta 2023, la
electricidad que cualquiera de los dos no utilice será necesariamente
vendida al otro socio, nunca a terceros países. Y será pagada "al precio
de costo".
Actualmente, Paraguay utiliza solamente el 5 por
ciento de su parte en la energía, y vende el resto a Brasil, del que
recibe 45,31 dólares por MW como pago.
El problema es que de ese valor, 42,50 dólares son
previamente destinados al pago de los préstamos obtenidos para financiar
la obra, cuya amortización se extiende hasta 2023. Así, a Paraguay le
restan poco más de 340 millones de dólares al año.
Es precisamente contra ese parco dividendo que se
levantan los paraguayos, encabezados por su presidente electo, y utilizan
para ello argumentos a veces un poco exagerados.
"Si Brasil tuviese que sustituir la energía
paraguaya por gas natural o petróleo, tendría que gastar 8.000 millones de
dólares al año para pagarlo", dice el ingeniero Ricardo Canese, uno de los
principales asesores de Lugo.
Con base en ese argumento, propone "un valor
intermediario" entre los 8.000 millones que Brasil tendría que gastar y
los 340 que paga a su socio. "Como mínimo, unos 2.000 millones de
dólares", precisa.
El problema es que Brasil decidió construir Itaipu
precisamente para no tener que gastar aquella fortuna en combustible
fósil, y todo el financiamiento fue obtenido por Brasil, que es
responsable por las garantías y el pago.
En el otro extremo, el presidente de la Empresa de
Pesquisa Energética (EPE) de Brasil, Mauricio Tolmasquim, señaló que la
contribución de Paraguay a la obra fue "apenas el agua del río
Paraná".
Tanto es así, señalan los brasileños, que hasta para
integrar el capital de Itaipu Binacional, la empresa administradora de la
usina, el Banco de Brasil tuvo que prestar su parte (50 millones de
dólares) a los paraguayos, que no tenían esos recursos.
Por su parte, José Antonio Muniz Lopes, presidente
de Eletrobras, "holding" estatal del sector eléctrico, sostiene que el
tratado vigente es absolutamente justo, gracias a su "ingeniería
financiera correcta y feliz".
En su visión, cualquiera que sea la decisión del
gobierno sobre el tema, "los intereses de los accionistas privados de la
empresa no podrán ser perjudicados" con una eventual reducción de las
ganancias.
Mientras los "halcones" siguen sosteniendo que nada
debe ser cambiado en el tratado ni en la remuneración de la energía, que
está establecido en el documento, el canciller Amorim trata de elaborar
un camino alternativo.
Dando por sentado que el tratado no será
renegociado, admite que Brasil pueda ofrecer a Paraguay otras
compensaciones, como la construcción de una línea de transmisión hasta
Asunción, que le permita disponer de más energía que la actual.
Con mucha energía disponible, Paraguay podría
transformarse en un centro atractivo para industrias que utilizan
intensivamente electricidad, como la del aluminio, por ejemplo.
También ha mencionado la posibilidad de costear un
proyecto de navegabilidad del río Paraguay, útil para los dos países, que
insumiría alrededor de 1.000 millones de dólares.
De cualquier modo, todavía hay tiempo para sostener
conversaciones preliminares: el presidente Lugo asumirá su cargo
hasta agosto, y hasta allá se podrán discutir otras alternativas.
Fin