RIO DE JANEIRO, 27 abr (Xinhua) -- El alza
vertiginosa del precio del arroz -uno de los alimentos básicos de los
brasileños- en los supermercados, llevó al gobierno a suspender las
exportaciones estatales de ese grano.
Además, el gobierno propuso a los productores
nacionales una moratoria en las exportaciones hasta que se creen garantías
de que el mercado interno no quedará desabastecido en función de la
demanda externa.
"Queremos llegar a un acuerdo con el sector privado
que durará el tiempo que sea necesario para que tengamos la seguridad de
que no faltará arroz en Brasil", explicó el ministro de Agricultura,
Reinhold Stephanes.
En principio, el país no tiene problemas con la
producción de arroz. La cosecha de este año deberá ser de 11,9 millones de
toneladas para un consumo de poco más de 10,5 millones. Además, el
gobierno tiene reservas de 1,6 millones de toneladas.
Las reservas del gobierno se forman normalmente con
compras hechas a los productores para asegurar un precio mínimo, fijado y
garantizado por el gobierno.
Como la estructura de almacenamiento es precaria, al
cabo de un tiempo las reservas se exportan.
Ante el aumento de la demanda externa y los precios,
el gobierno brasileño ya había exportado unas 500.000 toneladas de
aquellas reservas. Esas son las ventas externas que efectivamente fueron
suspendidas, para usar los 1,1 millones restantes para bajar los
precios nacionales.
De cualquier forma, los productores tendrán un
excedente de 1,4 millones de toneladas con los que esperan hacer
excelentes negocios, ahora que los precios internacionales suben sin
parar.
Las razones para esa alza son varias. En el caso del
arroz, la principal es que grandes productores como China, India,
Indonesia, Malasia y Vietnam suspendieron sus ventas al exterior para
garantizar el abastecimiento interno.
Además, los especuladores internacionales están
utilizando los alimentos y otros "commodities" para crear escasez y alzas,
como ya venían haciendo con el petróleo, para compensar malos negocios en
el mercado de derivados.
En el caso del arroz, los precios en el mercado
interno respondieron rápidamente a la situación internacional: mientras
que en abril del año pasado un saco de 60 kilos (limpio) costaba 32
dólares, en el mismo mes de este año ya vale 39,5 dólares.
En los supermercados, los precios al consumidor para
paquetes de cinco kilos estaban esta semana en 4,82 dólares, con un
aumento de 33 por ciento sobre el mes anterior.
Según el presidente de la Bolsa de Géneros
Alimenticios de Río de Janeiro, José de Souza, la demanda por arroz
aumentó 50 por ciento en abril y, en consecuencia, los precios al por
mayor subieron 48 por ciento.
Frente a ese panorama, la propuesta del gobierno de
suspender las exportaciones y realizar subastas semanales con las reservas
para forzar la baja de los precios cayó como un balde de agua fría sobre
los productores.
"Nos quieren sacar el caramelo de la boca", protestó
el presidente de la Cámara Sectorial Nacional del Arroz, Francisco
Schardong.
"Restringir las exportaciones ahora sería un
desastre", le hizo eco el dirigente de la Federación de Cooperativas
Arroceras de Río Grande del Sur (el mayor productor nacional), André
Barbosa Barreto.
Aparentemente firme, el ministro Stephanes anunció
que a partir del 5 de mayo empezarán las subastas de las reservas
estatales, teniendo como base el precio de 17 dólares por saco de 60 kilos
(con cáscara).
Pero para apaciguar a los productores dijo que
todavía hay espacio para exportar, ya que las reservas del gobierno, al
entrar al mercado de consumo, dejarán 2,5 millones de toneladas libres
para la exportación.
La tradición brasileña indica que quien paga las
cuentas, al final de este tipo de conflictos, es el consumidor. Habrá que
esperar el inicio de las subastas para comprobar si, efectivamente,
los precios vuelven a bajar. Fin