LHASA, 18 abr (Xinhua) -- Como muchos tibetanos, Zhoigar, de 30 años, ha dado a su hija un nombre que significa "felicidad" y " longevidad". 

     Pero, a diferencia de las generaciones más antiguas, él ha  elegido caracteres chinos que no sólo tienen la misma  pronunciación del nombre tibetano sino que también reflejan su  significado en mandarín. 

     "El nombre de mi hija se pronuncia Cedain De'gyi, pero se  escribe en caracteres chinos como 'ci', que significa 'bondad', y  'dan', que quiere decir 'peonía', dice la madre de la pequeña. 

     Otro ejemplo, uno más completo. El hijo de Lhagba Cering, un  periodista tibetano, se llama Soi' nam Nyi'an. En tibetano, " Soi'nam" significa "buena suerte", y "Nyi'an", quiere decir "25".  La pronunciación de Nyi'an en mandarín tiene el sentido de, "eres  siempre seguro y sano". Cuando se usa el nombre abreviado, su  pronunciación se parece a la palabra inglesa "sunny". 

     "Espero que mi hijo sea un verdadero ciudadano global y su vida esté siempre llena con la luz del sol", explica Lhagba Cering. 

     Anteriormente, los tibetanos ordinarios adoptaban nombres  otorgados por los lamas, que utilizaban términos religiosos  comunes. 

     Nombres como "Doje", que significa "guardia del Buda, "Dainzin", que dice "maestro del Budismo", son muy típicos en la región, cuya cultura se mantiene diferente e independiente de otras partes de  China. 

     Aquellos padres que no estaban en condiciones de pagar por las  sugerencias de los lamas recurrían con frecuencia a nombres  informales para sus hijos. Como consecuencia, muchos niños eran  llamados "Dawa" (lunes), o "Migmar" (martes). 

     A otros se les daba el nombre de "Gyi'gyag" (excremento) o " Paga" (cachorro), pues las connotaciones peyorativas eran  consideradas como una bendición. 

     "Muchos creían que estos poco atractivos nombres ayudaban a  proteger a los niños de espíritus malignos", afirmó Gaisang Yexe,  especialista en costumbres folklóricas de la Academia de Ciencias  Sociales del Tíbet. 

     "En el antiguo Tíbet, muchos niños murieron a causa de la  pobreza y las inadecuadas instalaciones médicas. Pero sus padres  buscaban la explicación en fuerzas sobrenaturales", dijo el  experto. 

     En la actualidad, la mayoría de los niños tibetanos tienen  nombres más agradables y creativos, pese a que muchos padres  siguen recurriendo a los lamas para que les sugieran nombres  oficiales. 

     Los tibetanos también tratan de encontrar nombres únicos para  evitar el drama que ellos mismos han padecido, los tocayos, que  pueden contarse por miles. 

     Benba Cering tiene ese dolor de cabeza. "Nací en sábado y por  eso me llamaron Benba (sábado). Cering significa "longevidad". En  el Tíbet hay montones de Benba Cering. Cuando estaba en la escuela primaria, en mi clase había cuatro. Yo era el menor, por eso me  llamaban "Benba Cering número cuatro". 

     Un funcionario del departamento de educación de la región  también expresó su preocupación por los problemas que generan la  gran cantidad de homónimos, por ejemplo la posibilidad de entregar certificados de matrícula universitaria a una persona equivocada. 

     En el Tíbet de la antigüedad, sólo los aristócratas y los budas vivientes, que representaban el 5 por ciento del total de la  población, tenían apellidos. Es por eso que los nombres tibetanos  se escriben siempre completos, porque no siguen el patrón nombre- apellido. 

     Desde la abolición de la servidumbre en los años 50, muchos  tibetanos han cambiado su nombre como una reflexión del cambio de  su estatus social. Algunos más usan el lugar de nacimiento como  apellido, y en las zonas urbanas, los padres empiezan ya a dar  nombres a sus hijos destacando su parentesco. 

     "Los cambios en los nombres de los tibetanos demuestran el  progreso de la sociedad y el cambio de los tiempos", dijo Gaisang  Yexe, cuyo nombre, por cierto, quiere decir "alegría" y "sabiduría ". Fin