BEIJING, 13 abr (Xinhua) -- El relevo de la antorcha
olímpica para los juegos de Beijing en París el 7 de abril se vio
ensombrecido por una repugnante escena: un puñado de separatistas a
favor de la "independencia del Tíbet" se marcaron como objetivo la
portadora discapacitada china Jin Jing e intentaron varias veces quitarle
la antorcha, mientras que tres o cuatro manifestantes saltaron encima de
ella al mismo tiempo.
Estos repulsivos ataques sobre Jin, que iba sentada
en una silla de ruedas, despertaron la fuerte indignación de cualquier
persona con sentido de la justicia. El presidente del Comité
Olímpico Internacional (COI), Jacques Rogge, calificó estos actos de
"tristes" e "inaceptables".
La Declaración Universal de los Derechos Humanos,
aprobada por la Asamblea General de la ONU en 1948, dice que "Nadie debe
ser objeto de tortura o de tratamiento cruel, inhumano o degradante o
castigado."
El hecho de que los separatistas a favor de la
"independencia del Tíbet" hayan atacado incluso a una chica discapacitada
para trastornar el relevo de la antorcha muestra perfectamente la
verdadera naturaleza de que para hacer realidad sus motivos
políticos ocultos, son capaces de violar los derechos humanos sin
sentir el menor escrúpulo.
La Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano aprobada por la Asamblea Nacional de Francia en 1789 dice que
los ciudadanos deben disfrutar de libertad y derechos humanos con la
condición de que no rompan las leyes, y los violadores de estas
leyes deberán hacer frente a sus responsabilidades.
Al trastornar violentamente el relevo de la antorcha
olímpica, los separatistas a favor de la "independencia del Tíbet" no sólo
han violado los derechos humanos y la libertad de quienes esperaban
con pasión la llegada de la antorcha, sino que han puesto en peligro las
vidas de los portadores.
Como Rogge declaró, las manifestaciones violentas en
lugares como París privaron realmente a los deportistas y los ciudadanos
locales de su sueño olímpico.
Por ello, no es difícil para aquéllos con
pensamiento objetivo concluir que los actos de sabotaje de los
separatistas a favor de la "independencia del Tíbet" fueron severas
violaciones de los derechos humanos.
Al pregonar "derechos humanos" y "democracia", las
fuerzas a favor de la "independencia del Tíbet", encabezadas por el Dalai
Lama, han engañado a muchos occidentales sobre el asunto del Tíbet, e
incluso les han hecho llegar a la errónea conclusión de que el Dalai Lama
es un "protector de los derechos humanos" en el Tíbet.
En realidad, el Dalai Lama solía ser el jefe del
sistema de siervos que existía en el Tíbet hace décadas, que mezclaba
política y religión.
Estes sistema era la forma de democracia, libertad y
derechos humanos más oscura de la historia de la humanidad, en la que
todos los privilegios eran para los dueños de siervos.
Después de la fundación de la República Popular de
China en 1949, el sistema de siervos fue abolido en el Tíbet, lo que
posibilitó que millones de siervos recobraran su dignidad humana
y comenzaran a disfrutar de sus plenos derechos humanos.
Lo que el Dalai Lama y sus seguidores han soñado
durante mucho tiempo es restaurar su paraíso perdido en el Tíbet y volver
a poner grilletes a los tibetanos comunes.
Esta es en realidad la verdadera naturaleza
anti-derechos humanos de la camarilla del Dalai Lama, que alenta a los
separatistas a favor de la "independencia del Tíbet" a socavar la
estabilidad y la unidad de China, desacreditar a China ante todo el
mundo, e incluso sabotear el relevo de la antorcha olímpica por todos los
medios violentos posibles.
Jin, con su sonrisa risueña y su débil cuerpo,
defendió la dignidad de la antorcha olímpica, y se ganó el respeto tanto
de chinos como de extranjeros. En contraste, los actos de los
separatistas a favor de la "independencia del Tíbet" sólo ayudaron a
la gente a ver a través de sus feas caras.
Al igual que la camarilla del Dalai Lama no puede
engañar a los ciudadanos del mundo con su versión de los "derechos
humanos", sus intentos de sabotear las olimpiadas de Beijing y el relevo de
la antorcha están condenados al fracaso. Fin