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Violencia en estadio de Vélez deja heridos Por Esteban Mikkelsen Jensen
  31.03.2008 Actualizado a las 14:27:28
 

     BUENOS AIRES, 30 mar (Xinhua) -- La violencia volvió a golpear  al fútbol argentino, que sigue descontrolada y arraigada como el  peor de los cánceres, haciendo que la pasión por el deporte más  popular por estas tierras quede en segundo plano. 

     La sucesión de hechos motiva que se olviden crímenes que muy  probablemente serán impunes, como el de Emanuel Alvarez, el joven  de 21 años simpatizante de Vélez asesinado hace 15 días, del que  pareciera haber ocurrido hace una eternidad, hoy sin detenidos ni  sospechosos firmes. 

     Esta vez fue el turno de la barra brava de River Plate,  autodenominada "Los Borrachos del Tablón", cuya interna entre dos  facciones ya se cobró una vida en agosto del año pasado y siempre  es triste noticia por una peligrosidad extrema sin condena. 

     El estadio de Vélez fue esta tarde una gran oportunidad para  dar rienda suelta a la violencia, ya que ello no implica una  posterior sanción del "Monumental", que en 2007 fue suspendido en  dos ocasiones por la impunidad con que se manejan estos grupos de  choque de uno de los dos clubes más grandes del país. 

     Al menos ocho heridos y cuatro detenidos fue el resultado,  provisorio, que reportó la Policía. El más grave sufrió una grave  lesión en la cabeza y se debatía esta noche entre la vida y la  muerte, aunque oficialmente se informó que se trató de un  espectador que sufrió un ataque de epilepsia y se cayó de la  tribuna. 

     El pánico se apropió de los aficionados verdaderos del fútbol,  esos que juntan hasta la última moneda para pagar una entrada,  esos que ahora se replantean si vuelven a un espectáculo para  poner en riesgo su vida. 

     Los incidentes ocurrieron en plena tribuna, donde se vieron  cadenas, armas blancas y escenas de puñetazos y patadas que  asustan al más valiente. 

     La decisión de erradicar la violencia sigue en manos de la  dirigencia del fútbol, pero requiere la voluntad política de las  autoridades gubernamentales. La pregunta es: ¿Existe la intención? ¿O esa lucha no se impulsa porque no es conveniente dejar al  descubierto la complicidad? 

     El tiempo dará una respuesta, aunque reine una sensación de  escepticismo, de que todo se olvidará con rapidez hasta el próximo capítulo.