BUENOS AIRES, 30 mar (Xinhua) -- La violencia volvió
a golpear al fútbol argentino, que sigue descontrolada y arraigada como el
peor de los cánceres, haciendo que la pasión por el deporte más
popular por estas tierras quede en segundo plano.
La sucesión de hechos motiva que se olviden crímenes
que muy probablemente serán impunes, como el de Emanuel Alvarez, el joven
de 21 años simpatizante de Vélez asesinado hace 15 días, del que
pareciera haber ocurrido hace una eternidad, hoy sin detenidos ni
sospechosos firmes.
Esta vez fue el turno de la barra brava de River
Plate, autodenominada "Los Borrachos del Tablón", cuya interna entre dos
facciones ya se cobró una vida en agosto del año pasado y siempre es
triste noticia por una peligrosidad extrema sin condena.
El estadio de Vélez fue esta tarde una gran
oportunidad para dar rienda suelta a la violencia, ya que ello no implica
una posterior sanción del "Monumental", que en 2007 fue suspendido en
dos ocasiones por la impunidad con que se manejan estos grupos de
choque de uno de los dos clubes más grandes del país.
Al menos ocho heridos y cuatro detenidos fue el
resultado, provisorio, que reportó la Policía. El más grave sufrió una
grave lesión en la cabeza y se debatía esta noche entre la vida y la
muerte, aunque oficialmente se informó que se trató de un espectador
que sufrió un ataque de epilepsia y se cayó de la tribuna.
El pánico se apropió de los aficionados verdaderos
del fútbol, esos que juntan hasta la última moneda para pagar una entrada,
esos que ahora se replantean si vuelven a un espectáculo para poner
en riesgo su vida.
Los incidentes ocurrieron en plena tribuna, donde se
vieron cadenas, armas blancas y escenas de puñetazos y patadas que
asustan al más valiente.
La decisión de erradicar la violencia sigue en manos
de la dirigencia del fútbol, pero requiere la voluntad política de las
autoridades gubernamentales. La pregunta es: ¿Existe la intención? ¿O
esa lucha no se impulsa porque no es conveniente dejar al descubierto la
complicidad?
El tiempo dará una respuesta, aunque reine
una sensación de escepticismo, de que todo se olvidará con rapidez hasta
el próximo capítulo.