BEIJING, 29 mar (Xinhua) -- Los activistas y
miembros de los grupos de presión que participan en las conspiraciones
contra China pueden regodearse, pero sobre la base de un error, pensando
que han encontrado un punto flaco en China cuando los disturbios
tibetanos ocurrieron de manera dramática y fortuita en la recta
final hacia los Juegos Olímpicos de Beijing.
Hicieron llamamientos al boicot a la Olimpiada, con
la esperanza de hacer que China se rindiera ante sus exigencias,
pero aparentemente sobrestimaron su peso, a pesar de la influencia que
pensaban que podrían ejercer.
Estrechamente relacionado con los intereses
nacionales de China respecto a su integridad territorial, el Tíbet es un
asunto sobre el cual el gobierno nunca cederá, incluso si quienes apoyan
tal boicot consideran que los Juegos constituyen una oportunidad
histórica para presionar al país.
Los llamativos boicots se convertirán en
insignificantes en comparación con el aumento del apoyo del pueblo chino a
las medidas adoptadas por el gobierno para restaurar la estabilidad
en Lhasa y otras zonas de población tibetana, un apoyo del pueblo
que se puede observar en foros y páginas de internet.
Detrás de su respaldo se encuentra la determinación
inherente de la nación para proteger su soberanía.
Después de todo, perturbar el evento deportivo, una
excepcional ocasión para el mundo para disfrutar de un respiro temporal al
margen de los asuntos políticos, va contra la voluntad de la
mayor parte de la comunidad internacional y de los amantes del
deporte.
El Comité Olímpico Internacional (COI) ha reiterado
su oposición a la politización del evento, pero aún hay algunas
organizaciones o individuos que creen que su voluntad y poder
debe estar por encima de lo que establece la Carta Olímpica, en la que
se prohíben los actos políticos y la propaganda religiosa o racial.
La Olimpiada está en peligro de convertirse en rehén
político cuando algunos gobernantes condicionan su asistencia al evento de
Beijing a un diálogo entre el gobierno chino y el Dalai Lama, y
cuando ministros de algunos países manifiestan públicamente que
están "considerando" el boicot.
Sin embargo, se han equivocado románticamente, y han
ignorado la posición inalterable de China respecto al diálogo con el Dalai
Lama. Desoyeron a muchos países que mostraron su apoyo a China tras
los disturbios en Lhasa y a muchos jefes de Estado que reiteraron su
asistencia a los Juegos de Beijing 2008 este agosto.
También pusieron en riesgo su propia reputación
política cuando mostraron su apoyo a los participantes en los sangrientos
disturbios y sus seguidores, y se convirtieron en aliados de los
saboteadores de la cita deportiva.
Deben ser conscientes de que ni la presión ni el
boicot forzarán al gobierno chino a ceder ante las exigencias de los
secesionistas. Por el contrario, su transigencia con las actividades
separatistas sólo animará al Dalai Lama y sus seguidores a alejarse
todavía más de la mesa de negociación y hacer un mayor uso de la violencia
y el terror.
China espera que los Juegos aceleren el proceso
de apertura del país, pero rechaza cualquier chantaje político en nombre
del evento deportivo.