BEIJING, 27 mar (Xinhua) -- El vicepresidente
estadounidense, Dick Cheney, no ha logrado avances significativos en el
conflicto de Irak, el proceso de paz entre israelíes y palestinos ni la
crisis energética mundial durante su viaje de diez días a la
convulsa región de Oriente Medio, según analistas.
El viaje de Cheney, que incluyó visitas no
anunciadas a Irak y Afganistán, así como los destinos previstos de Omán,
Arabia Saudí, Israel y Cisjordania, "no producirá ningún resultado
significativo porque [el vicepresidente] no tiene nada que ofrecer", afirmó
Steven Simon, experto estadounidense en asuntos de Oriente Medio.
La visita, que concluyó el martes, ha sido
interpretada como una confensión de la continua preocupación de Estados
Unidos por la situación en la región, y no como una medida destinada a
conseguir objetivos tangibles.
TIMIDO RESPALDO A IRAK
El viaje de Cheney no ha logrado garantizar el
respaldo de las naciones árabes a Irak, de cuya invasión por parte de
Estados Unidos se acaban de cumplir cinco años.
El aniversario despertó las críticas de aquellos
contrarios a la invasión del 20 de marzo de 2005, en especial coincidiendo
con el aumento a 4.000 del número de soldados estadounidenses muertos
en la contienda.
Se cree que Cheney, uno de los ingenieros de la
guerra en un principio y uno de sus mayores defensores en la actualidad,
se ha embarcado en este viaje para conseguir respaldos a la política de
la Casa Blanca en el país árabe.
Estados Unidos desea que Arabia Saudí y otros
aliados árabes establezcan presencia diplomática en Irak y colaboren en la
reconstrucción de posguerra del país.
Un alto cargo estadounidense reveló bajo condición
de anonimato que el vicepresidente "intentará animar a los saudíes y a
otros países árabes para que continúen apoyando los esfuerzos de la
comunidad internacional para asistir a Irak".
Cheney también visitó el sultanato de Omán para
persuadir a sus autoridades de que confronten la influencia de Irán en
Irak, aunque se cree que la visita producirá un resultado casi nulo.
"Representa a un presidente incapacitado, una
economía que lucha para mantenerse a flote, una situación en la que
Estados Unidos, a pesar de todos sus esfuerzos en Irak, no puede
conseguir que el gobierno de Bagdad se consolide", indicó Simon, alto cargo
del Consejo de Relaciones Exteriores.
NINGUN AVANCE EN EL CONFLICTO
ISRAELO-PALESTINO
El primer ministro israelí, Ehud Olmert, y el
presidente palestino, Mahmoud Abbas, se comprometieron a finales del año
pasado durante la conferencia de Annapolis a trabajar para sellar un
acuerdo de paz antes de que el presidente estadounidense, George W. Bush,
abandone la Casa Blanca en enero de 2009.
Sin embargo, apenas se han conseguido avances en
esta conflictiva zona, en la que continúan la violencia y la
ampliación de los asentamientos israelíes en los territorios que Palestina
reclama para la creación de un futuro Estado.
El viaje de Cheney a Jerusalén y Cisjordania tenía
como objetivo subrayar el mensaje de las visitas realizadas por Bush
en enero y por la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, a
principios de este mes, en un nuevo empuje diplomático para que
prosigan las negociaciones de paz.
Jon Algerman, director del programa de Oriente Medio
en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, admitió que la
situación se ha deteriorado de forma notable.
En la actualidad, Israel negocia con el gobierno de
Abbas en Cisjordania a la vez que libra una sangrienta batalla contra los
militantes de Hamás en Gaza.
Edward Abbington, ex cónsul general de Estados
Unidos en Jerusalén y en la actualidad asesor de Abbas, afirmó que ni
israelíes ni palestinos están convencidos de que Cheney es un actor
integral del proceso de paz.
"Me dijeron que desconocían por qué Cheney venía a
reunirse con ellos", indicó Abbington, "los israelíes están más interesados
en lo que Cheney tiene que decir sobre Irán y en la bendición de los
ataques contra Gaza que en cualquier declaración sobre el proceso de
paz".
AUSENCIA DE COMPROMISO PARA UN AUMENTO DE LA
PRODUCCION DE CRUDO
La visita de Cheney a Arabia Saudí puso de
manifiesto la inestabilidad del mercado energético internacional, en el
que los precios del petróleo han experimentado un notable aumento que,
junto con la crisis inmobiliaria, ha asestado un duro golpe a la
economía estadounidense.
Washington desea que los países petroleros
incrementen su producción de crudo para conseguir contener la escalada de
los precios, pero el llamamiento de Bush en enero para que la OPEP
incremente su producción fue rechazado y las naciones
exportadoras decidieron mantener las actuales cuotas.
Cheney, del que se esperaba que ejerciera cierta
presión sobre esta cuestión, decidió acudir a Arabia Saudí en búsqueda de
este aumento de la producción, dado que se trata del único miembro de
la OPEP capaz de añadir al mercado cantidades significativas de
petróleo.
Sin embargo, Arabia Saudí no ha pronunciado ningún
compromiso, a pesar de la "satisfactoria y profunda" charla que
mantuvieron el vicepresidente estadounidense y el monarca saudí.
El resultado, según algunos analistas, era esperado,
dada la limitada capacidad de persuasión de Cheney para convencer a los
países del Golfo o de la OPEP de que incrementen su producción.
Fin