BEIJING, 24 mar (Xinhua) -- El mundo entero estará
viendo con los dedos cruzados, mientras algunos se lamentarán, cuando se
haga realidad el encendido de la llama olímipca el lunes en la antigua
ciudad de Olimpia, en Grecia.
Desde que Beijing fue elegida para convertirse en la
ciudad anfitriona de los XXIX Juegos Olímipcos, ha habido diversos
intentos de utilizar el evento para boicotear a China, bajo
cualquier justificación que sirva a los intereses de los adversarios
del país asiático, ya sea un asunto de África o una cuestión
nacional.
Cuando se acerca la ceremonia del encendido de la
llama olímpica y del relevo de la antorcha, un símbolo del inicio del
gran evento que organiza Beijing, esos esfuerzos se han hecho
evidentes con un grupo reducido de separatistas tibetanos y sus
partidarios proclamando en Atenas y en otras partes que impedirán el
relevo de la antorcha en el "techo del mundo".
El boicot es sólo una parte de la conspiración que
la camarilla del Dalai Lama ha formulado para utilizar las Olimpiadas con
el fin de presionar al gobierno chino y atraer la atención
internacional hacia sus intentos secesionistas.
La coincidencia de los recientes disturbios en Lhasa
y otras zonas chinas donde residen tibetanos ha demostrado la existencia
de un plan preparado por los seguidores del Dalai Lama.
Las declaraciones de ese monje político en apoyo de
los Juegos Olímpicos de Beijing han demostrado ser una mentira; sus
seguidores boicotearon el relevo de la antorcha y utilizaron la
violencia en Lhasa y otros lugares.
Desde finales de l970, el Dalai Lama y sus
partidarios, frustrados por los continuos éxitos diplomáticos de China,
han estado buscando plataformas para internacionalizar la cuestión
del Tíbet.
Sin embargo, su plan para sabotear el evento de
Beijing está condenado al fracaso; las Olimpiadas son una plataforma
internacional que no debe ser utilizada para disputas violentas o
políticas.
Su intento también pone en evidencia que los
partidarios del Dalai Lama, a pesar de denominarse a sí mismos como
budistas, son personas que podrían convertirse en radicales para servir a
motivos ocultos, incluso a costa de sacrificar los Juegos Olímpicos,
una ocasión para que el mundo promueva la paz, armonía y amistad entre los
pueblos.
El boicot al relevo de la antorcha olímpica y los
disturbios, no obstante, pueden ser tan sólo el comienzo de la
estratagema.
En el camino hacia la celebración de los Juegos, la
comunidad internacional, los verdaderos amantes del deporte y quienes se
oponen a la violencia deben estar preparados para que la farsa
continúe. Tienen que mostar su oposición a cualquier intento para
perjudicar la Olimpiada, puesto que esta cita no sólo pertenece a
Beijing y China, sino que es un evento internacional de carácter
solemne que no debería ser perturbado nunca por la política. Fin