BEIJING, 13 dic (Xinhua) -- Durante los 5.000 años
de historia que sustentan la civilización China, los intercambios
culturales del país asiático con el resto del mundo derivaron en la
difusión de productos como la seda, la porcelana o el té, así como en la
divulgación de los grandes inventos y avances tecnológicos de
este pueblo asiático y de sus grandes obras literarias, entre las que
destacan los canones confucianos y los clásicos de los albores de
esta civilización.
Los historiadores suelen
destacar cuatro momentos de auge en el intercambio cultural entre China y
el Mundo, correspondientes a las dinastías Han (-202, 220), Tang (618,
907), Yuan(1217, 1368) y la transición entre las eras Ming (1368, 1644) y
Qing (1644,1911).
LA RUTA DE LA SEDA
En una época de difíciles comunicaciones existía un
territorio en el que la cultura china, la india, la islámica y la griega
encontraron una vía de comunicación que duró siglos.
Se trata del conocido en la antigüedad china como
"Territorio del Oeste", en la actual región de Xingjiang, cuna de la Ruta
de la Seda, así lo señalan investigadores de la Academia de Ciencias
Sociales de China, en un artículo publicado en el diario chino El
Globo.
A pesar del fracaso de las dos misiones que el
emperador Wu ( 140 a.c.-135 a.c.), de la dinastía Han del Oeste (206 a.c-25
a.c), encomendó a Zhang Qian para unirse a los tocarios y combatir
contra los hunos, la maniobra sirvió para abrir de forma
inconsciente la Ruta de la Seda, primera vía de difusión de la
cultura china.
En la dinastía Han, la economía china experimentó un
auge colosal. Los bienes del imperio, con la seda como máximo
exponente, inundaron Asia Central y Occidental hasta llegar al Imperio
Romano.
A cambio de la valiosa seda china, el oro de Roma
entraba a granel en suelo Han hasta tal punto que un emperador romano se
vio obligado a prohibir que los hombres vistieran trajes
confeccionados con este tejido.
Junto con la seda, los avances técnicos de China
fluyeron hacia Occidente. La técnica de la fundición del hierro o de los
canales de riego son algunos ejemplos.
La Ruta de la Seda se convirtió en una importante
vía de exportación de la cultura china que a lo largo de los siguientes
milenios se configuró como un importante puente de intercambio
comercial entre China y el Exterior.
El té, el papel o los escritos chinos se extendieron
por el mundo coincidiendo con la llegada a China de hombres del mundo
del comercio, de la cultura y de la religión del exterior.
CHANG'AN, CAPITAL DEL MUNDO
En los trescientos años transcurridos entre los
siglos VII y IX de nuestra era, el máximo exponente cultural de la Tierra
se encontraba en Chang'an, capital de la dinastía Tang (618-907).
La actual llamada Xi'an presumía de ser la ciudad
más abierta y cosmopolita de su época, testigo de un dinámico diálogo
cultural entre China y el mundo.
La urbe se convirtió en residencia de gran número de
personas provenientes de otras tierras, entre ellos el rey persa Piroz y
su hijo Narses, que fallecieron en esta ciudad, e incluso el
emperador Xuanzong (712-756) empleó a 32 extranjeros como altos
mandos castrenses (en un momento concreto, el ejército llegó a estar
comandado por militares foráneos).
Chang'an era además el centro educativo de la época,
con más de 8.000 estudiantes de Japón y de los antiguos reinos coreanos de
Goguryeo, Baekje y Silla que conocieron de cerca el sistema
institucional y jurídico, la cultura y la tecnología del pueblo Tang
y los llevaron de vuelta a sus propios países.
Durante la próspera dinastía Tang, la industria y el
comercio experimentaron un importante desarrollo, la población vivía en
paz y el orden reinaba en la sociedad, lo que sentó las bases para un
gran florecimiento cultural.
El aperturismo de las políticas estatales, tanto
dentro como fuera del imperio, propiciaron el marco adecuado para la
difusión cultural, mientras que la estabilidad de los márgenes del vasto
imperio proporcionó una salvaguarda para la expansión exterior de la
cultura china.
Por estas razones, para el resto de reinos de la
época, la dinastía Tang adquirió una imparable fuerza que exportó de forma
pacífica su escritura, su sistema político, su arquitectura e
incluso sus costumbres a países como Japón, Corea y Vietnam.
( continúa)