WASHINGTON, 16 nov (Xinhua) -- El primer encuentro
oficial del presidente estadounidense, George W. Bush, con el nuevo primer
ministro de Japón, Yasuo Fukuda, celebrado el viernes en la Casa
Blanca, fortaleció la asociación estratégica entre ambas partes,
pese a que Fukuda puede no haber quedado del todo satisfecho con el
compromiso de Bush.
"Es una visita importante. La confirmación de que
nuestra alianza es vital para la paz y la seguridad", indicó Bush en una
conferencia de prensa posterior a su encuentro con Fukuda.
"Una de las cosas que hemos decidido es continuar
asegurándonos de que la relación entre Estados Unidos y Japón es la piedra
angular de la paz y la seguridad", apuntó.
Japón ha sido un aliado fundamental de Estados
Unidos en el Este de Asia desde la ocupación militar del país a finales de
la Segunda Guerra Mundial, en 1945. La visita de 26 horas de Fukuda,
que subió al poder en septiembre, ha vuelto a demostrar la relación
única entre ambos países.
Calificando a Estados Unidos de "un aliado, y el
único, para Japón", el veterano político nipón, de 71 años, precisó que
" acordamos que la alianza entre ambos países está desempeñando un
papel indispensable a la hora de permitir a EEUU y Japón afrontar
los asuntos internacionales de forma conjunta y proveer la base para
nuestra diplomacia activa en Asia".
Los analistas creen que excepto para sus discusiones
en los asuntos más controvertidos de Asia, Bush y Fukuda han estado
buscando garantías mutuas relativas a la resolución de los
asuntos más espinosos de sus relaciones bilaterales.
La administración Bush desea que Fukuda se
comprometa a impulsar la renovación de una ley ya expirada que permite a
los buques japoneses apoyar el suministro de combustible a las
fuerzas lideradas por EEUU en Afganistán.
Mientras, para Fukuda, sería un enorme éxito
alcanzar la promesa de Bush de que EEUU no retirará a la República Popular
Democrática de Corea (RPDC) de su lista de países que apoyan el
terrorismo hasta que Pyongyang no de cuentas de los secuestros de
ciudadanos japoneses registrados entre las décadas de los años
setenta y ochenta del siglo pasado.
En la cumbre, Bush obtuvo lo que quería del primer
ministro japonés. "Le comenté al presidente Bush que haré los mayores
esfuerzos posibles para la rápida aprobación de una ley que permita
a Japón reanudar lo antes posible su labor de apoyo a la misión de
abastecimiento de combustible en el Océano Indico", dijo Fukuda.
De todas formas, el comunicado de Bush respecto a la
petición japonesa relativa al secuestro de ciudadanos nipones por la RPDC
resultó un tanto ligero, y el presidente estadounidense se limitó a
decir que "no olvidaremos a los japoneses secuestrados, ni a
sus familias".
Algunos políticos y analistas en EEUU se encuentran
preocupados por el hecho de que si Washington hace oídos sordos a las
peticiones de Japón, Tokio pueda sentirse molesto.
"No podemos ignorar a los secuestrados y esperar
luego el apoyo de Japón", indicó el republicano Brad Sherman.
"Sería visto por muchos como una prueba de fuego
para la credibilidad de Estados Unidos, una prueba que EEUU no puede
permitirse fracasar un año después de que la RPDC probara sus armas
nucleares", indicó Michael Green, ex alto asesor de Bush en Asia.
Fin