BRASILIA, 3 nov (Xinhua) -- El
economista brasileño Renato Maluf, integrante del Consejo Nacional de
Seguridad Alimentaria y Nutricional (Consea) de Brasil, elogió hoy la
conferencia sobre hambre y pobreza que se realizó el mes pasado en
Beijing, capital de China.
La Conferencia Internacional Pasando a la Acción en
Favor de los que Sufren la Pobreza y el Hambre en el Mundo, dejó un saldo
muy positivo y reveló la riqueza de los enfoques que son adoptados en el
mundo para el combate a ese flagelo social, dijo en entrevista a
Xinhua el economista brasileño.
Maluf, coordinador del Centro de Referencia en
Seguridad Alimentaria de la Universidad Federal Rural de Rio de Janeiro,
viajó a Beijing para transmitir la experiencia de los programas sociales
brasileños y recoger las contribuciones de los participantes de
otros países.
El especialista brasileño utilizó esas aportaciones
como una referencia para evaluar y mejorar los esfuerzos nacionales, con
el fin de superar el problema de la desigualdad y la pobreza.
El profesor Maluf rescató la idea de que los grandes
países del mundo en desarrollo enfrentan desafíos semejantes y que la
adopción por parte de los gobiernos de políticas para resolver sus
problemas históricos crea condiciones para que todos aprovechen las
enseñanzas de lo que se está realizando.
La reunión en Beijing, promovida por el Instituto
Internacional de Investigación sobre Política Alimentaria (IFPRI, por sus
siglas en inglés), reunió a especialistas, representantes de organismos
internacionales y autoridades de diversos países para exponer el
estado de las investigaciones e intercambiar puntos de vista.
Los trabajos presentados en la conferencia mostraron
que el problema del hambre y la pobreza tiene ramificaciones diversas, con
miradas diferentes, tanto desde el punto de vista cultural como
económico y político, subrayó Maluf.
"Sin duda las contribuciones podrán ser de gran
utilidad para perfeccionar nuestro trabajo en Brasil", al comparar las
políticas nacionales de transferencia de renta con otras experiencias,
indicó.
Maluf dijo que faltó una mayor participación de las
organizaciones no gubernamentales, así como de una mayor atención a
la relación entre desigualdad y pobreza y los problemas del medio
ambiente.
El profesor destacó que la conferencia confirmó que
el combate a la pobreza en los grandes países tiene características
diferenciadas, principamente en tres aspectos principales
El primero de ellos es la actividad económica
doméstica, la cual es relativamente más importante que el comercio
exterior en comparación con países menores.
Esto implica que las políticas de dinamización
económica interna y la lucha contra la desigualdad económica son
componentes esenciales de una estrategia, mientras que en otros países el
énfasis se hace en las exportaciones.
El segundo aspecto es que los grandes países tienen
más capacidad institucional para implantar políticas, lo cual es un
desafío debido a que la creación de espacios institucionales de
participación social tienden a establecer más condicionamientos a las
políticas gubernamentales.
En la tercera, los grandes países tiene un impacto
regional muy grande, por tratarse de grandes polos de atracción, que en el
caso de China afecta al mundo entero.
En ese aspecto, el especialista de Brasil expresó su
decepción con la ausencia de Sudáfrica en la conferencia, otro de los
grandes países cuya experiencia en la lucha contra la desigualdad puede
ser de gran interés pero que no envió representantes.
Sobre la lucha contra el hambre en América Latina,
Maluf destacó que unos de los puntos más importantes en la Conferencia fue
tener en cuenta la velocidad de las transformaciones en la lucha contra la
desigualdad.
Como ejemplo citó los vertiginosos cambios que
ocurren en China, sobre los cuales fueron presentados muchos indicadores
sociales en el encuentro.
"La Conferencia dejó claro que América Latina es un
caso particular, un continente con desigualdades históricas muy
resistentes. Hay consenso de que en América Latina y Brasil existe
una mejora", puntualizó.
El especialista recordó que Brasil está entre los
países más desiguales del mundo, aunque sus avances hayan sido realzados
en la conferencia.
"En conjunto, América Latina necesita aún mucho
crecimiento pero también una revisión de los modelos de desarrollo para
que tengamos impactos sociales duraderos", señaló.
Ante la polémica sobre los impactos de la producción
de biocombustibles en la seguridad alimentaria, Maluf consideró que se
trata de un tema de gran importancia, y mencionó que si bien fue
tratado por algunos expositores, él hubiera preferido una sesión
especial de la Conferencia para discutirlo con el cuidado que
merece.
Brasil, líder mundial en la producción de etanol a
partir de la caña de azúcar, es un gran protagonista en ese campo. Desde
comienzos de año el gobierno brasileño inició una campaña
internacional junto a Estados Unidos para promover la producción y
el consumo de biocombustibles en todo el mundo.
Líderes latinoamericanos como el cubano Fidel Castro
y el presidente de Venezuela Hugo Chávez se sumaron al coro de críticos
por la utilización de alimentos que constituyen la base de la cadena
alimentaria de muchos países, como el maíz, para transformarlos en
combustibles.
De acuerdo con el representante del Consea, se trata
de un tema complejo. Por una parte el etanol producido a partir del maíz
repercute en el precio del cereal, sin embargo también se puede
afirmar que el aumento del precio agrícola del maíz puede favorecer
a algunos pequeños agricultores.
Según las autoridades brasileñas, la extración del
etanol de la caña de azúcar no generá impactos relevantes sobre la oferta
de alimentos en Brasil, posición que el profesor Maluf no comparte del
todo.
"Existen riesgos, sí. En el caso de la caña de
azúcar es muy importante la capacidad de regulación del Estado.
Especialmente en la Amazonia es urgente crear instrumentos para regular la
expansión de la frontera agrícola", aseguró Renato Maluf. Fin