BEIJING, 1 nov (Xinhua) -- La Ley Especial
Antiterrorista aprobada por el Parlamento japonés en octubre de 2001
expira hoy, por lo que el Ministerio de Defensa de Japón ordenará la
retirada de los efectivos de la Fuerzas Navales de Autodefensa (armada),
que hasta el momento han estado suministrando combustible a los
buques de Estados Unidos y otros países en el Océano Indico.
El apoyo logístico a las operaciones antiterroristas
dirigidas por Estados Unidos ha despertado la polémica entre los partidos
políticos japoneses, tal y como recoge el periódico chino Diario del
Pueblo en un artículo firmado.
De acuerdo con la ley de 2001, Japón ofrecería apoyo
a las operaciones militares de la coalición dirigida por EEUU contra
terroristas talibanes a través del suministro de combustible a
sus buques militares.
Sin embargo, poco después y al amparo de dicha ley,
el gobierno japonés desplegó a las Fuerzas de Autodefensa en una misión en
el extranjero, lo que significó un viraje en la política de Defensa
del país.
Durante los últimos seis años, la ley se ha
extendido tres veces en 2003, 2005 y 2006, pero debido a la situación
actual, es inevitable que Japón retire a sus efectivos y suspenda el
suministro de combustible para las operaciones militares
antiterroristas.
Debido a la oposición a dicha ley por parte de los
partidos de la oposición en el país asiático, sobre todo por parte del
Partido Democrático de Japón (PDJ), el gobierno japonés presentó el
pasado 17 de octubre un nuevo proyecto de ley simplificado de medidas
especiales antiterroristas.
Según este nuevo proyecto de ley, las Fuerzas
Navales de Autodefensa sólo podrán suministrar combustible y agua a los
barcos dedicados a la lucha contra el terrorismo, con la prohibición
explícita de apoyar a los buques destinados a otras actividades
militares.
La administración japonesa desea que este nuevo
proyecto sea aprobado en la actual sesión extraordinaria del Parlamento
que finaliza el 10 de noviembre, a pesar de que la Cámara Alta,
controlada por la oposición, podría rechazarlo.
De acuerdo con la Constitución nipona, incluso si el
proyecto de ley fuera rechazado en la Cámara Alta, podría entrar en vigor
si lograra la aprobación de dos tercios de los miembros de la Cámara
Baja.
Sin embargo, los analistas creen que el gobierno no
buscará el apoyo de la Cámara Baja en esta ocasión, puesto que según las
encuestas, el actual índice de popularidad del gabinete y del nuevo
proyecto es modesto.
Si la cámara baja forzara la aprobación de la ley,
el índice de popularidad continuaría cayendo y la oposición protagonizaría
una reacción aún más fuerte, lo cual podría obligar al primer
ministro japonés a disolver la Dieta (Parlamento) y convocar elecciones
anticipadas.
La formación gobernante, el Partido Liberal
Demócrata (PLD), sacudido por varios escándalos políticos, no quiere ni
oir hablar de elecciones anticipadas, por lo que el primer ministro, Yasuo
Fukuda, ha preferido mantener la discreción.
El 30 de octubre, Fukuda se reunió con el presidente
del PDJ, Ichiro Ozawa, para pedir el apoyo de la oposición a la extensión
de las tropas niponas, propuesta que fue categóricamente
rechazada por Ozawa.
A pesar de su discreción, el PLD no se quedará con
los brazos cruzados, sino que buscará una nueva oportunidad para obtener
la aprobación del nuevo proyecto de ley, que si no obtiene luz verde
este año, continuará discutiéndose el año próximo.
Tras mostrar su más sincera intención de resolver el
problema a través del diálogo y con el objetivo de escapar del actual punto
muerto, el partido gobernante podría criticar a la oposición por
ignorar los intereses del país, rechazar la cooperación
antiterrorista y perjudicar las relaciones con Estados Unidos, según
han resaltado algunos analistas.
Para muchos expertos, la polémica suscitada en Japón
a raíz de la Ley Especial Antiterrorista alcanzará su punto álgido en
noviembre. Fin