BEIJING, 30 oct (Xinhua) -- Para los europeos,
Turquía es, sin duda, un término delicado. Aunque la candidatura de Ankara
para formar parte de la Unión Europea (UE) se presentó hace ocho años
en la cumbre de Helsinki, siguen sin registrarse resultados notables
en las negociaciones para su adherencia al bloque.
La postura demostrada recientemente por el gobierno
francés no solo dificulta aún más el camino turco hacia la integración,
sino que también pone en tela de juicio la credibilidad de la propia
Unión.
Ahora, la posibilidad de una inminente incursión de
Turquía en el norte de Irak contra el Partido de los Trabajadores del
Kurdistán (PKK) ha puesto a los europeos, firmes opositores de
las intervenciones bélicas, en una coyuntura delicada.
Hasta el momento, la UE ha mostrado una posición
prudente en cuanto al despliegue de tropas turcas en la frontera con Irak,
tras lo que el presidente de la Comisión Europea, José Manuel
Barroso, abogó por una solución diplomática.
Asimismo, el comisario responsable de Ampliación de
la UE, Olli Rehn, instó a Turquía e Irak a cooperar en conformidad con los
principios del Derecho Internacional, al tiempo que expresó su
comprensión con la postura turca, destinada a amparar a sus
ciudadanos de los ataques de las fuerzas del PKK.
Durante la reunión de ministros de Defensa de la
Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que se celebró los
días 24 y 25 de octubre, la mayoría de los aliados europeos expresaron su
simpatía con Turquía, aunque se abstuvieron de ofrecer un apoyo
concreto.
Por su parte, el secretario general de la
organización atlántica, Jaap de Hoop Scheffer, trató el asunto con
evasivas y renunció a realizar demasiados comentarios.
Al parecer existen dos motivos que justifican lo que
puede ser considerado "un consentimiento tácito" de Europa, según recogió
el lunes un artículo firmado publicado por el rotativo chino Diario
del Pueblo.
En primer lugar, Estados Unidos, la UE y Turquía han
incluido al PKK en la lista de organizaciones terroristas, y todo tipo de
acción destinada a combatir el terrorrismo no puede someterse a
criticismo alguno.
En segundo lugar, la UE está poniendo numerosos
obstáculos a Ankara en su proceso de ingreso al bloque, por lo que ahora
los Veintisiete no pueden arriesgarse a empeorar las relaciones.
Europa conoce la naturaleza de la difícil decisión
que ha de adoptar Turquía. Según los analistas, las posibles operaciones
transferizas tendrán consecuencias tanto positivas como negativas.
En cuanto a las positivas, las acciones militares
pueden aliviar la presión de la opinión pública dentro del país y
fortalecer al mismo tiempo la presencia de Turquía en Irak, de modo
que cuando las tropas estadounidenses y británicas se retiren de éste
último, Ankara podrá ejercer una mayor influencia en el país vecino.
Lo más importante de todo esto es que, en última
instancia, Turquía podría impedir el establecimiento de un Estado
independiente kurdo en el norte de Irak y contener el movimiento
separatista kurdo en el sudeste de Turquía.
Respecto a las consecuencias negativas, la incursión
militar no sólo no logrará eliminar las fuerzas del PKK a corto plazo, sino
que además añadirá inestabilidad en el norte de Irak, hasta el punto
de poder ocasionar incluso un conflicto con Estados Unidos y el Reino
Unido.
Según los medios de comunicación, Turquía decidirá
si llevar a cabo o no acciones militares a gran escala después de la
visita que el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, realizará a Estados
Unidos el 5 de noviembre.
En cualquier caso, sea cual sea la decisión de
Turquía, ésta no afectará directamente a la UE, que a pesar de tener buena
voluntad, carece de energía después de años intentando resolver un
conflicto tan complejo como el de Oriente Medio.
No obstante, el diario británico Financial
News recogió recientemente en sus páginas que ya es imposible impedir que
las tropas turcas realicen una incursión en el norte de Irak para
poner fin a los ataques transferizos del PKK. En caso de que Ankara efectúe
una operación militar a gran escala, cabe esperar que Europa mantenga
su postura de consentimiento tácito.