BEIJING, 21 oct (Xinhua) -- Como una mano verde al
comando de una economía orientada hacia el mercado, al iniciar la reforma
a finales de los años 70, los líderes chinos se recordaron a sí
mismos la necesidad de "vadear el río buscando las piedras con
los pies". Ahora, tres décadas después de haberse adentrado en las
inciertas aguas, han arribado a un "megalito científico", el cual
esperan usar como plataforma teorética para afinar el desbocado
crecimiento del país.
La doctrina de la "concepción científica del
desarrollo" del líder chino Hu Jintao fue incorporada hoy domingo en los
Estatutos del Partido Comunista de China (PCCh) como una estrella polar
estratégica, la que predeciblemente creará una duradera moda
política en la cual funcionarios y periodistas no dudarán en
utilizar esa expresión cuandoquiera que lo consideren necesario.
De ninguna forma es exagerado consagrar la
concepción científica del desarrollo en un momento en el que China debe
enfrentar y superar el dilema de las crecientes preocupaciones
ambientales y sociales versus su rápido crecimiento económico.
Tres décadas contínuas de desarrollo no sólo han
creado un milagro económico en China, sino que también han llevado a un
caos ambiental como resultado de su elevadísimo consumo de energía y
la polución incontrolada, acompañados de una gran brecha en la
distribución de la riqueza. Los críticos advierten de que, de no ser
manejados correctamente, estos problemas podrán menoscabar la armonía
social y, de esta forma, amenazar el liderazgo del PCCh.
El cambio de estrategia desde un modelo orientado
hacia y por el Producto Interno Bruto (PIB) hacia la propuesta de la
concepción científica, la que subraya un desarrollo balanceado y
sostenible, también tiene lugar en respuesta a la siempre creciente
presión de la comunidad internacional, la que, aparte de competir
ferozmente con China, espera que ésta, como un poder en ascenso, tome su
debida porción de responsabilidad, ayudando a combatir el calentamiento
global y controlando su ya famoso superávit comercial.
Sería de esperar que la concepción científica del
desarrollo constituyera una "fórmula mágica" para solucionar estos
espinosos asuntos. Sin embargo, así como Roma no se construyó en un solo
día, el nuevo concepto de desarrollo está lejos de ser algo que pueda
ser cultivado sólo a través de las palabras.
Más que recibir una apasionada admiración verbal,
esta doctrina deberá ser cumplida con acciones concretas de los miembros y
funcionarios del Partido: ellos deben seguir el principio tanto
en política como a la hora de tomar decisiones en una fiel
reverencia a los Estatutos del Partido, su guía más autoritativa, en vez de
repetir su nombre como una simple y vacía forma de profesar
obediencia ante los líderes.
Aunque en los últimos años el liderazgo central ha
advertido frecuentemente sobre la necesidad de desarrollar la economía
local de una forma equilibrada y sostenible, la respuesta a esta
petición apenas si ha sido visible entre los funcionarios
locales, los cuales habitualmente se han preocupado más por los asuntos
económicos ignorando al mismo tiempo las consideraciones ambientales
y sociales, como resultado de décadas de estar embarcados en una loca
carrera por lograr un crecimiento del PIB cada vez más alto y
rápido.
Ciertamente la solución al dilema no puede depender
simplemente de un cambio de mentalidad. Para motivar a los funcionarios, el
país requiere de un nuevo mecanismo de evaluación de la gobernación
que ya no consagre el crecimiento del PIB local a expensas de todo lo
demás, y también de un marco legal con más " dientes".
Al liderazgo chino le tomó cerca de 30 años, en tres
generaciones, para, avanzando a tientas por el camino de la reforma,
llegar a la concepción científica del desarrollo.
Presumiblemente, para el Partido será igual de
sacrificante y demorado hacer un lavado de cerebro a todos sus 73 millones
de miembros con la nueva concepción.
Sin embargo, no parece haber razón para estar
excesivamente preocupados, pues la resolución del Partido para
reencauzarse por la ruta del concepto científico del desarrollo ha
demostrado que éste ha aprendido cómo gobernar el país bajo una complicada
situación nacional e internacional.
Ahora que los miembros del partido político más
grande del mundo se han embarcado, no sólo verbal sino literalmente por la
ruta científica, el siguiente paso para ellos deberá ser el de poner
en práctica un accionar que esté a la par de su elocuencia política.
Fin