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Una concepción para ser alabada con acciones
  21.10.2007 Actualizado a las 19:32:49
 

     BEIJING, 21 oct (Xinhua) -- Como una mano verde al comando de  una economía orientada hacia el mercado, al iniciar la reforma a  finales de los años 70, los líderes chinos se recordaron a sí  mismos la necesidad de "vadear el río buscando las piedras con los pies". Ahora, tres décadas después de haberse adentrado en las  inciertas aguas, han arribado a un "megalito científico", el cual  esperan usar como plataforma teorética para afinar el desbocado  crecimiento del país. 

     La doctrina de la "concepción científica del desarrollo" del  líder chino Hu Jintao fue incorporada hoy domingo en los Estatutos del Partido Comunista de China (PCCh) como una estrella polar  estratégica, la que predeciblemente creará una duradera moda  política en la cual funcionarios y periodistas no dudarán en  utilizar esa expresión cuandoquiera que lo consideren necesario. 

     De ninguna forma es exagerado consagrar la concepción  científica del desarrollo en un momento en el que China debe  enfrentar y superar el dilema de las crecientes preocupaciones  ambientales y sociales versus su rápido crecimiento económico. 

     Tres décadas contínuas de desarrollo no sólo han creado un  milagro económico en China, sino que también han llevado a un caos ambiental como resultado de su elevadísimo consumo de energía y la polución incontrolada, acompañados de una gran brecha en la  distribución de la riqueza. Los críticos advierten de que, de no  ser manejados correctamente, estos problemas podrán menoscabar la  armonía social y, de esta forma, amenazar el liderazgo del PCCh. 

     El cambio de estrategia desde un modelo orientado hacia y por  el Producto Interno Bruto (PIB) hacia la propuesta de la  concepción científica, la que subraya un desarrollo balanceado y  sostenible, también tiene lugar en respuesta a la siempre  creciente presión de la comunidad internacional, la que, aparte de competir ferozmente con China, espera que ésta, como un poder en  ascenso, tome su debida porción de responsabilidad, ayudando a  combatir el calentamiento global y controlando su ya famoso  superávit comercial. 

     Sería de esperar que la concepción científica del desarrollo  constituyera una "fórmula mágica" para solucionar estos espinosos  asuntos. Sin embargo, así como Roma no se construyó en un solo día, el nuevo concepto de desarrollo está lejos de ser algo que pueda  ser cultivado sólo a través de las palabras. 

     Más que recibir una apasionada admiración verbal, esta doctrina deberá ser cumplida con acciones concretas de los miembros y  funcionarios del Partido: ellos deben seguir el principio tanto en política como a la hora de tomar decisiones en una fiel reverencia a los Estatutos del Partido, su guía más autoritativa, en vez de  repetir su nombre como una simple y vacía forma de profesar  obediencia ante los líderes. 

     Aunque en los últimos años el liderazgo central ha advertido  frecuentemente sobre la necesidad de desarrollar la economía local de una forma equilibrada y sostenible, la respuesta a esta  petición apenas si ha sido visible entre los funcionarios locales, los cuales habitualmente se han preocupado más por los asuntos  económicos ignorando al mismo tiempo las consideraciones  ambientales y sociales, como resultado de décadas de estar  embarcados en una loca carrera por lograr un crecimiento del PIB  cada vez más alto y rápido. 

     Ciertamente la solución al dilema no puede depender simplemente de un cambio de mentalidad. Para motivar a los funcionarios, el  país requiere de un nuevo mecanismo de evaluación de la  gobernación que ya no consagre el crecimiento del PIB local a  expensas de todo lo demás, y también de un marco legal con más " dientes". 

     Al liderazgo chino le tomó cerca de 30 años, en tres  generaciones, para, avanzando a tientas por el camino de la  reforma, llegar a la concepción científica del desarrollo. 

     Presumiblemente, para el Partido será igual de sacrificante y  demorado hacer un lavado de cerebro a todos sus 73 millones de  miembros con la nueva concepción. 

     Sin embargo, no parece haber razón para estar excesivamente  preocupados, pues la resolución del Partido para reencauzarse por  la ruta del concepto científico del desarrollo ha demostrado que  éste ha aprendido cómo gobernar el país bajo una complicada  situación nacional e internacional. 

     Ahora que los miembros del partido político más grande del  mundo se han embarcado, no sólo verbal sino literalmente por la  ruta científica, el siguiente paso para ellos deberá ser el de  poner en práctica un accionar que esté a la par de su elocuencia  política. Fin