Por Zuo Yuanfeng y Yu Zheng
BEIRUT, 29 ago (Xinhua) -- El teniente coronel Du
Zhaoyu murió lejos de casa, en un atentado israelí en Líbano, mientras que
su esposa y su hijo de un año permanecían en China.
Du era uno de los 344 militares chinos vinculados a
las Fuerzas Interinas de la Organización de Naciones Unidas en Líbano
(UNIFIL, siglas en inglés), las cuales están desplegadas a lo largo de la
" Línea Azul", los 121 kilómetros de frontera que separan a Líbano
e Israel.
Las fuerzas de paz chinas estaban aquí para ubicar y
desactivar minas antipersonales, detonar bombas, y ofrecer ayuda
humanitaria. Sin embargo, sus integrantes fueron sorprendidos por la guerra
que estalló el 12 de julio de 2006. Du murió en el decimotercero día
del conflicto.
"Nuestra base estaba completamente inmersa entre el
fuego de las dos fuerzas", recordó Tang Jun, de 29 años. Más de 13.500
bombas cayeron a menos de 2.500 metros del batallón, dijo.
"Una de las bombas explotó a sólo 50 metros de
nosotros, y pulverizó todos los vidrios del autobús", dijo, por su parte,
Liu Su, jefe de una unidad de gendarmería que ha escoltado refugiados
hacia áreas de evacuación varias veces.
Los efectivos también mencionaron que un rocket
golpeó su base el 6 de agosto del año pasado, hiriendo a tres soldados.
"Es como si estuvieramos luchando contra el dios de la muerte todos los
días", agregó Li Yongming, comandante de una compañía anti-minas.
Bajo las llamas de la guerra, las fuerzas de paz
chinas han despejado 1.508.000 metros cuadrados de campos minados y
desenterrado más de 7.000 bombas y minas sin sufrir heridas o
bajas.
Además, el batallón de ingeniería detonó 287 bombas
y reparó más de 160 kilómetros de vías para la seguridad de 10.000
refugiados.
DE LAS PEDRADAS A LOS ABRAZOS
Las labores de los soldados chinos les han permitido
ganarse la simpatía de los residentes locales. Ahora, cada vez que pasan
por una aldea, la gente sale sonriente a saludarlos. Asimismo,
dondequiera que las tropas estén realizando trabajos, los lugareños
se acercan con alimentos y refrescos para hacer más soportables sus
jornadas.
Un hombre de 78 años preparó café para el grupo de
militares que trabajaba cerca de su casa, e incluso abrazó al operario de
una excavadora.
"Nunca había abrazado a alguien que no fuera de mi
familia. ! Pero hoy no he dudado en abrazar a un amable soldado chino!",
dijo emocionado el anciano.
Antes no era así.
Diferentes facciones religiosas y políticas del
Líbano tienen opiniones disímiles sobre las fuerzas de paz de la ONU. Las
tropas estaban acostumbradas a recibir pedradas en vez de sonrisas y
abrazos.
"Esto se debe a que nuestro ejércitio se empeña en
servirle a la gente, aún cuando estamos en el exterior. Este propósito no
ha cambiado", dijo Luo Fuqiang, jefe de un batallón anti-minas.
Empezaron con la simple aplicación de las buenas
maneras, como sonreir y saludar a la gente. Cada día los habitantes fueron
aprendiendo más y más palabras en chino, al tiempo que la hostilidad
inicial fue desapareciendo.
Ahora los soldados chinos entran sin problemas a
varias aldeas y juegan con los niños, sin temer ningún tipo de acción
negativa.
"Mientras los sigamos tratando con amabilidad, ellos
nos corresponderán de la misma forma", dijo Luo.
Un día, mientras operaba como escolta, Luo empujó
cinco niños al suelo y los cubrió con su cuerpo para protegerlos de un
misil que cayó cerca.
Cuando un colega extranjero le preguntó si creía que
los chicos lo recordarían, Luo le respondió: "Puede que no sepan mi nombre
de memoria, pero creo que la palabra 'China' permanecerá en sus
mentes. De allí es de donde proviene mi batallón".
RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL
Liderados por Zhang Zhongchang, comandante de una
compañía de ingenieros a cargo del mantenimiento de obras, 24 soldados
chinos terminaron la labor de construir instalaciones de defensa en los
cuarteles de la UNIFIL en una semana, tres días antes de lo
programado.
Zhang dijo que nunca pensó que lo premiarían por
hacer "lo que se debe hacer", hasta cuando el comandante de la fuerza, el
general Claudio Graziano, puso en su pecho un medallón especial
de bronce con la firma del comandante grabada sobre él.
El 1 de octubre del año pasado, cuando se conmemoró
el Día Nacional de China, 182 miembros del batallón, incluyendo a Zhang,
fueron condecorados con medallas de las fuerzas de paz de la ONU por
su sobresaliente contribución a la misión.
"Aprecio mucho sus esfuerzos y espero que cada uno
de ustedes siga trabajando duro como hasta ahora en el futuro", dijo
Graziano a los soldados chinos.
Ellos fueron los primeros integrantes de las fuerzas
de paz en recibir dicha condecioración entre más de 13.000 soldados de 30
países en la UNIFIL.
Después del relevo de personal, a cominzos de 2007,
a los recién llegados sólo les tomó tres meses convertirse en la
primera tropa en pasar la nueva prueba de campo de batalla, en la que
deben superar diferentes obstáculos y situaciones que simulan las
condiciones de un área en conflicto.
Durante sus ratos libres, los miembros del batallón
recopilaron, en menos de seis meses, un libro de 350.000 caracteres chinos
sobre el procedimiento regular para desactivar y remover minas, y el
texto pasó la autenticación internacional favorablemente.
"La fuerza de paz de China es reconocida
internacionalmente por el nivel de sus logros, su positiva y activa actitud
de trabajo, y también por su dedicación", dijo Allan Pellegrini, antiguo
jefe del comando de la UNIFIL.
En junio pasado, el teniente coronel Du Zhaoyu fue
condecorado póstumamente con la medalla Dag Hammarskjold en la sede de la
ONU.
Ahora, dos velas, dos botellas de licor destilado, y
un plato con papas son todo lo que queda frente a la tumba de este héroe
chino en las ruinas dejadas por el ataque en el que perdió la vida.
Gracias a él y a sus compañeros de misión, 40 de los
120 kilómetros de la "Línea Azul" ya han sido moldeados, y la paz,
después de todo, parece estar asomándose en el horizonte. Fin