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Fuerzas de paz de China en el Medio Oriente se ganan el honor con sus vidas
  29.08.2007 Actualizado a las 16:48:04
 

     Por Zuo Yuanfeng y Yu Zheng  

     BEIRUT, 29 ago (Xinhua) -- El teniente coronel Du Zhaoyu murió  lejos de casa, en un atentado israelí en Líbano, mientras que su  esposa y su hijo de un año permanecían en China. 

     Du era uno de los 344 militares chinos vinculados a las Fuerzas Interinas de la Organización de Naciones Unidas en Líbano (UNIFIL, siglas en inglés), las cuales están desplegadas a lo largo de la " Línea Azul", los 121 kilómetros de frontera que separan a Líbano e Israel. 

     Las fuerzas de paz chinas estaban aquí para ubicar y desactivar minas antipersonales, detonar bombas, y ofrecer ayuda humanitaria. Sin embargo, sus integrantes fueron sorprendidos por la guerra que estalló el 12 de julio de 2006. Du murió en el decimotercero día  del conflicto. 

     "Nuestra base estaba completamente inmersa entre el fuego de  las dos fuerzas", recordó Tang Jun, de 29 años. Más de 13.500  bombas cayeron a menos de 2.500 metros del batallón, dijo. 

     "Una de las bombas explotó a sólo 50 metros de nosotros, y  pulverizó todos los vidrios del autobús", dijo, por su parte, Liu  Su, jefe de una unidad de gendarmería que ha escoltado refugiados  hacia áreas de evacuación varias veces. 

     Los efectivos también mencionaron que un rocket golpeó su base  el 6 de agosto del año pasado, hiriendo a tres soldados. "Es como  si estuvieramos luchando contra el dios de la muerte todos los  días", agregó Li Yongming, comandante de una compañía anti-minas. 

     Bajo las llamas de la guerra, las fuerzas de paz chinas han  despejado 1.508.000 metros cuadrados de campos minados y  desenterrado más de 7.000 bombas y minas sin sufrir heridas o  bajas. 

     Además, el batallón de ingeniería detonó 287 bombas y reparó  más de 160 kilómetros de vías para la seguridad de 10.000  refugiados. 

     DE LAS PEDRADAS A LOS ABRAZOS 

     Las labores de los soldados chinos les han permitido ganarse la simpatía de los residentes locales. Ahora, cada vez que pasan por  una aldea, la gente sale sonriente a saludarlos. Asimismo,  dondequiera que las tropas estén realizando trabajos, los  lugareños se acercan con alimentos y refrescos para hacer más  soportables sus jornadas. 

     Un hombre de 78 años preparó café para el grupo de militares  que trabajaba cerca de su casa, e incluso abrazó al operario de  una excavadora. 

     "Nunca había abrazado a alguien que no fuera de mi familia. ! Pero hoy no he dudado en abrazar a un amable soldado chino!", dijo emocionado el anciano. 

     Antes no era así. 

     Diferentes facciones religiosas y políticas del Líbano tienen  opiniones disímiles sobre las fuerzas de paz de la ONU. Las tropas estaban acostumbradas a recibir pedradas en vez de sonrisas y  abrazos. 

     "Esto se debe a que nuestro ejércitio se empeña en servirle a  la gente, aún cuando estamos en el exterior. Este propósito no ha  cambiado", dijo Luo Fuqiang, jefe de un batallón anti-minas. 

     Empezaron con la simple aplicación de las buenas maneras, como  sonreir y saludar a la gente. Cada día los habitantes fueron  aprendiendo más y más palabras en chino, al tiempo que la  hostilidad inicial fue desapareciendo. 

     Ahora los soldados chinos entran sin problemas a varias aldeas  y juegan con los niños, sin temer ningún tipo de acción negativa. 

     "Mientras los sigamos tratando con amabilidad, ellos nos  corresponderán de la misma forma", dijo Luo. 

     Un día, mientras operaba como escolta, Luo empujó cinco niños  al suelo y los cubrió con su cuerpo para protegerlos de un misil  que cayó cerca. 

     Cuando un colega extranjero le preguntó si creía que los chicos lo recordarían, Luo le respondió: "Puede que no sepan mi nombre de memoria, pero creo que la palabra 'China' permanecerá en sus  mentes. De allí es de donde proviene mi batallón". 

     RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL 

     Liderados por Zhang Zhongchang, comandante de una compañía de  ingenieros a cargo del mantenimiento de obras, 24 soldados chinos  terminaron la labor de construir instalaciones de defensa en los  cuarteles de la UNIFIL en una semana, tres días antes de lo  programado. 

     Zhang dijo que nunca pensó que lo premiarían por hacer "lo que  se debe hacer", hasta cuando el comandante de la fuerza, el  general Claudio Graziano, puso en su pecho un medallón especial de bronce con la firma del comandante grabada sobre él. 

     El 1 de octubre del año pasado, cuando se conmemoró el Día  Nacional de China, 182 miembros del batallón, incluyendo a Zhang,  fueron condecorados con medallas de las fuerzas de paz de la ONU  por su sobresaliente contribución a la misión. 

     "Aprecio mucho sus esfuerzos y espero que cada uno de ustedes  siga trabajando duro como hasta ahora en el futuro", dijo Graziano a los soldados chinos. 

     Ellos fueron los primeros integrantes de las fuerzas de paz en  recibir dicha condecioración entre más de 13.000 soldados de 30  países en la UNIFIL. 

     Después del relevo de personal, a cominzos de 2007, a los  recién llegados sólo les tomó tres meses convertirse en la primera tropa en pasar la nueva prueba de campo de batalla, en la que  deben superar diferentes obstáculos y situaciones que simulan las  condiciones de un área en conflicto. 

     Durante sus ratos libres, los miembros del batallón recopilaron, en menos de seis meses, un libro de 350.000 caracteres chinos  sobre el procedimiento regular para desactivar y remover minas, y  el texto pasó la autenticación internacional favorablemente. 

     "La fuerza de paz de China es reconocida internacionalmente por el nivel de sus logros, su positiva y activa actitud de trabajo, y también por su dedicación", dijo Allan Pellegrini, antiguo jefe  del comando de la UNIFIL. 

     En junio pasado, el teniente coronel Du Zhaoyu fue condecorado  póstumamente con la medalla Dag Hammarskjold en la sede de la ONU. 

     Ahora, dos velas, dos botellas de licor destilado, y un plato  con papas son todo lo que queda frente a la tumba de este héroe  chino en las ruinas dejadas por el ataque en el que perdió la vida. 

     Gracias a él y a sus compañeros de misión, 40 de los 120  kilómetros de la "Línea Azul" ya han sido moldeados, y la paz,  después de todo, parece estar asomándose en el horizonte. Fin