BEIJING, 28 may (Xinhua) -- Este lunes
se celebra una reunión histórica entre Estados Unidos e Irán, en el que
ambas partes analizarán la volátil situación en Irak.
Al histórico encuentro lo preceden sendas visitas
del vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, y del presidente
iraní, Mahmud Ahmadineyad a diferentes países de la región, lo que ha
convertido a ambos mandatarios, conocidos por sus respectivas
férreas posturas, y a las consecuencias de su paso por las naciones
de la región en el centro de atención de todo el mundo.
La gira regional del vicepresidente Cheney incluyó a
Irak, los Emiratos Arabes Unidos, Arabia Saudí, Egipto y Jordania, y su
contexto vino definido por toda una serie de circunstancias.
Por una parte, la decisión de Washington de
incrementar su presencia militar en Irak no ha dado resultados, la
situación de inseguridad en el país árabe continúa degradándose, las bajas
dentro de las filas estadounidenses siguen creciendo y el
Congreso está exigiendo de forma cada vez más persistente una retirada de
las tropas.
Asimismo, Estados Unidos considera que las naciones
árabes no están dispuestas a respaldar al Gobierno iraquí, después de que
incluso el rey Abdalah Bin Abdul Aziz, de Arabia Saudí, declarara
que el Ejército estadounidense "ha ocupado Irak de forma ilegal".
Por otra parte destaca el contencioso nuclear de
Irán, cuyo poder de influencia desean contener tanto la Casa Blanca como
las naciones árabes, que además coinciden en la necesidad de evitar
que la república islámica se haga con armamento nuclear.
No obstante, el mundo árabe se opone a una posible
intervención militar de Estados Unidos en Irak, ante la preocupación de que
la situación de la región del Golfo se deteriore, y las naciones
islámicas insisten en el diálogo directo entre Washington y Teherán
para solucionar las diferencias.
En definitiva, el viaje de Cheney ha estado
protagonizado por Irak e Irán, y su principal objetivo ha radicado en
recabar el apoyo de los aliados de Estados Unidos en la región para que
respalden al Gobierno de Bagdad y para que se reafirmen en su
postura, consensuada con Washington, respecto a la polémica nuclear
iraní.
Ahmadineyad, por su parte, visitó los Emiratos
Arabes Unidos y Omán, con el objetivo de reforzar los vínculos bilaterales
y disipar el recelo de las naciones de la región respecto a las
actividades nucleares de Teherán.
La finalidad de este último viaje del mandatario
iraní fue la de reforzar la confianza mutua en la región y evitar que
Estados Unidos construya una red de opositores a Irán en Oriente
Medio.
En medio de un escenario en el que los conflictos
sectarios se están viendo reforzados en la región, a los que también se
suman los asuntos del Líbano y de los territorios palestinos, algunos
países como Jordania, Arabia Saudí y Egipto han incrementado sus
críticas a Irán, al tiempo que han crecido los recelos respecto a
las ambiciones nucleares de éste último.
Estos países han fortalecido su cooperación regional
que apunta a Irán, y cada uno de ellos está desarrollando sus propios
programas nucleares.
Es por esto que la mejora de las relaciones con los
países de la región, el fortalecimiento de la confianza y la eliminación
del recelo y del sentimiento de rechazo a Irán se han convertido en
una necesidad imperiosa para Teherán.
En marzo de este año, Ahmadineyad visitó Arabia
Saudí, donde alcanzó un entendimiento con Riad acerca de diferentes
problemas del mundo islámico, como los territorios palestinos y el
Líbano.
Irán y los Emiratos Arabes Unidos mantienen algunas
disputas territoriales, no obstante, en los últimos años, ambos países han
gozado de unas relaciones económicas prolíficas, con un comercio
bilateral que se cifra en 20.000 millones de dólares y con decenas de
miles de ciudadanos iraníes que trabajan o realizan actividades comerciales
en el país vecino.
Abu Dhabi espera convertirse en el centro económico
de la región, por lo que no le interesa que continúe la tensión en
torno a las actividades nucleares de Irán, lo que supondría una amenaza
que desestabiliza la zona y que incluso puede resultar en un
conflicto armado.
Por su parte, Irán desea aprovechar todo lo anterior
para ganarse de forma consciente a los Emiratos Arabes Unidos como
país aliado.
Durante la visita del presidente iraní, ambas partes
decidieron establecer una comisión mixta bilateral para fortalecer sus
relaciones económicas.
Por otra parte, las relaciones entre Irán y Omán han
sido siembre buenas y ambos países presentan posturas cercanas en
diferentes cuestiones regionales e internacionales.
Con motivo de la visita de Ahmadineyad, ambas partes
aprovecharon para firmar numerosos acuerdos de cooperación en
materia energética.
En cuanto a la estabilidad de la región del Golfo y
las preocupaciones acerca de la seguridad regional y del desarrollo
nuclear, Ahmadineyad reiteró su deseo de suscribir un tratado de
cooperación en materia de seguridad con los países de la región.
En lo referente a Egipto, el único país árabe con el
que Teherán no tiene relaciones bilaterales, Ahmadineyad declaró que
tan pronto como El Cairo dé su consentimiento, la diplomacia
bilateral entre ambas naciones será restituida.
Las giras de Cheney y Ahmadineyad por Oriente Medio
constituyen en realidad un nuevo enfrentamiento entre Washington y Teherán
sobre sus diferencias respecto al programa nuclear iraní y otras
cuestiones de índole internacional.
En lo que va de año, todas las delegaciones
estadounidenses que han pasado por la región han tenido a Irak e Irán como
temas principales, no obstante, los frutos cosechados han sido
escasos.
En lo que a las perspectivas del encuentro
entre Estados Unidos e Irán se refiere, si bien la comunidad internacional no
se ha mostrado demasiado optimista, lo cierto es que si tenemos
en cuenta que la Administración Bush siempre ha descartado en el
pasado la posibilidad de entablar diálogo directo con Teherán, el hecho de que
el encuentro tenga lugar supone ya una victoria en cierto modo.